Calle 194: Silvio Rodríguez (crónica de un concierto).

Publicado: septiembre 28, 2013 en Uncategorized

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Por Darwin Franco

Santiago de las Vegas, La Habana, Cuba.- “Jamás hubiese pensado ver y escuchar a Silvio cantando aquí en la esquina de mi casa, en este lugar de los pobres”, precisó Eduardo Cárdenas, vecino de Santiago de las Vegas, una comunidad que pertenece al municipio de Boyeros en la provincia de La Habana. Desde temprano se enfundó la camisa amarilla y acudió a la esquina de la calle 194, ahí donde se ubica el parque Martí y donde le dijeron que su ídolo estaría ofreciendo un concierto gratuito.

Con ojos profundos y los recuerdos que lo llevaron a jugar béisbol en México, Eduardo observó el montaje del escenario y la colocación de la bandera de Cuba justo al centro.  Aseguró que estaba ahí antes que nadie porque: “cosas como éstas no ocurren todos los días”, lo cual era cierto porque ese día, 20 de septiembre de 2013, “La Gira por los barrios” que emprendió el trovador cubano Silvio Rodríguez cumplió tres años.

También era un día especial porque el propio Silvio había anunciado días antes que el músico invitado sería Roberto Carcassés, jazzista vetado por el Ministerio de Cultura de Cuba el 12 de septiembre, luego de que éste en el recital por la libertad de cinco agentes cubanos condenados por espionaje en Estados Unidos y encarcelados en este país desde hace 15 años, realizado en la Tribuna Antiimperialista José Martí, pidiera públicamente: “Libre acceso a la información para tener yo mi propia opinión” y “elegir al presidente por voto directo y no por otra vía”.

El veto impuesto a Carcassés le impedía tocar por un “tiempo indefinido” en todas las instituciones culturales del Estado. La sanción, sin embargo, se levantó a los pocos días luego de que varios artistas, incluidos el propio Silvio, se manifestaran en contra. Carcassés regresó a los escenarios justo ese día en Santiago de las Vegas.

Estos matices y los propios recuerdos que Silvio evocó daban un aire único al concierto: “este es un pueblo que yo conozco bastante bien porque yo nací cerca, en San Antonio de los Baños, y cuando niños, siempre pasábamos por la terminal de aquí, agarrábamos la guagua que nos llevaba para San Antonio, y cuando veníamos, al revés. Así que me es muy placentero estar en este pueblo que es parte de mi infancia, parte de mi vida”, comentó el trovador ante los aplausos de las más de 200 personas que se acercaron a quien lleva tres años lejos de los grandes escenarios pero cerca (muy cerca) de la gente.

Eso es lo que más disfrutó Eduardo, quien me narró que sigue a Silvio desde que era muy joven y que muchas de sus canciones son muy significativas porque “enmarcan diversos momentos de su vida”, y eso me lo contó mientras se distrajo para cantar: “Qué distancia, mi amor, de mí a la vida, qué callada canción me llama, vencida. Soy un viejo que duerme entre sus losas, soy un niño que sueña tantas cosas”.

Distracción es la canción que rompió el silencio expectante de los presentes. Al unísono se precisó un canto que conjugó la voz de jóvenes y viejos como si por un instante (tan sólo uno), los aplausos eludieran los fantasmas de la crisis económica y los cuestionamientos del régimen que el propio Carcassés (ahora al piano) precisara días atrás.

“La música lo es todo”, me compartió Oralia, quien no es de Santiago de las Vegas, pero ha seguido a Silvio desde hace más de un año a todos los conciertos que da por los barrios. Ese peregrinar lo es todo para ella porque de esa misma manera las canciones de Silvio han transitado “todos los momentos de su vida”. Esto me lo decía mientras platicamos y sujetaba a su joven hija como tratando de inyectarle la trova a través de la piel.

Y el sonido de la voz de Silvio, casi intacta por el tiempo, entonó la canción Segunda Cita: “El dolor que no curen los ángeles ojalá que no pueda volver. La canción que no canten los ángeles sólo el viento la puede saber”,  y yo miré cómo la gente sonreía quizá pensando en esos ángeles que algún día llegarán a calmar sus males.

CAM00389Cantando, charlando e incorporando a los suyos al concierto estaban los vecinos de Santiago de las Vegas, pues para muchos de ellos éste fue una sorpresa con la que se toparon al llegar a casa (el anunció de que Silvio daría un concierto en Santiago de las Vegas se hizo público apenas dos días antes). Por ello, eso no fue un simple concierto en la calle, fue un concierto familiar que de pronto apareció en el barrio y conjuntó a todos como en una especie de soundtrack que “revivió aquellas tardes de trova que se han ido diluyendo con el tiempo.  Sin embargo, Silvio, como me decían los asistentes, no es un asunto generacional porque la trova (al igual que la revolución): “es algo que no pasa del corazón”.

La noche cayó en Santiago de las Vegas pero la música siguió y el juego de lámparas iluminó la bandera de Cuba y a Silvio que debajo de ella entonó una de sus canciones de amor más entrañables Gota de rocío: “La gota de rocío del cielo se cayó y en ella el amor mío la carita se lavó”, y ella (la que no expresó su nombre, pero no importa), una mujer jovial elevó su voz para gritar su amor: “Silvio, te amo”.

Ella  regresó al canto: “ Y mientras la besaba me dijo en un temblor: esto es lo que faltaba para que saliera el sol. !Oh! gota de rocío no dejes de caer para que el amor mío siempre me quiera tener”, la canción terminó y los aplausos de elevaron. Ella nos miró a quienes la rodeamos y nos dijo antes de irse que bien podría morir ahí si Silvio le cantara el Unicornio Azul, al igual que éste ella se perdió  en la multitud.

El recital siguió, con mezcla de canciones nuevas a las que se sumaron aquellas que eran de conocimiento general: “Tu mirada me espanta” y “Oleo de una mujer con sombrero”; sin embargo, el punto álgido llegó cuando un solo de piano parecía dar pie a una canción reciente y, sin embargo, el momento colapso cuando ese nuevo arreglo dio paso a las siguientes palabras: “Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan  para que no las puedas convertir en cristal…”

Y no había nadie que no supiera la letra de Ojalá y no había nadie que no reconociera a la que es “la canción” de Silvio Rodríguez, y todos cantaron en una sola voz mirando al artista que dejando su guitarra a un lado se entregó a su voz y a la acción colectiva que en la calle 194 cantaba: “Ojalá pase algo que te borre de pronto una luz cegadora, un disparo de nieve… ojalá por lo menos que me lleve la muerte para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones…”

Y ese silencio que antecede al final de Ojalá sostuvo la respiración de todos los presentes y en algunos se soltó el llanto porque para muchos esa canción representa tantas cosas, como lo confesó Irma : “esta canción condensa muchas de las emociones, tragedias y miedos que no han logrado irse de la realidad de los cubanos”, al menos así es para ella que recargada en el barandal, a unos cuantos metros de su artista favorito, recuerda entre lágrimas lo mucho que le hubiese gustado vivir esto con sus hijas Yanei y Yanila, quienes llevan años sin regresar a Cuba.

Para Irma, pese a lo mucho que las extraña, esto mejor porque sabe que allá tendrán más oportunidades, ya que acá en la enigmática Cuba, la vida es complicada. “Tan complicada, figúrese, que ganamos en pesos cubanos y tenemos que pagar muchas cosas en la moneda convertible”, precisa Irma mientras el coro final se aún escucha. “Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones…”.

Fin de la canción y el concierto, pero –a la par- el comienzo de múltiples aplausos y ovaciones, Silvio –ya de pie- agradeció a todos y quitándose la cachucha roja de su cabeza y se inclinó ante la gente de Santiago de las Vegas. Bajó del escenario, pero los aplausos lo hicieron volver y como una respuesta, quizá, metafórica tomó su guitarra y cantó: “Hoy mi deber era cantarle a la patria, alzar la bandera, sumarme a la plaza. Y creo que, acaso, al fin lo he logrado soñando tu abrazo, volando a tu lado”.

La gente se dispersó, pero la calle 194 de Santiago de las Vegas nunca volverá a ser la misma. Alguien dirá tiempo después, yo escuché cantar aquí a Silvio.

20 de septiembre de 2013.

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