¿La noticia justifica los medios? La cobertura informativa de “Ingrid” y “Manuel”

Publicado: septiembre 28, 2013 en Uncategorized

Laura-Bozzo

Por Darwin Franco

La labor periodística e informativa alrededor de la catástrofe generada por los huracanes “Ingrid” y “Manuel” no sólo fue urgente sino necesaria porque permitió ayudar al más de un millón 200 mil personas afectadas por las lluvias y a las 300 mil que resultaron damnificadas al perder sus viviendas, pero también porque bajo esta cobertura se pudo entender qué fue lo paso, cuál fue la actuación de las autoridades y la de los ciudadanos y, sobretodo, qué es lo que podemos y debemos hacer ahora.

La importancia de este hecho periodístico, no obstante, debió realizarse con un criterio ético más preciso porque no se trataba de tomar a la realidad como un botín informativo que se podría expresarse después en notas, reportajes, crónicas, etcétera; tampoco implicaba lacerar la dignidad humana de aquellos que de la noche a la mañana lo perdieron todo o de enmarcar aún más el escenario de pobreza y marginalidad de las poblaciones en las que vivían y, mucho menos, era una oportunidad para convertirse en “salvadores” de la población y ganar, con ello, rating.

La labor periodística e informativa debió concentrarse en las causas y consecuencias de los hechos para que, a partir de ello, pudiéramos edificar “escenarios posibles de acción” donde autoridades y los ciudadanos identificáramos la mejor manera de ayudar a todos los damnificados, pero también debió construir una mirada crítica para señalar las acciones que pudieron haber aminorado la catástrofe.

El buen trabajo periodístico que se realizó (y realiza) trabajó en ambas vías y superó la tragedia porque entendió lo que le tocaba hacer; sin embargo, no todo lo realizado adquirió estos matices, ya que hubo periodistas y comunicadores que acudieron al lugar pensando más en la nota que en “el hecho y las personas”, éstos jamás debieron ir porque lo que les interesaba era el retrato de la tragedia y no así la tragedia misma, les interesaban más las personas conmovidas que entender su conmoción.

Televisa y Tv Azteca, por ejemplo, fundamentaron su cobertura informativa más en lo anterior que el ejercicio de un verdadero periodismo, el cual no está peleado la narración de las historias y con los relatos de las personas implicadas, sin embargo, entiende que esto jamás debe hacerse por encima de ellas.

Los medios con los cuales se construye una noticia deben estar regulados por la ética periodística porque ninguna “noticia” puede justificarse si los medios que usamos para conseguirla son contrarios a la ética.

Al respecto, alguien podría decir que lo hecho por Laura Bozzo es justificable porque a final del día llevó “ayuda y dio voz a los damnificados”; sin embargo, lo hizo utilizando un helicóptero oficial del gobierno del Estado de México y no uno Televisa (empresa que cuenta con su propia flotilla) y lo realizó a sabiendas de que éste estaba destinado a otros fines y labores que lejanos estaban del trabajo de “la comunicadora”; también lo hizo exagerando su llegada y condicionando la ayuda porque lo que realizó fue más un show televisivo que una verdadera labor de rescate (como ella lo llamó). El Estado de México mandó el 17 de septiembre tres helicópteros a Guerrero, estado más afectado, para transportar víveres y ayudar a las labores de rescate. Uno de estos helicópteros fue utilizado por la llamada “Señorita Laura” por dos días, olvidando las labores para las cuales fue enviado.

Al hacerlo así interpuso frente a “los otros” (los damnificados) una barrera simbólica donde ellos eran “los rescatados” y ella “su salvadora”, lo cual condicionó la libre expresión de las personas y las sujetó a un discurso donde todo el tiempo debían de mostrar su agradecimiento a quien acudió “hasta ellos” y se sacrificó con tal de llevar a pantalla su historia. Las personas ante una situación así y al recibir ayuda, desde luego que se mostraron agradecidas pero este hecho que debió ser natural se exageró a tal punto que lo importante no fue la ayuda sino quien la llevó.

De ahí las críticas de periodistas como Marcela Turatti o Carmen Aristegui, pero también de los ciudadanos que en pantalla ven el aprovechamiento de la tragedia y como la desgracia de otros se convierte en un insumo mediático al que se le ordeña hasta el último punto de rating. “Noticias” como éstas se construyen a través de medios que son tan cuestionados como el resultado que arrojan en pantalla (ya ni hablemos de la colusión de un gobierno que se presta para realizar este tipo de show o de las reacciones de “la comunicadora”).

Nunca la cobertura debió ser una apología de la catástrofe o una reiteración del dolor y la pérdida de las personas. Ojalá que las tragedias como la de “Ingrid” y “Manuel” nunca hubiesen sido presas de talk shows que confunden información con periodismo y labor humanitaria con cinismo mediático.

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