#YoSoy132 a un año

Publicado: mayo 12, 2013 en Comunicación, Política

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Por Darwin Franco

Dicen que estamos ante el fin del movimiento, precisan que sus filas se han disminuido y que las ideas combativas se vieron mermadas con los resultados electorales y con el golpe, físico y simbólico, que recibieron el 1 de diciembre. Dicen que lo que queda del #YoSoy132 es la mera esperanza de algo que –aparentemente- no logró prender la mecha de la consciencia de una generación. Dicen.

También precisan, los de afuera y los de dentro, que el final es inminente y que lo que sostiene la lucha es frágil. Dicen que ya no hay capacidad de visibilización y movilización social, y que los que quedan cada vez están más fragmentados no sólo al interior de la organización sino también alrededor de las múltiples luchas que fueron incorporando al movimiento. Dicen que son pocos los éxitos y que no hay lucha que no sucumba ante el sistema o ante la apatía/impotencia inherente a la participación social.

Lo dicen desde la distancia de quien conoció al #YoSoy132 únicamente a través de las redes sociales y desde el mal encuadramiento de los medios, también desde la cómoda posición de quien antes que entenderlo precisó su fin. Desde quien desconoció los motivos personales de todos esos jóvenes y olvidó que la fuerza de un movimiento social reside en la cohesión que se genera en sus miembros y en la manera en que esto genera una implosión donde ninguno de ellos vuelve a ser lo que era, ya que el principal cambio está en la modificación de la mentalidad y la actividad de sus integrantes.

Muchos de ellos, no tenían un historial de lucha, protesta o participación social y HOY esto forma parte integral de su vida. El cambio, a pesar del duro análisis de muchos, no es cuantitativo sino cualitativo. Los movimientos sociales marcan y generan procesos que continúan independientemente de la lucha inicial. Los cientos de jóvenes que aún están en el #YoSoy132, en diversas partes del país, han entendido y aprehendido esto a través de la equivocación y el acierto. El aprendizaje aún continúa.

Si bien, focalizaron inicialmente sus baterías a la imposición mediática de Enrique Peña Nieto e incrementaron sus esfuerzos para denunciar el fraude electoral, también aprendieron a formular metas a mediano y largo plazo porque el peso del sistema los detuvo, pero no los frenó. Después vino la represión, pero eso tampoco los mermó porque continuaron defendiendo sus causas y a ellas le sumaron la exigencia de justicia.

Siguieron y volvieron a sus orígenes porque no hay que olvidar que parte fundamental de nuestra controvertida Reforma de Telecomunicaciones descansa en la lucha que el #YoSoy132 realizó para poner en la opinión pública el peso y rol que los medios de comunicación tienen en nuestra sociedad y el por qué resultaba vital la democratización de nuestro sistema mediático. Mientras tengamos medios plegados al poder pocas serán las posibilidades de generar una democracia real y eso fue entendido por una generación que (igualmente se dice) está caracterizada por sus apegos mediáticos.

El colocar este tema en el espacio público, a mí parecer, es un gran logro del movimiento aunque también sé que falta mucho para que a nivel social se tenga mayor consciencia del peso que tienen los medios en la percepción de nuestra realidad. El papel del #YoSoy132 es ya un pilar importante en la lucha para entender nuestra historia mediática.

El nacimiento del #YoSoy131 aquel 11 de mayo del 2012 cuando Enrique Peña Nieto visitó la Universidad Iberoamericana, no sólo dio vida a un movimiento nacional que tomó como nombre #YoSoy132 sino que constituyó un cambio más profundo en una buena parte de la juventud mexicana porque despertó una consciencia y responsabilidad social en quienes se decía que eran políticamente apáticos. Originó una nueva manera de sentir el pulso social y activar la acción para defender lo que se considera justo.

Quizá seguirán diciendo que todo se acabo, pero la manera en que #YoSoy132 marcó la vida de muchos es algo que aún está por verse, pues la semilla que germinó aquella primavera aún está en proceso de convertirse en flor, ya sea alrededor de esta causa o de las muchas otras que se emprendieron desde el proceso personal de miles de jóvenes que han vuelto a la participación social parte integral de su vida.

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