¡Vivos emigraron, vivos los queremos!

Publicado: noviembre 27, 2014 en Desapariciones Forzadas, Movimientos y resistencias sociales, Violencia y represión
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Por Darwin Franco

Ellas también son 43. Curiosa coincidencia en un 26 de noviembre que se cumplen dos meses de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. Ellas son 43, pero no son las buscadas sino quienes buscan a sus hijos que desaparecieron cuando desde Centroamérica viajaron para cumplir el sueño americano.

Estas 43 madres centroamericanas forman parte de la Caravana Puentes de Esperanzas que desde hace 10 años organiza Movimiento Migrante Mesoamericano con la intención de encontrar a los más de 60 mil migrantes centroamericanos que han desaparecido en México en su trayecto a los Estados Unidos. Los lugares de encuentro y búsqueda de este 26 de noviembre fueron Guadalajara y Zapopan, Jalisco.

Con las fotografías de sus familiares bien puestas sobre sus pechos, las 43 madres que este año integraron la Caravana (que arrancó el pasado 20 de noviembre y culminará el 7 de diciembre) llegaron a Guadalajara, el 26 de noviembre . No tenían nada más en mente que mostrar a sus desaparecidos y contar cuándo fue la última vez que supieron de ellos. Su esperanza es que alguien los haya visto o sepa algo de ellos les dé alguna pista para mantener la esperanza con vida.

Leticia Martínez

Así ocurrió con Leticia Martínez, madre de Mersa Yanira Mayorga Martínez desaparecida desde el 17 de noviembre de 2004, quien al paso de la Caravana por San Luis Potosí se enteró que su hija, de la que no sabía nada desde hace 10 años, está viva y tiene dos nietos: “Integrantes de la Cruz Roja en San Luis Potosí me dijeron que la vieron allá y que tiene dos hijos… la vieron ahí varias veces durante los cuatro meses que vivió ahí. Ahora sé que viajó a Tamaulipas para cruzar a los Estados Unidos, aunque al poco tiempo la deportaron a México… ahora sé que es posible que esté en Guadalajara porque acá la vieron trabajar en un restaurante pero ahora con el nombre de Silvia”.

Movimiento Migrante Mesoamericano ya está investigando los datos recabados para dar con Mera Yanira y terminar así el calvario de su madre, la cual no deja de sonreír de sólo pensar que pronto podría reencontrarse con ella y sus dos nietos. Nunca dejo de creer.

Foto María Delmis Valle con su hijo, Yanel Navarro Valle, en San Sebastián Tenochtitlán, Hidalgo. Foto La Jornada

Como tampoco lo hizo María Delmis Valle, madre de José Yanel Navarro. Éste dejó su hogar en Honduras hace 16 años y durante todo este tiempo no se supo nada de él. Su madre había anhelado volverlo a ver pero el tiempo fue duro con ella y su familia: “Fue pura tristeza el tiempo que pasamos sin él… pero también fueron tiempos de esperanza porque hace unos meses, por fin, tuve alguna noticia suya”.

José Yanel de 32 años se quedó a trabajar en un pequeño poblado de Hidalgo llamado San Sebastián Tenochtitlán. Sin el número de su casa, sin referencias y en un trabajo que lo tenía recluido dentro de un rancho ganadero no tuvo forma de avisar que estaba vivo: “Cuando nos vimos fue puro llorar… nos abrazamos y lloramos de tanta alegría. Él me explicó que durante esos 16 años no dejó de pensar en casa”; sin embargo, el trabajo que tenía no le daba siquiera para llamar a Honduras, pues ganaba alrededor de 500 pesos mensuales.

La explotación a los migrantes centroamericanos que deciden quedarse en México o que trabajan de manera temporal aquí hasta que logran llegar a Estados Unidos es tan terrible que muchos de ellos se ven forzados a trabajar por una paga miserable, tal y como le pasó a José Yanel durante los 16 años que trabajó para un hombre que, si bien, le dio comida y techo se aprovechó de sus necesidades. José Yanel y María, regresarán juntos a Honduras.

La otra cara de la búsqueda

En el andar silencioso que las 43 madres centroamericanas emprendieron de la Glorieta de La Normal en Guadalajara a la explanada de la Basílica de Zapopan, otro tipo de historias no tan afortunadas se dejaban escuchar. Historias que representan el común denominador de las explicaciones (si podemos llamarlas así) que las madres reciben por parte de las autoridades mexicanas cuándo les preguntan: ¿Dónde está mi hijo? o ¿Cómo van las investigaciones?

Iris Rivera

Así lo narra Iris Rivera, madre del hondureño José Rafael Rivera desaparecido hace cuatro años en Coatzacoalcos, Veracruz: “He sufrido de todo cuando he ido al Ministerio Público para que me digan cómo van los análisis de ADN que me tomaron y qué se sabe de la desaparición de mi hijo. El Ministerio Público, incluso, me dijo que eso del ADN sólo pasa en las telenovelas y que no me preocupara más por mi hijo”.

Para ella es triste ver que los migrantes centroamericanos son aún más invisibles que los desaparecidos mexicanos porque aquí (en México) ser migrante es un delito: “Su hijo es otro migrante más y muchos de ellos mueren todos los días… fue lo que me ha dicho una y otra vez el Ministerio Público que en Veracruz lleva mi caso”. Con su participación en la Caravana, Iris Rivera espera que, pese a las autoridades, su hijo la vea y sepa que lo busca.

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Una historia similar aunque más dramática vive Blanca Gómez, salvadoreña que no lleva en el pecho una sino dos fotografías de desaparecidos. Una fotografía es de su hijo, Luis Roberto Melgar Gómez, quien tiene ahora 24 años y de quien no se sabe nada desde el 3 de mayo de 2010 cuando la llamó desde Apizaco, Tlaxcala. La otra,  es la de su hermano de Nelson Heriberto Gómez Nieto, quien desapareció en la frontera con Estados Unidos, el 18 de julio del 2013. Él ahora tiene 37 años y en El Salvador lo aguardan su esposa y su hijo de 14 años.

Blanca Gómez no ha tenido pistas de ellos a pesar de que es la tercera Caravana en la que participa. La primera fue en 2011, le siguió la de 2013 y espera que en la de este año pueda tener aunque sea un indicio que le indique que ambos siguen con vida.

Así también lo esperan las mamás y familiares de Marvin Leonel Álvarez, Rafael Ernesto Murillo,  Juan Abel Díaz, Mario Elmer Hernández, Rafael Antonio Cabrera, Wiliam Gustavo Pérez, Darwin Aníbal Villatoro, Jackeline Morales, Carlos Casimiro Miranda, Jesús Sánchez, Johson David Rios, Nelson Javier Gutiérrez, Diana Maribel Rivera, Juan Carlos López, Bernardo Cruz, Mateo José Cutiérrez, María Inés Hernández, Mario Antonio Amador, Héctor Eduardo Rios, Tonis Armando Ramírez, Maribel Ávila, Darwin Alexis Ponce, Óscar López, Héctor Eduardo Rivas, Ericka María López, Humberto Rafael Paxto, Luis Roberto Melgar, Nelson Heriberto Gómez, Rafael Antonio Cabrera, Mario Elmer Hernández, Irvin Díaz, Marco Antonio Amado, Carlos Humberto Murillo, René Vilches y Brenda Suyapa.

Todos ellos presentes en las fotografías que portan sus familias, pero también a lo largo de una Caravana que, como ninguna de las otras marchas recientes en Guadalajara, logró conjuntar a la comunidad religiosa de Jalisco, la cual en este día decidió romper su silencio y distancia para marchar con las madres e, incluso, para portar pancartas con mensajes como: “México despierta, Nos Faltan 43” o “Me duele el silencio de la iglesia”, ambas portadas por seminaristas.

La Caravana de Madres Centroamericanas “Puentes de Esperanza” culminó su paso por Jalisco con una velada de oración en la explanada de la Basílica de Zapopan en donde además se conjuntaron con las madres de desaparecidos de Jalisco agrupadas en Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (FUNDEJ), organismo que en voz de Guadalupe Aguilar, madre de José Luis Arana desaparecido el 17 de enero de 2011 en el municipio de Tonalá: “Nosotros también buscamos a nuestros hijos y estamos aquí para abrazarlas… es una vergüenza que ni para Ustedes ni para nosotros haya justicia”, narró quien en su momento increpara al ex presidente, Felipe Calderón, exigiendo la búsqueda de su hijo.

En ese mitin final también tomó la palabra Fray Tomás, líder del albergue migrante La 72 y uno de los activistas religiosos recientemente amenazado por su defensa de los derechos humanos, en su participación recuperó parte del comunicado que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional emitiera el 21 de diciembre de 2012: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo (…) No hacen falta armas para transformar a nuestro país ni los países de Centroamérica, esto es una revolución y estamos transformando la historia desde nuestra fe y esperanza de búsqueda”.

Recordó además que esta exigencia de justicia al Estado es de todos y para todos. Para los miles de migrantes desaparecidos, para los desaparecidos en México y para esos 43 estudiantes normalistas que desaparecieron hace dos meses y de los que aún no sabemos nada. Fueron 43 estudiantes pero este 26 de noviembre son 43 madres las que buscando a sus hijos se encontraron con ellos a través de un solo grito: ¡Vivos se los llevaron, Vivos los queremos! ¡Vivos emigraron, Vivos los queremos!

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