Ante la violencia y la inseguridad ¿Milagros y ficción?

Publicado: julio 5, 2011 en Política, Televisión

Cuando las instituciones encargadas de procurar la justicia y la seguridad fallan, cuando a nivel social prevalece la violencia y el miedo provocados por la “guerra contra el narcotráfico” desde la pantalla televisiva se están construyendo respuestas y representaciones ficcionales que ante este complicado panorama ofrecen rezos y milagros como una forma instantánea de cambiar la realidad.

Tanto La rosa de Guadalupe (Televisa) como A cada quien su santo (Tv Azteca) han abandonado las historias rosas o románticas que antes les eran encomendadas a las figuras religiosas para anclar sus nuevos “milagros” en temas sociales que giran en torno a la inseguridad, el narcotráfico, la drogadicción, la prostitución y la pornografía.

La ficción, desde estos dramatizados unitarios, está tomando partido de las problemáticas sociales para construir/producir una representación más esperanzadora de la realidad de los televidentes que las miran, aunque esto no se haga para generar una postura crítica o proactiva respecto a ella.

Lo que en estos programas se está materializando es un fuerte discurso religioso (de corte católico) que se presenta ante los ojos de los televidentes como la única vía “real” para solucionar sus miedos e inseguridades. En este discurso, la ciudadanía y sus posibles acciones quedan desdibujadas ante las deslumbrantes acciones religiosas que personificadas en la “Virgen de Guadalupe” o en algún “Santo” son capaces de cambiar actitudes, problemas y situaciones sociales.

En estos programas, también las instituciones sociales y políticas se desmoronan ante los ojos de unos personajes de ficción que encuentran en la religión católica a la única institución social que permanece “estoica” en medio de tanta inseguridad y corrupción. Por ello, sólo basta que algún personaje de La rosa de Guadalupe ó A cada quien su santo decida dejar en sus manos cualquier problema para que éste encuentre una solución donde no importa que la problemática social prevalezca si la “situación personal” se soluciona.

Pero lo que preocupa más de este tipo de ficción es que la “realidad que dicen resolver”, ya no es del todo ficticia, pues cada vez más se vincula a problemas o desgracias reales, como: los feminicidios  en Ciudad Juárez y el Estado de México; el incendio de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora; las arteras agresiones a jóvenes dentro de Centros de Rehabilitación, fiestas o centros deportivos en Ciudad Juárez; los narcobloqueos y narcomantas de Monterrey; los actos de corrupción entre la policía y el narcotráfico en Michoacán; el tráfico de migrantes centroamericanos en el sur del país; y las recientes manifestaciones sociales contra la violencia.

El problema de estas representaciones es que su inclusión en la ficción no sólo está descontextualizada (más allá de que ambos programas inserten en sus capítulos pequeños fragmentos de las noticias que generaron sus empresas respecto al tema que ahí se trate), sino que su adaptación separa al problema de sus génesis. Es decir, supone que la inseguridad o el narcotráfico son problemas aislados que afectan a unos pocos o, peor aún, que los problemas se disuelven cuando la Virgen de Guadalupe hace aparecer una “rosa blanca” o algún Santo desaparece la maldad.

Una vez cumplido el milagro o una vez entendida la lección religiosa, parece que el castigo social se disuelve, pues la “aplicación de la ley” no es un asunto de hombres ¿Qué implicaciones tiene esto? ¿Se quiere sugerir que lo único que nos queda como ciudadanos/televidentes es esperar algún milagro? ¿O qué intensiones hay detrás de esta proyección de esperanza ficcional?

No es algo nuevo el vínculo entre las empresas televisivas y la Iglesia Católica, pues parte de sus modelos de producción y, en consecuencia, su forma de representar la realidad han estado apegados a sus preceptos. Lo que sí está siendo novedoso con estos programas es que esta relación pretenda generar desde las pantallas un panorama social más alentador en donde lo importante no es la capacidad de acción ciudadana sino la devoción y la fe de los televidentes.

Actitudes éstas que no sólo encuentran una salida y materialización en la ficción televisiva sino que además nutren la nueva campaña donde Televisa promueve el “turismo religioso” como una forma de mostrar nuestras tradiciones. ¡Qué casualidad que esta serie de spots inició con el Señor del Cerrito en Jiquipilco, Estado de México! Población donde antes de las elecciones se apareció la Virgen de Guadalupe en un espectacular con la leyenda “¿Y ella por quién votará?”.

Lo criticable aquí es que se “explote” el alto valor cultural que la religión tiene en México para generar “expectativas” mediante las cuales las televisoras no sólo buscan generar rating, a expensas de la inseguridad social o la política, sino que también pretenden extender el mensaje esperanzador que en sus noticieros ya construyen respecto a la fallida guerra contra el narcotráfico. Y esto lo hacen apelando a un valor tan arraigado en los mexicanos como la cultura misma: la religión.

¿Será que lo único que nos queda como ciudadanos es esperar algún milagro?

Primera aparición de este texto en: http://nuestraaparenterendicion.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=382%3Ainseguridad-y-violencia&Itemid=106

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