¿Verdad histórica?

Por Darwin Franco Migues

Él dice conocer la verdad histórica de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. Él dice tener las pruebas científicas e irrefutables de que los integrantes de Guerreros Unidos asesinaron e incineraron a los normalistas. Él dice y asegura que sus palabras son ciertas pero esto no es un asunto de verosimilitud sino de credibilidad. Él afirma que toda indagatoria ha sido agotada porque ignorar las líneas de investigación que tocan al Estado también ha formado parte de su trabajo. Él dice y pregona que después de sus palabras no existe más; sin embargo, esto no es un asunto de dogmas de fe sino de justicia. Él dice y no se cansa de decir…

Pero ellos, los padres y los propios normalistas, saben que no hay verdad sin justicia y, por tanto, reconocen que no es facultad del Procurador General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, determinar el grado de culpabilidad de los implicados y mucho menos decretar la finalización del caso, pues éste no es juez y, por consecuencia, no puede determinar o limitar el accionar de la justicia. Él puede decir lo que quiera pero las pruebas de sus dichos deben sostenerse ante un juez y, más aún, ante la verdad que la historia construirá ante la tragedia que sucedió la noche del 26 de septiembre en Iguala, Guerrero.

Murillo Karam se equivocó cuando dentro de su carente histrionismo optó por llamar a los resultados de las investigaciones de la PGR: Verdad Histórica, y está equivocado porque la verdad histórica, en el marco del Artículo 20 de la Ley General de Víctimas, precisa que:

“Las víctimas y la sociedad tienen derecho a conocer la verdad histórica de los hechos. Las víctimas tienen derecho a participar activamente en la búsqueda de la verdad de los hechos y en los diferentes mecanismos previstos en los ordenamientos legales en los cuales se les permitirá expresar sus opiniones y preocupaciones cuando sus intereses sean afectados. Las víctimas deberán decidir libremente su participación y tener la información suficiente sobre las implicaciones de cada uno de estos mecanismos”.

¿A cuánto de esto tuvieron acceso los padres de los normalistas y a cuánto de esto acceden los familiares de las víctimas en México? El Procurador se equivoca con su definición de verdad histórica porque la justicia es el único camino para acceder a ella, no la evasión y la omisión que éste ofreció en la conferencia de prensa que dictó, sin cansarse, el 28 de enero.

Jorge Zepeda Paterson expresó en una columna publicada en el diario El País: “La autoridad enfrenta una terrible paradoja. Podría estar documentando una verdad (“una verdad histórica”, dijo Murillo Karam) para vender una enorme mentira: pretender que se ha hecho justicia. No sé si sean verdades históricas, pero sí que son verdades histriónicas. Con el dictamen del procurador Murillo la tragedia de Ayotzinapa queda “zanjada” judicialmente”.

Y al zanjarse también de forma mediática, agregaría yo, lo que ocurre es que el tema será analizado y visibilizado como si lo expresado por el Procurador (y ratificado por el ausente presidente Peña Nieto) fuese una verdad jurídica y judicial cuando lo que en realidad es un informe de un avance (no una conclusión) de la investigación que emprendió la PGR. Insisto esto no es un asunto de dogmas o de verosimilitud sino de credibilidad y justicia, y hasta que no se tengan bien claros los motivos de la desaparición de los 43 normalistas y no se confirme con pruebas científicas (y no sólo con dichos) lo que asegura la autoridad no habrá historia ni verdad que asuman como ciertos los desatinos gubernamentales.

Por tanto, no se puede aceptar que los 43 normalistas estén muertos y que su muerte haya sido producto de la confusión y, por ende, de la criminalización que los vincula con la banda rival de Guerreros Unidos: Los Rojos (¿Y quién demonios son ellos? ¿Cómo operan? ¿Quién los controla?). Nada de esto lo sabemos.

La verdad histórica, señor procurador, no está ni es cercana a sus palabras y explicaciones. La verdad histórica descansa y habita la lucha de las familias de los normalistas, y todos aquellos esfuerzos ciudadanos que están combatiendo el olvido con la memoria. La verdad histórica es ésta que construimos horizontalmente a través del dolor, indignación y solidaridad. La VERDAD HISTÓRICA es el acceso a la justicia y el castigo de todos aquellos que hicieron de esta tragedia un crimen de lesa humanidad y un CRIMEN DE ESTADO.

@darwinfranco

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