Informe Fallido

Publicado: septiembre 7, 2013 en Política

Por Darwin Franco

Uno de las acciones más importantes para cualquier funcionario público es la presentación anual de las actividades que ha realizado en el puesto que se le ha encomendado. Esta actividad más que un momento de aplausos y falsos elogios debiera ser la oportunidad ideal para que el político acepte sus errores y de cara a la sociedad nos anuncie qué hará para remediarlos.  Desde luego, el informe, también debiera ser el espacio para precisar las acciones positivas y comprometernos todos para ayudar al gobernante a mantener el buen paso.

¿Qué pasa cuando un gobernante cancela esta actividad? En primer lugar, rehúye a la responsabilidad que tiene, ya que rendir cuentas es una obligación que se deriva de su trabajo; segundo, señala su incapacidad para abrirse al diálogo porque -no obstante, la efervescencia social que se le presente- éste no debiera darle la espalda a los ciudadanos que esperan saber qué ha hecho ni a los que en las calles le enfatizan los errores generados en su gestión; tercero, reconoce que su estatura y carácter no está a las alturas del momento social al que le ha tocado hacer frente.

¿Suplanta la emisión de un mensaje en cadena nacional a la rendición de cuentas? No, porque emitir un mensaje mediático es una manera unilateral de anunciar sólo el saldo positivo o la versión optimista de quien desde el gobierno ve la realidad. Un mensaje en medios, más allá de la penetración, termina siendo una comunicación sin capacidad de retroalimentación, y quien nos gobierna desde la comodidad de la pantalla no se presta a escuchar las críticas de los representantes de los partidos políticos que conforman el Congreso de la Unión, sitio donde nuestras leyes marcan que debiera de presentarse el Informe Presidencial.

La cancelación del Primer Informe de Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto en el Congreso se conjuga con las marchas y protestas multitudinarias de maestros, adscritos a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE),  que se oponen a la Reforme Educativa y, en específico, a la reciente aprobación de la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), por considerarla contraria y perjudicial a todos los derechos que como gremio han conseguido.

Los críticos del movimiento magisterial, en cambio, señalan que lo que no quieren los maestros es perder sus privilegios, los cuales podrían verse mermados por el nuevo sistema de evaluación que se implementaría para examinar sus habilidades docentes. Sus detractores dicen que los maestros no quieren ser evaluados, pero olvidan que conforme las nueva leyes esta evaluación sería homogénea, lo cual es contrario al sentido de multi-culturalidad que se vive en la educación en nuestro país.

Por la amenaza de movilizar las manifestaciones de los maestros hasta el lugar donde se realizaría el informe presidencial y por el inicio -ese día- del Movimiento por la Defensa del Petróleo, Enrique Peña Nieto -señalando causas de faltas de seguridad- decidió cancelar su rendición de cuentas que se llevaría a cabo el 1 de septiembre. El único mensaje que dio a los mexicanos fue emitido hasta el lunes 2 en la seguridad de Los Pinos. El Presidente regresó al único espacio en cual se siente seguro: el detrás de cámaras. Ahí donde todos lo podemos ver y escuchar, pero  que le impide a éste (por decisión propia) escuchar lo que pensamos sobre su administración.

La crispación que vive el país, el espacio de conflicto, el desaceleramiento de la economía esperaban tener cabida en un informe que sólo se mandó en papel, comprobando que la acción calderonista de no rendir cuentas también será una tradición que adopte Peña Nieto. La de estar en pantalla sí se mantiene.

La falta de diálogo ante el conflicto magisterial conjugado con el informe fallido de Peña Nieto es una muestra de la crisis de representatividad política de las instituciones que nos gobiernan, esto sin duda da cuenta del desfase entre la élite política y la inconformidad social, pues dentro de sus acciones han sido incapaces de incorporar las demandas e inconformidades de los ciudadanos, a los cuales antes de diálogo se les reprime o, simplemente, se les ignora al rendir cuentas detrás de las pantallas.

 

 

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