Puto

Publicado: junio 21, 2014 en Uncategorized

Por Darwin Franco

Se viene el saque de meta. En la tribuna, los aficionados golpean sus pies contra el suelo, alzan sus brazos para agitar sus manos y mientras esperan el despeje del portero comienzan a replicar un grito así: “Eeeehhh…”. El portero comienza su recorrido para golpear la pelota y cuando éste despeja el balón… el aficionado deja salir de sí un grito de euforia: “Puuutoo”.

Esta escena se repite cada vez que el portero del equipo contrario realiza un saque de meta, así que en teoría nuestro equipo debe ser lo suficientemente bueno para incitar muchas veces esta práctica en sus aficionados, los cuales la harán con el objetivo de evidenciar el rechazo para quien se opone a nosotros. Los que atacamos desde las tribunas.

Se podrá decir, como ya lo hizo la Federación Mexicana de Futbol ante la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) por la averiguación que ésta emprendió por presuntas ofensas homofóbicas en partido entre Brasil y México, que esto que pintorescamente gritan nuestros aficionados no es una agresión o un insulto sino una costumbre que se realiza de manera cotidiana en nuestros estadios. Que ser puto no es una ofensa sino una tradición que se gesta entre el futbol (como espectáculo) y aquellos aficionados que pagan un boleto pensando que, por ello, tienen derecho a decirlo todo desde las tribunas. Podrán decir que se trata de una expresión como si la palabra referida (en términos del lenguaje) fuera neutra o carente de toda carga sociocultural.

Se podrá decir también, como ya se ha dicho por analistas de los medios, que en México “Todos somos putos” porque de alguna manera usamos la palabra en sus múltiples acepciones al adjudicarnos este adjetivo calificativo en diversas circunstancias de nuestra vida; se ha dicho también que no hay que rasgarse las vestiduras porque lo que expresan los aficionados no es más que el enconado lenguaje que expresa “llanto, dolor y desventura por el bien perdido”, que es un “reclamo por la afrenta” de ver como el portero amado (Oswaldo Sánchez) pasaba del Atlas al odiado América en 1996, año en que este grito nació en la porra del equipo rojinegro y desde la cual emigró a otros aficionados trastocando, así, el sentido inicial de la expresión pero no su profundo y connotado sentido simbólico y cultural. Puto, no es ni será una expresión neutra.

Se podrá expresar también, como ya se hace en las redes sociales, que a nadie daña este grito, que el portero (centro aparente de la ofensa) no se desconcentra ni deja de patear bien el balón por la presión de los aficionados. Se dice que sólo se trata de futbol y que esta práctica es tan inofensiva y cohesionadora como “el chiquiti bum” o alzar la mano para ser partícipe de “la ola”.

Sin embargo, como ya sucede también con muchas otras porras, el lenguaje empleado en ellas es síntoma de las relaciones asimétricas de poder presentes en nuestras interacciones sociales, es consecuencia, más allá de la festividad con la que se haga, de nuestra incapacidad de aceptar al otro, es huella manifiesta de nuestro desprecio a lo que consideramos diferente.

“El puto representa todo lo que amenaza la concepción hegemónica de masculinidad. En el temor a esa amenaza está el origen del odio. Y este odio encuentra su máscara perfecta en el cinismo. Burlarse de “la corrección política”, pretender desemantizar las palabras para encubrir su discurso y ridiculizar a quienes lo señalan son solamente partes de esta máscara. Tratar de minimizar el valor de las palabras sólo pone en evidencia su verdadero poder”, expresa con fuerza Tania Tagle.

Para ella, el asunto no se reduce a la censura que podrían sufrir los aficionados mexicanos en el Mundial Brasil 2014, lo importante no está en “la exclusión o prohibición de ningún discurso” sino en la consciencia que se genera cuando se “elige participar y reproducir estas manifestaciones de odio”. Así lo sugiere la académica, Rossana Reguillo, para quien “lo deportes espectaculares no dan para construir mejores mundos posibles, si en las gradas los atavismos -por más festivos que sean- ganan en los imaginarios”.

El lenguaje es poder puesto en acción y, por ello, puto no es ni será una palabra neutra ni carente del imaginario social que la rodea, ni está exenta de la carga simbólica y cultural que la constituye. No reconocer que alrededor de la práctica de los aficionados mexicanos tras el despeje de meta existen rasgos homofóbicos es obviar que el lenguaje pesa y significa. Podemos justificar con pasión y de manera lúdica esta práctica, pero esto en nada cambiará el peso de las palabras.

Puto, no es ni será una expresión neutra… por más que la Federación Mexicana de Futbol se esfuerce en presentar la práctica de los aficionados como una costumbre y tradición, aunque pensándolo bien esto que ocurre en el futbol sí es una costumbre y una tradición pero no por su vínculo futbolístico sino por las profundas raíces homofóbicas de nuestra cultura.

@darwinfranco

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comentarios
  1. Manuel Alejandro Morales Rivera dice:

    Muy buen punto!!

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