Los medios y la percepción de inseguridad

Publicado: octubre 20, 2013 en Uncategorized

Por Darwin Franco

El 72.3% de los mexicanos, mayores de 18 años, perciben como inseguro el lugar donde viven, así lo precisa la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2013 (ENVIPE) realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), para un 57.3% de éstos esta percepción se construye porque la “inseguridad y la delincuencia” son el problema más importante que aqueja al estado donde actualmente habitan.

La percepción de esta inseguridad, como sugiere la misma encuesta, proviene principalmente de las experiencias directas de las personas con los delitos, pues una casi tercera parte de los hogares del país tuvo (32.4%), al menos, una víctima durante 2012. Lo cual implica que ese año 27 millones  337 mil personas sufrieron algún delito.

De estos delitos sólo se denunció el 12.2%, de éstos sólo en 64.7% se inició una averiguación previa ante el Ministerio Público; sin embargo, la “cifra negra” arroja que en el 92.1% de los delitos NO hubo denuncia o NO se inició averiguación previa.

La percepción de la inseguridad está ahí en la sensibilidad de nuestra “piel social” y en las experiencias múltiples –propias y ajenas- que escuchamos y narramos a diario; sin embargo, esta percepción no parece empatar con la información que -al respecto- nos arrojan los medios de comunicación y su singular manera de encuadrar  la realidad.

La violencia social y la propia guerra contra el crimen organizado, a casi un año de la administración de Enrique Peña Nieto, ha tomado nuevas enunciaciones y adjetivos minimizando no la violencia en sí sino la manera en que mediáticamente se le “encapsula (verbo del sexenio), nombra y visibiliza”.

De la sobre publicitación de las acciones gubernamentales, como ocurrió en el sexenio de Felipe Calderón, hemos pasado al silencio forzado y aceptado por los grandes medios de comunicación; específicamente, Televisa y Tv Azteca, quienes han adoptado un nuevo lenguaje y discurso para erradicar de la percepción general nociones como “miedo y terror”. Hablar de guerra ha quedado en desuso, lo políticamente correcto es decir: “estrategia de seguridad contra el crimen organizado”.

La responsabilidad de los medios, al respecto, ha resultado altamente contradictoria, pues por un lado tenemos la asepsia informativa de las televisoras que dibujan un escenario de paz y, por otro, tenemos medios (principalmente escritos) que hacen de la violencia una forma de subsistencia económica. Publicaciones como La Prensa o El Metro, utilizan a la violencia como un gancho comercial que favorece más su naturalización que su comprensión y contextualización, lo cual incrementa la percepción de inseguridad cotidiana y, al mismo tiempo, la crispa cuando vemos que el resto de los medios calla la violencia social. El manejo informativo no sólo está disociando la realidad, la está volviendo incomprensible.

Cuando hablamos de la responsabilidad de los medios, sin duda, nos estamos refiriendo también a su poder y a la manera en que éste se manifiesta para ayudar a la sociedad a la comprensión de su entorno, para lo cual no basta informar hay que hacer entender lo que se informa, ahí radica la responsabilidad social de los medios. Hacer entender la realidad puede propiciar la reflexión y acción social sobre la misma y, al contrario, la puede volver contradictoria al favorecer el miedo y la inacción.

De los medios que sólo enumeraban los datos de la violencia hemos pasado a los medios que la desaparecen de manera abierta. Esto ha ido generando un desasosiego social, pues no sólo padecemos una falta de representatividad política sino también una contraria visibilidad mediática que no empata con nuestra la realidad pero que embona a la perfección con el discurso político de paz.

La percepción social de la inseguridad también tiene una columna vertebral en los medios, ya sea porque éstos, ante el panorama de violencia, ofrezcan serenidad o enfaticen el terror. Los medios, sus dueños y periodistas/comunicadores tiene en sus manos el asumir o no su poder, su responsabilidad.

Callar para los medios y el periodismo jamás debió ser una opción.

 

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