Aristegui y los periodistas

Publicado: marzo 19, 2015 en Ética en los medios, Periodismo
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Por Darwin Franco

¿Qué hubiese sido de Goyo, Regina, Moisés, Felicitas, Omar, Janet, “El Choco”, Luis Carlos, Teresa y de decenas de periodistas asesinados o desaparecidos en México, si hubieran tenido la misma cobertura política y mediática que la salida de Carmen Aristegui de MVS? ¿Los hubiésemos localizado? ¿Se habría hecho justicia en sus casos? ¿Conoceríamos la situación real que viven “los periodistas de a pie” de todo el país? ¿Estaríamos igual de encabronamos con las empresas mediáticas y la manera en que violan el derecho de las audiencias a saber? ¿Señalaríamos con la misma firmeza al gobierno por considerarlo el poder detrás de cada agresión a periodistas? ¿Qué hubiese sido de todos ellos que, como Aristegui, también pelearon la batalla por la libertad?

Tan lamentable es la partida de Carmen Aristegui de MVS Radio por la pérdida de pluralidad informativa que su espacio daba a la radio mexicana como la situación cotidiana de un reportero que no posee la estabilidad laboral ni la seguridad mínima para informar. Sin embargo, ambos son polos opuestos de un mismo atropello, palabras que utilizó la periodista para referirse a su despido en el streaming que realizó el 19 de marzo del 2014.

Los dos son atropellos y en ambos existen claras violaciones a los contratos laborales que los medios ofrecen hoy en día a los periodistas mexicanos. Uno, no obstante, ha mantenido todos los reflectores mediáticos y sociales porque no puede concebirse que Aristegui y su equipo, conformado por periodistas profesionales, quede fuera del aire ya sea por una cuestión empresarial (la mal utilización del logo de la empresa en el lanzamiento de la plataforma Mexicoleaks) o por un conflicto laboral entre dos particulares (el equipo de Aristegui y MVS), como aseguró enérgicamente la Secretaría de Gobernación, la cual apareció para evitar todas las sospechas que giran en torno a la presión que pudo generarse desde Presidencia para despedir a quienes hicieron público el caso de la Casa Blanca (ejemplo del nivel de corrupción y colusión en la administración de Peña Nieto).

El otro caso, el del periodista que labora con un salario muy bajo, sin prestaciones de ley, sin medidas de protección y en violación constante de sus derechos laborales parece calar muy poco en el debate público porque en este lado no todos somos estelares en nuestros espacios o no trabajamos en medios de alcance nacional e internacional. Esto también sucede porque hemos sido incapaces de alzar la voz como gremio y, por tanto, no generamos la cohesión necesaria para asumir como propias las carencias laborales de otros. Aquí han ganado las máximas: “Mientras yo esté bien y no tenga problemas, mejor calladito” y “Si ellos aceptan esas condiciones, ese es su problema”.

Desde el año 2012, a través del portal Nuestra Aparente Rendición, con el proyecto “Tú y yo coincidimos en la noche terrible” hemos venido registrando la muerte y desaparición de periodistas y trabajadores de los medios. En nuestro memorial tenemos 164 hojas de vida que forman una línea cronológica de agresiones a periodistas mexicanos desde junio del 2000 hasta el 2 de enero del 2015, fecha en que desapareció Moisés Sánchez Cerezo.

Estas muertes y desapariciones no han tenido tanta difusión como lo que hemos visto en torno a Carmen Aristegui y su extraordinario equipo. Es lamentable su despido porque su ausencia no pega a todos; sin embargo, qué sabemos de esos otros colegas que también pelearon la misma batalla que ella, por qué estos han sido sólo una nota breve en los medios, incluso en los que ellos mismos laboraban: ¿Qué hubiese sido de ellos con los mismos reflectores y apoyos sociales (#AristeguiSeQueda)? ¿Qué hubiese pasado si la sociedad hubiera manifestado el mismo enojo por su muerte y desaparición? ¿Qué hubiese pasado si el gremio periodístico hubiera dedicado el mismo tiempo para debatir acaloradamente sus casos, tal y como sí lo hicieron en torno a Aristegui?

El problema no es la relevancia social que la misma Aristegui, pues ésta se la ha ganado a pulso, sino esta miopía con la que hemos aprendido a fragmentar la realidad porque esta acción es la que nos ha impedido ver (como periodistas, medios y sociedad) que la pelea por la libertad (como llama Aristegui a la defensa de su espacio y equipo)  también la dieron Goyo, Regina, Moisés, Felicitas, Omar, Janet, “El Choco”, Luis Carlos, Teresa y los 155 periodistas que han sido asesinados o desaparecidos en México desde el año 2000.

¿Qué estamos dejando de ver en al ámbito periodístico cuando sólo vemos la figura de Aristegui? ¿Cómo podría usarse esta misma coyuntura para visibilizar nuestras condiciones laborales? ¿Qué tendría que pasar para que dejáramos de lado debates estériles (lo de Aristegui se veía venir, ella no es necesariamente periodista, gana demasiado…) y nos concentramos en alzar la voz por esta nuestra propia libertad? ¿Qué sería de nosotros si nos tomáramos más en serio?

@darwinfranco

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