Cuéntame una de vaqueros

Publicado: octubre 20, 2012 en Política y Telecomunicaciones

Por Darwin Franco

“Hermanos de sangre” es el título del libro que está leyendo el mecánico mientras mata el tiempo a la espera del próximo cliente. La historia, pese a las coincidencias, no habla de Emilio (Azcárraga) ni de Ricardo (Salinas) y los nexos de sangre comercial que ahora los unen a través de la controvertida sociedad entre Televisa y Iusacell, no.

La historia que sostiene este hombre entre sus manos no es más que la celebre publicación conocida como: “El Libro Vaquero” y, por tanto, esa hermandad sucede entre dos hombres que se disputan el amor de una mujer india en el antiguo oeste y no entre dos concesionarios de la televisión nacional.

Esta “historia de vaqueros”, sin embargo, es el canal que ha seleccionado la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) para que muchos mexicanos conozcan sus derechos, como usuarios de servicios de comunicación y telecomunicaciones, y sepan que este organismo está ahí para denunciar y defender la mala calidad de estos servicios.

Con un tiraje de 400 mil ejemplares quincenales, el Libro Vaquero es una de las publicaciones que mayor penetración tiene en la población mexicana, pues su pass along (rotación o circulación de la revista más allá del comprador inicial) lo hace llegar en ese mismo periodo de tiempo a cuatro millones 800 mil lectores.  Esto, a decir de la COFETEL, fue una de las razones por las que se decidió que fuera ahí, en formato de cómic, donde difundieran las acciones y planes que este órgano hace para regular a las empresas que brindan servicios de telecomunicaciones en el país.

Estas historias conocidas como “MiCofetel” se insertarán en diez ediciones de esta peculiar publicación mexicana y alcanzarán (con costos de producción, publicación y circulación) la cantidad de un millón de pesos. Sin embargo, el gasto está por demás justificado porque a través de esta historia de 32 páginas se podrá “caricaturizar” (literalmente) la manera en que una familia padece no sólo de la mala calidad sino también de los elevados costos de los servicios de televisión, telefonía (fija y celular) y de internet que tenemos en el país.

La moraleja, no obstante, descansa en que es la Cofetel (sí aquella instancia que no castiga los malos servicios ni regula los precios ni las tarifas de los mismos) la que termina resolviendo todas las quejas de los usuarios y, por ende, la que devuelve la felicidad y las vías de comunicación de esta desafortunada familia, la cual –por cierto- jamás se cuestiona que la falta de regulación es la madre de todos sus males.

Es ahí donde la Cofetel nos cuenta “una de vaqueros” porque lo vertido en esa historia (que intenta ser semejante a las épicas narrativas del viejo oeste) no concuerda con una realidad que más que historietas lo que le exige a este organismo es transparencia en la toma de decisiones y apertura de los documentos que sostienen y fundamentan los fallos tanto de la adjudicación como  del retiro de las concesiones.

¿Cuál es la intención de caricaturizar el papel tan relevante de este organismo? ¿Acaso considera que es ese el nivel con el que los ciudadanos podemos debatir en materia de telecomunicaciones? No se trata de denostar al Libro Vaquero ni a sus lectores, pero considero que la Cofetel se equivoca, pues si busca congraciarse con los mexicanos no lo logrará mediante historietas sino con la aplicación de la ley aunque esto implique el no sujetarse a “los hermanos de sangre”.

 

 

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