Comunicar el riesgo: Influenza A (H1N1)

Publicado: febrero 1, 2014 en Comunicación, Política

Por Darwin Franco

La comunicación del riesgo implica movilizar esfuerzos solidarios coordinados para favorecer prácticas preventivas y de control frente a cualquier eventualidad que implique un riesgo, potencial o latente,  para una población. Su correcto empleo impacta directamente en la manera en cómo son recibidos los mensajes, cómo se manejan los conflictos, y cómo se toman las decisiones alrededor de ellos.

En la campaña de comunicación de riesgo lanzada por la Secretaría de Salud alrededor del nuevo brote de influenza A (H1N1) que padece el país desde el 1 de enero de este año, se pueden percibir ciertos sesgos que podrían afectar las medidas de prevención que las propias instancias de salud o la población en general deberían estar tomando; por ejemplo, se plantea disminuir “el riesgo” minimizando el tamaño real del problema.

Cuando uno ingresa al sitio www.todosobreinfluenza.salud.gob.mx, sitio que se promociona en todos los medios para solventar ahí nuestras dudas sobre la influenza, aparece una pregunta central: “¿Hay un problema grave o una epidemia de influenza en México?, la respuesta que se ofrece es la siguiente:

NO, como en todas las temporadas de frío las infecciones respiratorias agudas se incrementan y aún cuando este incremento es importante, no significa que estemos ante una epidemia y mucho menos ante una situación de emergencia”.

No hay emergencia, sin embargo, el tamaño del problema es mucho mayor que lo enfrentado en el año 2009 cuando sí se emitió una emergencia sanitaria. De acuerdo a las propias cifras dadas a conocer por la Secretaría de Salud (SSA) este año se tienen registrados 2 mil 085 casos confirmados y 295 defunciones derivadas del padecimiento por influenza en sus diversas manifestaciones A(H1N1), A(H3N2), Tipo B y diferentes sub-tipos que no han sido categorizados, todo esto hasta el día 31 de enero.

En 2009, la propia Secretaria presentó un informe sobre la situación de la epidemia de influenza que vivió el país entre el 1 de marzo y el 2 de junio, el saldo en ese momento fue de 5 mil 563 casos confirmados y 103 defunciones.

Lo cual significa que lo que se vive hoy casi triplica el número de víctimas en un periodo de tiempo mucho menor al que se vivió en el año 2009, pero no hay por qué preocuparse, no pasa nada: esto es normal:

“La influenza no es una enfermedad nueva, se presenta año con año y actualmente de los diferentes tipos de virus de la influenza, en México circulan tres virus estacionales: A(H1N1), A(H3N2) e influenza B, predomina el virus de la influenza A(H1N1). Sin embargo, es importante recordar que este virus, es ya un virus estacional y se encuentra incluido en la vacuna que se aplica en estos momentos”.

Este llamado a la calma en nada ayuda a generar prácticas preventivas y de control porque de entrada se niega el riesgo al situarlo en un estado de normalidad que ocurre de manera natural “año con año”, lo que no nos dicen es que ese proceso natural alcanzó niveles atípicos que superan en mucho a las posibles eventualidades que por los llamados periodos invernales tiene que enfrentar el sistema de salud. Incluso la SSA va más allá y se cuestiona si lo que hoy vivimos es un problema similar a la epidemia del 2009:

“NO, durante el 2009 nos enfrentamos a un virus nuevo de influenza del que no conocíamos sus características, cómo afectaría y cómo se comportaría. Actualmente, sabemos cuáles son los virus que circulan y cómo combatirlos. Además, desde el 2009, contamos con nuevos y modernos métodos de diagnóstico y tratamientos”.

¿Si la contundencia en la respuesta fuese cierta no debieran ser los casos comprobados y las lamentables defunciones menores? ¿No debiera tener el sistema de salud una estrategia coordinada para movilizar esfuerzos solidarios y prevenir entonces los riesgos que, como ellos afirman, ocurren normalmente cada año? ¿Qué pasó entonces?

Difícil responder a estas preguntas, lo único cierto es que hoy la comunicación del riesgo generada por la administración de Enrique Peña Nieto y sus órganos de salud no sólo ha sido errática sino errónea porque negar la dimensión del problema no ayuda a solucionarlo.

Comunicar el riesgo de la influenza debiera sustentarse en el reconocimiento de la problemática y en la generación de acciones que ayuden a entender lo que está pasando y qué se puede hacer desde donde uno está parado. No pueden sólo llamar a la prevención (como sí pasa) sin explicar bien de qué nos prevenimos y por qué lo hacemos.

Si no hay información clara sustentada en la realidad y no en la negación de la misma difícilmente el riesgo se reducirá porque lo que se produce es una disonancia entre el mensaje del “no pasa nada” y lo que sabemos está ocurriendo en clínicas y hospitales.

Ningún riesgo se puede prevenir si se niega, ninguna violencia cesara si se le invisibiliza. No obstante, esa es la comunicación del riesgo desde el llamado Gobierno de la República.

@darwinfranco

 

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comentarios
  1. literaturadolores dice:

    Por otro lado, el manejo del tema en los medios lo he visto alarmista más que informativo, enfocado en evidenciar las tapaderas de la Secretaría de Salud (que no da datos completos de las muertes ni de las zonas de brote) que emitir las medidas preventivas, aunque ¿qué tanto es su responsabilidad? Tache para ambos.

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