Érase una vez la legalidad

Publicado: septiembre 1, 2012 en Política

Cartón de El Fisgón (La Jornada 01/09/12)

Por Darwin Franco

¿Qué podremos decir o explicar cuando el peso de la historia nos juzgue y cuestione sobre el por qué, pese al cúmulo de irregularidades, no se anularon los comicios presidenciales? ¿Cómo decirle a los jóvenes que recabaron tal cantidad de pruebas y manifestaron, como nunca antes el ejercicio pleno y crítico de su ciudadanía, que a nuestras instituciones les importa poco la legalidad?

El fallo emitido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que certifica “la legalidad” de las elecciones presidenciales y otorga, en consecuencia, el triunfo (para ellos inobjetable) de Enrique Peña Nieto representa un nuevo agravio para nuestra democracia y viene a confirmar que nuestra vida socio-política funciona y opera bajo el mito de Sísifo, pues vamos rodando la piedra de nuestras desgracias cuesta arriba y cuando parece que podemos llegar al final de la colina, la realidad corrupta que colude y une a los dueños del poder termina por desechar todo esfuerzo político y ciudadano.

Y de nuevo vamos hacia abajo desorientados, confundidos y con ese sabor (siempre amargo) del que sabe que pudo revertir la situación (la historia), pero que olvida que para cambiarla no basta con rodar la piedra por la colina sino que es necesario pulverizarla. Sin embargo, en un país donde el derecho a la legalidad y la justicia son prácticamente inexistentes se hace difícil emprender batallas legales, pues quienes aseguran que “la justicia es ciega e imparcial” hace mucho que le deben su chamba a quienes prefieren magistrados “a modo” que vigías de la legalidad.

La manera con la que el TEPJF desechó las miles de pruebas presentadas por el Movimiento Progresista (PRD, PT y MC) y construidas, a su vez, a través del esfuerzo ciudadano comprueban que no hubo un interés real por investigar y cotejar lo que muchas personas comprobaron con sus propios ojos: acarreo de personas a las urnas, compra y coacción masiva de votos, entrega de todo tipo de materiales, irregularidades en el conteo de votos en muchas casillas.

Ni qué decir del  Sorianagate, del desvió (quizá lavado de dinero) de recursos a través de la financiera Monex o de la visibilización excesiva que el ahora presidente de México tuvo en las pantallas de Televisa y Tv Azteca. Ninguna de estas razones fue suficiente para que los magistrados fueran en contra de la realidad y la historia; al contrario, para ellos ninguno de los hechos imputados a Peña Nieto fueron una causal determinante. Tan no fue así que ni siquiera hubo multas, señalamientos o castigos. Nuestro pasado proceso electoral fue legal.

Pero tampoco es para sorprendernos, pues ya hace seis años ese mismo Tribunal tampoco observó nada respecto de la manera fraudulenta con la que Felipe Calderón llegó al poder. Lo que pesa ahora es que masivamente fueron dándose constancia de cómo se orquesto el fraude y, por primera vez, las redes horizontales de comunicación dieron oportunidad de “ver más allá” de lo que dicen los medios y las televisoras. Los ojos vigías se multiplicaron y la justicia empequeñeció.

¿Cómo explicarle esto a los que vienen? ¿Cómo hacerles entender que esto no es normal, qué los fraudes nada tienen que ver con la democracia? ¿Cómo inyectarles ánimo para que la lucha y participación ciudadana (como el #YoSoy132) no decaiga ante la roca que se nos viene encima? ¿Cómo enseñarles a fragmentar nuestros errores y omisiones para que éstos no se carguen nuevamente al final de la colina? ¿Cómo?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s