Mamá Rosa, el Estado y los medios

Publicado: julio 25, 2014 en Ética en los medios, Comunicación, Periodismo
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La Gran Familia” de Zamora, México – Héctor Guerrero/AFP, publicada en http://www.republicagt.com

 

Por Darwin Franco

¿A quién le tocaba juzgar a Rosa Verduzco, mejor conocida como Mamá Rosa: a los medios o las autoridades? ¿Cómo se debió haber informado sobre el hecho? ¿Qué elementos periodísticos debieron preponderarse: la figura de Mamá Rosa, los testimonios de las víctimas, las situaciones del albergue La Gran Familia, la responsabilidad del Estado o el abandono de los padres?

La cobertura informativa alrededor de la detención de Mamá Rosa, al igual que el espectacular operativo montado por el Gobierno de la República (15/07/14), estuvo cargada de una espectacularidad que sirve de poco para entender cómo, por qué y bajo qué circunstancias esos niños y niñas fueron llevados a ese albergue cuando se supone que el Estado debió haber sido garante de su seguridad y protección. Hoy sabemos que lo que reinó fue la omisión de diversas autoridades que aseguran entregaron a los niños de buena fe, pues confiaron en la intachable reputación de Rosa Verduzco.

El centrar la cobertura mediática en la figura de Mamá Rosa generó mucho morbo y centralizó en su persona una responsabilidad que es aún más grande; con ello, y pese al criterio de inimputable determinado por la Procuraduría General de Justicia, no se quiere decir que ella sea inocente, no. Lo que se busca decir es que la información oficial y el trabajo periodístico debieron centrarse más en la trama de esta trágica historia y no únicamente en su personaje central y su desenlace.

Cuando una tragedia, como la vivida en el albergue La Gran Familia, se construye únicamente alrededor de un personaje lo que mediáticamente se pretende es hacer creer que “el todo” puede entenderse sólo a través de “una de sus partes”. Esta mal lograda sinécdoque que vimos en la mayoría de los medios, logró posicionar a Mamá Rosa como un personaje mediático que concentró versiones encontradas en la opinión pública, versiones que se centraban en ella pero no en el problema real que era el confinamiento de los menores que vivían en condiciones infrahumanas.

O en el esclarecimiento de los hechos que llevaron a un Juez de Jalisco a dictaminar “auto de formal prisión” contra cinco hombres y una mujer que trabajaban en el albergue La Gran Familia. A estos presuntos responsables se les acusa de delitos de delincuencia organizada, entre ellos 48 supuestos casos de secuestro, así como de trata de personas “con fines de mendicidad forzosa”. En la determinación de los delitos presuntamente cometidos han quedado fuera las diversas agresiones sexuales que han testificado diversos habitantes del albergue.

Hizo y aún hace falta más investigación de la autoridad y de los medios para ayudar a entender lo que hay detrás de La Gran Familia y de la exoneración legal (por motivos de senectud) de Rosa Verduzco, pues ella y los seis detenidos no son los únicos culpables porque para que en dicho albergue tuviera la sobrepoblación que presentaba hace falta saber qué funcionarios del Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF), en diversos estados, autorizaron el traslado de los menores; qué autoridades omitieron la revisión continua de las instalaciones; qué jueces y juzgados de lo familiar aprobaron las adopciones de los menores y cuáles fueron sus resolutivos; quiénes verificaron que los recursos dados por diversos organismos públicos (como la Secretaría de Desarrollo Social) a La Gran Familia que en muchos de los casos se destinaron para mantenimiento del albergue y para el sostenimiento de sus planes educativos; qué autoridades de la Secretaría de Educación Pública dejaron que este escuela-albergue siguiera operando  a pesar de sus pésimas condiciones y qué autoridades municipales y estatales de Michoacán se hicieron de la vista gorda ante las múltiple denuncias que existían desde hace años sobre las violaciones que se cometían en este lugar. Seis detenidos y una mujer inimputable son pocos ante tal tragedia.

La personificación mediática de lo sucedido en el albergue La Gran Familia, como en otros tantos casos, acaba por focalizar la opinión pública en un personaje dejando de lado el verdadero problema que es un Estado incapaz de ofrecer seguridad social a sus ciudadanos. El Estado dirá que es culpa de Mamá Rosa, que es responsabilidad de los padres que irresponsablemente abandonaron a sus hijos, dirá que él actúa de buena fe y son los ciudadanos los que fallan en una tarea que debiera ser estatal y no privada. Dirá que es culpa de todos cuando bien sabemos que la maleza crece en nuestro país por el grado de impunidad con el que se puede vivir y operar, ya sea desde un albergue, una cárcel, un curul en el congreso, una silla en Los Pinos, una noticiero en Televisa o un rancho en el Triángulo Dorado.

La impunidad, en este país, es también inimputable.

@darwinfranco

 

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