El Octavo mandamiento, la realidad en la ficción

Publicado: noviembre 8, 2011 en Periodismo, Política, Televisión

Darwin Franco

Mientras los grandes consorcios televisivos se acoplan a las estrategias gubernamentales para construir en sus ficciones historias de policías y militares que combaten heroicamente al crimen organizado, otros canales se arriesgan con producciones que incluyen diversas problemáticas sociales que se incorporan a las telenovelas y series no a manera de publicidad integrada sino como elementos narrativos y temáticos que brindan a la audiencia una oportunidad distinta para ver y pensar su realidad.

La telenovela El Octavo Mandamiento, realizada por Argos Comunicaciones y trasmitida por Cadena Tres, es quizá –desde Nada Personal (Tv Azteca, 1996)- la ficción nacional que más ha innovado en la manera de incorporar temáticas político-sociales dentro de su narrativa. Con el pretexto o no de que la historia gira en torno a un grupo de periodistas independientes que trabajan en el periódico “El Tiempo”, esta producción aprovecha cada episodio para llevar a la audiencia un análisis específico de temáticas centrales que están en boca de todos.

Por ejemplo, dentro del Octavo Mandamiento se hace una crítica mordaz a la estrategia de seguridad del Gobierno Federal, a tal punto que una de sus historias centrales es mostrar la manera en que desde la Procuraduría General de Justicia se está orquestando una falsa estrategia que tiene como objetivo no salvaguardar la seguridad nacional sino favorecer a uno de los cárteles del narcotráfico. En esta ficción, existe un narcotraficante llamado “El Culiacán”, al cual el Gobierno deja operar porque les sirve como informante clave. Toda sospecha con la realidad es mera coincidencia.

Lo que llama la atención de esta producción es que los señalamientos y las diversas críticas se hacen sin ocultar nada, se precisa con datos (aludiendo a la objetividad de la prensa) cuál es la situación actual del país y desde esa perspectiva no se teme a mencionar o insinuar nombres de políticos, instituciones públicas y capos de la droga. Si bien, hay múltiples temas que se ficcionalizan existen en la telenovela los elementos referenciales suficientes para que las audiencias correlacionen lo que pasa en la ficción con lo que ocurre en nuestro país. Epigmenio Ibarra, creador del Octavo Mandamiento, al respecto afirmó que la televisión debe dar testimonio de su tiempo con series de ficción que sean un “espejo de la realidad y no un agujero para fugarse de ella”.

Esto en relación directa a lo que pasó con El Equipo (Televisa) y lo que pasa ahora con La Teniente (Tv Azteca), series donde los hechos sociales y la violencia social se inhiben a tal punto que reducen la realidad a una guerra entre buenos y malos donde sólo se favorece una versión de la realidad: la gubernamental. Pensado que con dichos montajes se puede maniatar o engañar a la opinión pública de quienes miran dichas ficciones.

El Octavo Mandamiento y las nuevas producciones que se están realizando en Cadena Tres ó Canal Once no asumen a sus audiencias como entidades pasivas y desconectadas de la realidad; al contrario, buscan crear -desde la ficción- un debate más crítico y amplio sobre  lo que está pasando en el país. Como asegura, el propio Epigmenio Ibarra:

“El público ya está listo para recibir estos productos, y los demanda, pero hay un fenómeno inercial, que está acostumbrado a ver solo lo que le pongan enfrente y por eso nadie se arriesga, por eso pienso que es tiempo para una televisión distinta, que cuente lo que pasa en verdad y que se vuelva referencia de la realidad”, expresó.

Sin embargo, pese a lo arrojadas que pueden llegar a ser estas ficciones o la necesidad evidente de tener una mejor televisión, estas ficciones no han logrado penetrar en los gustos de la audiencia tal y como lo reflejan sus ratings de no más de dos puntos, los cuales son pocos en comparación a los más de 15 que obtienen en promedio las ficciones de Televisa y a los diez que alcanzan las de Tv Azteca más allá de lo pobre de sus contenidos.

El Octavo Mandamiento pese a esto ha superado estos dilemas mediante una narrativa ficcional que dado a las condiciones que vive el país se asemeja mucho a la realidad, como ocurrió en el capítulo 60 trasmitido el 1 de noviembre donde un grupo de sicarios entra a la redacción del periódico para asesinar a sangre fría a Ezequiel Cruz, reportero que ha descubierto los vínculos entre el procurador y “El Culiacán (un símil del Chapo Guzmán en la telenovela). La impactante escena se conjuga con otra donde el mismo “El Culiacán” asesina sin escrúpulos a su amante, mujer colombiana que le dio pistas a Ezequiel para descubrir porque el actual procurador ayudó a salir al capo de la droga del penal en el 2001 (¿otra coincidencia?).

Este episodio, a decir de la producción, fue realizado para rendir tributo a los 74 periodistas caídos en su deber en lo que va del sexenio de Felipe Calderón, fue más allá porque materializó en la ficción (como pasó en la película El Infierno, pero sin recurrir a la comedia) la cruenta realidad que se vive en el país.

Con ello, esta ficción se vuelve un buen ejemplo para pensar en las narrativas (ficcionales o no) que se estamos construyendo para dejar testimonios de esta guerra.

Por un lado, tenemos aquellas que apostando por una “falsa seguridad” intentan tapar con un dedo las cerca de 50 mil personas fallecidas por el enfrentamiento entre narcotraficantes y autoridades; por otro lado, están aquellas narrativas ciudadanas que han sido construidas desde el dolor y la impotencia pero que no tienen mucho eco en lo público al estar marginadas de los grandes discursos políticos y mediáticos. Pero que están ahí, haciéndose visibles en las redes sociales que -dentro y fuera de internet- se están creando para dar cuenta de la realidad que desgraciadamente nos tocó vivir y sufrir.

Muchas veces se crítica lo trasmitido en los medios por caer o ser parte de la construcción de las historias oficiales, hoy se debe mirar con aplomo lo hecho por Cadena Tres y Argos Comunicación, aunque también debemos ser cautos y esperar hasta dónde les permiten construir dicho testimonio ó hasta qué momento (como ha pasado con otros medios y programas) está preocupación por la realidad se vuelve parte de la rentabilidad del negocio.

Hasta ahora queda claro, pese a la ficcional de la telenovela, que se ha buscado hacer valer -a través del nombre- el octavo mandamiento: No mentir.

¿Qué tanto mentimos nosotros (de forma intencional o por omisión) con las historias que les contamos a otros sobre esta realidad? ¿Qué tipo de narrativa estamos dejando?

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