Memoria y verdad

Publicado: noviembre 5, 2013 en Violencia y narcotráfico, Violencia y represión

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Por Darwin Franco

Preservar la memoria para impedir cualquier olvido es parte de la lucha cotidiana y del esfuerzo constante que miles de familias deben realizar contra la violencia que padecen (padecemos) pero también contra la impunidad de una autoridad que en la mayoría de los casos no resuelve nada o, negligentemente, olvida.

En nuestro país, oigámoslo bien, en el 92.1% de los delitos ocurridos NO hubo denuncia o NO se inició averiguación previa.  Esta  nuestra “Cifra Negra”, crece porque se sabe que del total de las denuncias hechas ante el Ministerio, en el 53.2% de los casos, No pasó nada o No se resolvió nada, como informa la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2013 (ENVIPE) realizada por el  Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

La desconfianza en la falta de procuración de justicia, la criminalización de las víctimas y sus familiares aunado a la ineficacia de los Ministerios Públicos ha provocado que la denuncia no sea una de las primeras opciones de las familias, las cuales siempre inician por sus propios medios: la búsqueda y la justicia para los suyos.

No obstante, alrededor de todo esto y con el constreñimiento del alma: ellas y ellos, las víctimas -que somos todos- se han ido organizando para luchar y preservar la memoria, se han esforzado por esquivar toda cifra e informe gubernamental y, ante ello, han interpuesto su capacidad de NO OLVIDO.

Prueba de ello es lo que se vivió en el II Memorial: “Memoria y Verdad” que realizó el Colectivo Bordamos por la Paz con diversos colectivos del 1 al 3 de noviembre en Laboratorio de Artes y Variedades (LARVA) en la ciudad de Guadalajara, ahí se bordó un sitio para la paz y un espacio para contrarrestar toda violencia y olvido.

El Colectivo desde hace dos años se dedica a bordar en pañuelos el nombre y la historia de cada una de las personas caídas en la guerra contra el crimen organizado; en rojo se tienden los hilos para hablar de las muertes; en verde se hila la búsqueda de los desaparecidos, y en múltiples colores y palabras se construye la solidaridad que se teje en los corazones de quienes bordan y reconocen que parte de la lucha está en la preservación de la memoria y en el ejercicio del NO OLVIDO (NO OLVIDAMOS).

He aquí una crónica de tres días que tejieron una historia distinta para todos.

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Día uno: No debieron morir

La primera sensación al acercarse al Memorial es que uno no debiera estar ahí y que cada pañuelo no debió ser escrito, pero el valor de la gente que va y viene con un bordado entre las manos sosiega todo descontrol antes de entrar.  La mirada firme y noble de la bordadora Teresa Sordo también facilita el proceso.

Al llegar un altar compuesto por maderas añejas construye un escenario conocido para estas fechas del año e invita a reavivar la tradición; sin embargo, no estamos hablando de la misma muerte y el altar no incita sólo recuerdo sino también a la memoria.

Fotografías de los que ya no están, pero están, son estratégicamente colocadas alrededor de flores y velas blancas que se conjugan con el fondo de los pañuelos bordados con hilos decididamente rojos que comienzan a señalarnos el motivo del Memorial. Aquí estamos hablando de la noción de una muerte presente y cotidiana, aquí estamos para guardar la memoria de ellos que, como nosotros, son y están.

Los pañuelos de la entrada cubren el espacio como unas manos que nos sostienen un instante antes de adentrarse al pasillo y a aparente obscuridad que reina dentro de El Larva, el primer golpe a la vista viene de los pañuelos porque su número y sus historias gobiernan todo el espacio, es imposible no verlos aunque los ojos busquen esquivarlos.

Mil 600 pañuelos, no lo olvide, son lo que están colocados acompañando todo espacio y cada una de las instalaciones que componen el Memorial. La primera de ellas, fue realizada por el Colectivo Justicia para Imelda Virgen, quien fuera asesinada el 29 de septiembre de 2012 a manos de David Ceja Calzada y Sergio Fabián Sánchez, èstos fueron contratados por Gilberto Cortés Vázquez, ex esposo de Imelda.

El caso de Imelda Virgen es considerado el primer feminicidio en Jalisco, pues el delito se tipificó en el estado seis días antes de su muerte (23 de septiembre de 2012); sin embargo, las autoridades no lo consideran así y, por tanto, sus homicidas no han recibido las penas estipuladas para este delito.

Esta instalación en tonos morados no sólo hace explícita la búsqueda de justicia para Imelda sino que también enfatiza que los feminicidios en Jalisco van a la alza, pues desde la muerte de Imelda hasta el día de hoy, 5 de noviembre, han sido asesinadas 133 mujeres más, pero esto no preocupa a las autoridades que consideran innecesario  activar una alerta de género.

Para quienes miran esta instalación, construida con el amor de la familia Virgen, la alerta sí se hace presente en sus miradas y en la reflexión silenciosa que los hace mirar el bordado incompleto que yace en el piso con el nombre de Imelda Virgen.

Después de esta instalación uno se topa con el espacio central, un sitio abrazado de pañuelos que amparan –de alguna forma- el sufrir de los crímenes de odio, el andar de los migrantes y el silenciar de los periodistas. Al centro una cruz de dimensiones tan amplias como las miradas de las víctimas que aparecen en cada uno de los retratos que la conforman. Esta magna pieza forma parte de la obra Aritmética del dolor de la artista, Rosalba Espinosa.

El Colectivo del Centro de la Diversidad y los Derechos Sexuales A.C., del lado izquierdo de este espacio, nos presentó una catrina de la discriminación iluminada por una bandera gay que invierte sus colores, en señal de luto, sobre una pared llena cráneos que acentúan el nombre de la instalación: “Las muertes del silencio IX”.

El tránsito que hay de “la burla al crimen por odio” es lo que se bosquejó en esta instalación; por ello, se hizo énfasis en las palabras y acciones cotidianas con las que nos referirnos a la comunidad lésbico-gay. El lenguaje, aunque disfrazado de humor, también conlleva una violencia simbólica que nos  conduce al odio y la intolerancia.

El andar continua y 72 cruces se atraviesan en nuestro camino, todas ellas acomodadas en dos tantos semejando, a mí parecer, las vías en que las que estos migrantes surcaron nuestro país para toparse con la muerte en San Fernando, Tamaulipas.

Con todos sus nombres y nacionalidades, cada una de estas cruces, edificadas por Laura Patterson, fueron un altar no sólo para la memoria de estos 72 migrantes sino también para los cerca de 70 mil que han desaparecido en México desde el 2006.

Al centro del escenario y escoltado por los 72 migrantes, una silla roja es iluminada, a su costado derecho 136 credenciales de prensa colgadas del techo o colocadas en el piso atestiguan que, si bien, “la verdad no se mata asesinando periodistas”, muchos insisten en borrarla y desaparecerla con ellos.

Pero callarse nunca es una opción para el periodismo y así lo plasma el Colectivo Estudiantes y Periodistas en Activo de Jalisco, quienes idearon una instalación informativa donde en un “Mapa del dolor” indicaron los estados de la república donde han acontecido los asesinatos y desapariciones de periodistas. Punto por punto este mapa se presentaba ante los ojos incrédulos de los espectadores quienes no podían dar constancia de lo peligroso que hoy resulta informar en este país.

Entre 2000 y 2013, han sido asesinados 120 periodistas y 16 más están desaparecidos, tan y como lo narran estudiantes de periodismo y comunicación que prestaron sus voces para dar vida a las biografías de cada uno de los periodistas caídos.

Al final del recorrido, la Aritmética del dolor presentaba tres obras pictóricas, pero una de ellas, el retrato de María Herrera –guerrerense con cuatro hijos desaparecidos- roba toda la atención porque como ella, en ese momento, tenemos todos un rostro afligido y consternado; sin embargo, nosotros también bajaríamos al infierno con ella si con eso pudiéramos aparecer a los ausentes o revivir a los asesinados.

Una pequeña luz ilumina una mesita finamente acomodada al final del trayecto, ahí diversos pañuelos esperan las manos que los tiñan de vida, aunque su mensaje denuncie muerte y desaparición. Margarita Sierra y Elena Kandisky, combatientes bordadoras, invitan a los paseantes para que, por un momento, se fundan con el pañuelo que, quizá, podría activar la reflexión de su memoria.

Ahí podría decirse que acaba el recorrido, pero uno nunca acaba de transitar el Memorial porque algo nos regresa a él, porque algo de lo que somos no es ni será igual. De ello dan constancia los mensajes escritos en el árbol de los buenos deseos que rápidamente se pobló de hojas y palabras, y el libro que al final del recorrido sirvió para contener los sentires y pesares de los visitantes del Memorial.

Pero no todo era exposición, ya que poco después de medio día, el lugar vibró con las voces de los niños que integran el Coro de Santa Cecilia y con el ejercicio de memoria colectiva que en voz de los estudiantes de la Escuela Signos recordaron a cada uno de los 49 niños fallecidos el 5 de junio de 2009 en la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora. Después de cada nombre un solo eco retumbaba en el lugar: NO DEBIÓ MORIR.

Como tampoco debieron morir, los 20 periodistas que ese día fueron conmemorados al leer su biografía y al denunciar, con ello, la falta de justicia y el abandono de sus casos por parte del propio gremio y de las autoridades. “Silencio forzado”, pero voces repletas de miedo y valentía acompañaron esta lectura que terminó por completarse con la proyección del documental que la organización Articulo 19 filmó para dar cuenta del estatus de la libertad de prensa en México.

Este primer día se cerró cuando el documental “Serpientes y escalera” de Tres Gatos Producciones ofreció un desgarrador panorama del tránsito que padecen los migrantes que cruzan la frontera vertical que es nuestro país. Con testimonios precisos y una narrativa certera se constató el doble olvido que padecen los migrantes centroamericanos que cruzan México para buscar vida pero en donde sólo encuentran violencia y muerte. Ellos TAMPOCO DEBIERON MORIR.

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Día 2: ¡Vivos de los llevaron, vivos los queremos!

Diversas sillas con los siguientes nombres adornan el escenario principal del Memorial en su segundo día: Hugo González, Fernando Oceguera, Edson de la Rosa, Mar Ménard, Oliver Techumi, Roy Rivera, Héctor Tapia, Diego Maldonado, Christopher Ortiz, Gabriel Espinoza y Elvis Torres, todos ellos desaparecidos en distintos puntos del país, todos ellos presentes en la memoria de un público que los recuerda y que espera su turno para leer alguna de “Las Cartas a los Desaparecidos”, actividad que resulta especial porque serán algunos de los familiares presentes quienes tomen el micrófono para hablar con los suyos.

Para verlos de frente como nos miran las fotografías que Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos de Coahuila (FUNDEC) colocó entre las cruces de los migrantes para dar testimonio de sus búsquedas y para darle visibilidad a los suyos.

Uno a uno van pasando los lectores, pero uno de ellos despierta el interés de una madre que desde la primera lectura no ha logrado evitar su tristeza, pocos lo saben pero esa mujer que sostiene su celular para grabar a su hijo Ricardo es Leticia Hidalgo, una de las mujeres que con valentía encabeza la búsqueda de los desaparecidos de Nuevo León. Quien lee la carta, su hijo, está por recrear uno de los puntos más entrañables del Memorial.

“Dos añotes sin ti brother. ¿Qué hay de nuevo? ¿Novedades? No muchas. La gente sigue caminando sin rumbo, la mayoría no se preocupa por los desaparecidos, la gente está distanciada una de otra, el gobierno metió miedo y desconfianza”, narra Ricardo mientras su madre intenta mantenerse firme para que el video no salga movido. Le resulta imposible, como a las otras madres que sentadas en las gradas miran al techo, se pasan las manos por el rostro e intentan detener el rumbo de las lágrimas. Ellas, como Leticia y Ricardo, también sus desaparecidos.

Ambos, madre e hijo, forman parte activa de Fuerza Unida por Nuestros Desaparecidos (as) de Nuevo León (FUNDENL) y ambos buscan desde el 11 de enero de 2011 a Roy Rivera Hidalgo, quien fuera sacado de su propia casa, en San Nicolás de los Garza,  por un comando armado de hombres que portaban chalecos de policía.

“! Ojalá y estuvieras aquí uei! Hay momentos en que te necesito, en los que lloro solo, en los que quisiera que no hubieras abierto la boca cuando dijiste: !Déjenlo, yo soy el mayor!, momentos en los cuales quisiera agarrarte a golpes por haberme dejado (…) ¿Yo? Pues qué te puedo decir… aún conservo la cicatriz de aquel cachazo que me dieron porque me quisiste ayudar, que de hecho no cicatriza”, precisa Ricardo mientras los presentes hacen nudo el corazón y tratan de buscar en sus adentros la paz que los restituya y los traiga de regreso. También les resulta imposible.

Y esto es visible en los rostros de Delia de la Rosa quien no ha sabido nada de Edson Amadeo de la Rosa desde el 9 de julio de 2009; María Elena Salazar quien tiene a su hijo, Hugo González, desaparecido desde el 20 de julio de 2009, ambas son de Torreón, Coahuila. Entre el público también se encontraba Guadalupe Arana quien busca a su hijo José Luis Arana desde el 17 de enero de 2011.

Guadalupe Aguilar es junto con María Natividad Guerrero, madre de Dalia Guadalupe Cruz desaparecida desde el 10 de septiembre de 2010,  dos de las jaliscienses que más han hecho por el tema de los desaparecidos del estado. En Jalisco, a la fecha, hay alrededor de 2 mil 240 personas desaparecidas.

“Dos años sin ti está bien cabrón, dos años en los que trato de sonreír con el corazón desgajándose, dos años sin escuchar tu voz! Wuauu, un chingo de tiempo ¿no crees? Por cierto, ¿no has pensado en regresar? Está bien cabrón ver a mi mamá llorar por las noches uei, está bien cabrón verla hablar con fotos, está bien cabrón que mi papá haya perdido la esperanza (…) Dos años sin ti, precioso, pero la búsqueda no para. Fuerza Roy”, así concluye Ricardo la charla con su hermano Roy de la que todos fuimos testigos. Al terminar, va con su madre y se funden en un abrazo. La grabación del celular ahora será parte del recorrido y las vivencias que un día compartirán con Roy.

Después de superar el silencio y secar las lágrimas, es la propia Leticia Hidalgo, representando a FUNDENL, y Jorge Verástegui de FUNDEC, quienes comandaron una mesa de reflexión y acción política, donde dieron cuenta de la organización y lucha colectiva que han implementado en Nuevo León y Coahuila para buscar a sus desaparecidos. La intención de los organizadores es que esto sirva como aliciente para que las familias de desaparecidos en Jalisco se unan para ya no buscar ni andar solas.

Jorge Verástegui insistió en la necesidad de romper todo silencio y denunciar cada uno de los casos porque: “No podemos seguir pagando la factura del México que procura la impunidad o justifica toda acción. No podemos seguir permitiendo la criminalización de los nuestros (…) tenemos que reavivar la memoria porque ésta no es algo del pasado sino del presente y, por tanto,  es un reconocimiento de lo que no hicimos”.

Desde la experiencia de FUNDEC y FUNDENL es necesario generar unión entre las víctimas no sólo para defender colectivamente los casos sino porque así se puede incidir en la acción política y en la visibilización mediática del tema. La organización de las víctimas como precisa, Leticia Hidalgo, es un paso fundamental: “Porque juntos podemos hacer más, porque más del 50% del trabajo de las desapariciones, al menos de los casos que nosotros conocemos, provienen de familiares que están organizados”.

La organización es una defensa ante el olvido y la negligencia de las autoridades, pero no es algo fácil, no es algo que todos estén dispuestos a realizar: “Las víctimas debemos de dejar de creer que nuestro caso es el peor y debemos hacernos de acompañar de otros para incidir en los casos y en las políticas públicas”, señaló Leticia Hidalgo, quien agregó que desde FUNDENL han estado participando en la Ley de Atención a Víctimas de Nuevo León para que ésta sea una ley que atienda a las víctimas y no termine siendo una legislación buena en papel pero mala en la práctica.

Hizo hincapié para que además desde todos los frentes se empuje el Registro Nacional de Personas Desaparecidas: “Si no sabemos a quiénes estamos buscando difícilmente lo vamos a encontrar. Este Registro debe ser uno de nuestros principales objetivos”. Por ello, instó a que las familias de los desaparecidos de Jalisco se unan para seguir buscando a sus desaparecidos: “Nosotros no abandonamos, si nos abandonan las autoridades, nosotros no podemos abandonar a nuestros desaparecidos”, concluyó Leticia Hidalgo.

Después de escuchar la experiencia de ambas organizaciones surgió una esperanza para las familias jaliscienses que solas han realizado sus búsquedas, pero que ahora saben –pese a lo trillado de la expresión- que la unión hace la fuerza.

Como al final del día fue visible en el trabajo documental Silencia: Si no es mía, no es para nadie que el periodista Esteban Contreras realizó sobre el feminicidio de Imelda Virgen. Los testimonios de su familia y la construcción del caso ayudan a dimensionar el hecho desde una atmosfera más cercana y permiten reconocer la génesis de toda violencia de género.

La presencia de toda la Familia Virgen, su amor y fuerza son una prueba fehaciente de que la unión es la base necesaria de toda lucha y ellos, como lo dijeron, han encontrado en el bordar y en el compartir un lugar que les da fuerza para luchar por la justicia de quien fuera hija, hermana, maestra y compañera.

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Día 3: Usted preguntará por qué bordamos

La conjunción de la poesía, la música y la sonoridad de las voces de los artistas presentes la mañana del 3 de noviembre precisó el sentir de los bordados y afrontó directamente los cuestionamientos de la gente que domingo a domingo en el Parque Revolución, donde se conjunta el Colectivo Bordamos por la Paz, cuestiona el por qué no se bordan cosas bonitas en lugar de tanta muerte.

Mario Benedetti fue el conducto y la voz de Yadémira López Barragán el canal para hallar esa respuesta:

“Cantamos porque los sobrevivientes

y nuestros muertos quieren que cantemos

cantamos porque el grito no es bastante

y no es bastante el llanto ni la bronca

cantamos porque creemos en la gente

y porque venceremos la derrota”

Bordar es cantar con las manos, bordar es no olvidar, bordar es sufrir y renacer. Usted preguntará por qué bordamos “un ataúd de tela y letras rojas para tu funeral”, por qué bordamos “un escudo de tela y letras verdes para tu regreso”. Usted preguntará por qué bordamos y por qué usamos al pañuelo como un medio de protesta:

“Si cada hora viene con su muerte

si el tiempo es una cueva de ladrones

los aires ya no son los buenos aires

la vida es nada más que un blanco móvil”.

Bordamos porque creemos en la paz y detestamos toda violencia. Bordamos porque reconocemos que reactivar “el recuerdo y la memoria” es el primer paso para NO OLVIDAR. Bordamos porque quienes se acercaron al Memorial pasa saber qué pasa con los feminicidios, qué ocurre con los crímenes de odio, qué sucede con los ataques a periodistas, qué con la tragedia de los migrantes que cruzan el país y, sobretodo, qué fue de todas las personas asesinadas o desaparecidas en esta guerra contra el narcotráfico: HOY YA NO SON LOS MISMOS (Nosotros tampoco lo somos).

Usted preguntará por qué bordamos. Bordamos porque creemos en la gente que conformó el Memorial y aún más por la que fue y se llevó algo de éste. Bordamos porque todas las historias (las de los asesinados, los desaparecidos, los periodistas, los feminicidios, los migrantes o los crímenes de odio) siguen generando ecos de memoria y consciencia de los asistentes y de nosotros mismos. Bordamos porque “hacemos camino al andar” porque “golpe a golpe, verso a verso” mantenemos firme los hilos de la hermandad unida por los pañuelos.

El tercer día del II Memorial: Memoria y Verdad nos dejó  esta enseñanza y construyó esto alrededor de todos los presentes, quienes no sólo admiraron los más de mil 600 pañuelos (no lo olvide), sino que además reflexionaron en torno a ellos extendiendo su vida e historias de la misma manera que el Coro de Zapopan, quien clausuró el tributo a las víctimas, extendió su voz para eclipsar todo silencio alrededor de los pañuelos.

Usted preguntará por qué bordamos: “Bordamos porque los sobrevivientes y nuestros muertos quieren que bordemos. Bordamos porque el grito no es bastante y no es bastante el llanto ni la bronca. Bordamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota”

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comentarios
  1. Yademira dice:

    Darwin, todo está, nada falta, ahí estamos los que somos. Esta experiencia me dejó marcada, tu la narras de forma tan certera…

  2. jfcortes20 dice:

    y sí… hoy ya no somos los mismos…

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