Archivos de la categoría ‘Ética en los medios’

Por Darwin Franco Migues

¡Acuéstense, agáchense! Son las palabras que una mujer menciona dentro de una agencia automotriz cuando afuera un grupo de hombres con armas largas dispara de manera artera en contra del tercero al mando de la Comisaría de Seguridad Pública del municipio de San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, Francisco Javier Alejo Rodríguez y sus dos escoltas, Daniel Río Chávez y José de Jesús Hernández Centeno. Todo a plena luz del día y a un costado de la magna obra del actual gobernador del estado, Aristóteles Sandoval Díaz, la Línea 3 del Tren Ligero. Estos lamentables hechos que arrancaron la vida a los tres policías ocurrieron el 24 de febrero de 2016.

Un video de un minuto de duración, que se hace eterno porque el crujir de las balas parece extender el tiempo y la zozobra de quienes a plena luz del día lo presenciaron todo, vuelve a generar nosotros preguntas como: ¿Qué está pasando en Jalisco? ¿Qué se está dejando de hacer para que un grupo de hombres armados pueda asesinar a unos policías en una avenida muy transitada y luego pueda huir en total impunidad? ¿Por qué insisten en decirnos que todo está bien? ¿Por qué siguen afirmando que todo se trata de hechos aislados o de afrentas del crimen organizado contra las correctas acciones del gobierno? ¿Por qué no nos dicen la verdad?

Quizá la verdad no sea conveniente porque ya se podría seguir usando el eslogan gubernamental de “Bienestar, mereces estar bien” o porque, como mucho tino precisa la periodista Dalia Souza, el negar las cosas se ha convertido “en la excusa perfecta para enfrentar una realidad que han normalizado o en verdad temen”.

Si esto es así es posible entender, nunca justificar, que ante terribles hechos las autoridades de Jalisco respondan cosas como: “Todo está bien”, “esto forma parte de los ajustes de cuenta de lo grupos que operan en la zona”, “son reacciones ante el debilitamiento por las acciones que hemos emprendido contra el crimen”, “lo que sucede responde a la infiltración del narcotráfico en las policías municipales”, “no hay porque alarmarse es un hecho aislado”, “todo está bajo en orden”.

La normalización, el miedo e, incluso, la arrogancia pululan en estas frases que estamos cansados de escuchar porque en ninguna de ellas encontramos entendimiento y esto genera que la incertidumbre alrededor de lo que pasa crezca y se interiorice generando la misma sensación que seguramente tienen aquellos que las pronuncian para salir abantes de una situación en la que tienen una gran responsabilidad. La tarea del gobierno, ante la violencia, es hacer entender lo que está pasando no sólo informar lo que pasó.

La misma responsabilidad la tienen los medios de comunicación y la tenemos los periodistas que decidimos informar sobre la violencia que ocurre en Jalisco pues nosotros tampoco hemos hecho entender que la violencia y sus tercos hechos no son nuevos ni se reducen a un determinado suceso, como el ocurrido con los policías en Tlaquepaque, o se realizan en una sola región, como los múltiples enfrentamientos que hoy se viven en Lagos de Moreno, sino que forman parte de un mismo proceso histórico, el cual se ha venido alimentando y manifestando desde años atrás, así que nada de lo que nos está ahora pasando es un hecho aislado, ya que existen múltiples conexiones que no hemos visibilizado del todo, ya sea entre los principales delitos generados de manera directa e indirecta por el crimen organizado, específicamente por el Cártel Jalisco Nueva Generación, o través de las acciones de seguridad que no han dado los resultados esperados en materia de seguridad y procuración de justicia.

En Jalisco, por ejemplo, pasamos de una Procuraduría General de Justicia a una Fiscalía General, la cual a su vez incentivo la creación un grupo elite de policías que materializó en la Fuerza Única Jalisco y la Fuerza Única Regional; sin embargo, ni la violencia ni los principales delitos de alto impacto han disminuido como se anunció que pasaría. Hoy Jalisco está entre los cinco estados con mayor número de extorsiones, homicidios dolosos, fosas clandestinas y desapariciones en el país.

Estar ahí no es fortuito sino que responde a una situación que históricamente se ha tolerado o solapado porque al momento de hablar de lo que hoy nos pasa no existe, ni el gobierno ni en los medios, la correlación con el pasado, lo cual hace que todo se vuelva un presente donde lo que nos pasa parece no tener conexión porque todos resultan ser hechos infinitamente aislados de los que tenemos es una vasta información pero poco o nulo entendimiento.

Nuestra responsabilidad es hacer entender lo que pasa y en eso hemos fallado todos.

@darwinfranco

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Por Darwin Franco

¿Qué hubiese sido de Goyo, Regina, Moisés, Felicitas, Omar, Janet, “El Choco”, Luis Carlos, Teresa y de decenas de periodistas asesinados o desaparecidos en México, si hubieran tenido la misma cobertura política y mediática que la salida de Carmen Aristegui de MVS? ¿Los hubiésemos localizado? ¿Se habría hecho justicia en sus casos? ¿Conoceríamos la situación real que viven “los periodistas de a pie” de todo el país? ¿Estaríamos igual de encabronamos con las empresas mediáticas y la manera en que violan el derecho de las audiencias a saber? ¿Señalaríamos con la misma firmeza al gobierno por considerarlo el poder detrás de cada agresión a periodistas? ¿Qué hubiese sido de todos ellos que, como Aristegui, también pelearon la batalla por la libertad?

Tan lamentable es la partida de Carmen Aristegui de MVS Radio por la pérdida de pluralidad informativa que su espacio daba a la radio mexicana como la situación cotidiana de un reportero que no posee la estabilidad laboral ni la seguridad mínima para informar. Sin embargo, ambos son polos opuestos de un mismo atropello, palabras que utilizó la periodista para referirse a su despido en el streaming que realizó el 19 de marzo del 2014.

Los dos son atropellos y en ambos existen claras violaciones a los contratos laborales que los medios ofrecen hoy en día a los periodistas mexicanos. Uno, no obstante, ha mantenido todos los reflectores mediáticos y sociales porque no puede concebirse que Aristegui y su equipo, conformado por periodistas profesionales, quede fuera del aire ya sea por una cuestión empresarial (la mal utilización del logo de la empresa en el lanzamiento de la plataforma Mexicoleaks) o por un conflicto laboral entre dos particulares (el equipo de Aristegui y MVS), como aseguró enérgicamente la Secretaría de Gobernación, la cual apareció para evitar todas las sospechas que giran en torno a la presión que pudo generarse desde Presidencia para despedir a quienes hicieron público el caso de la Casa Blanca (ejemplo del nivel de corrupción y colusión en la administración de Peña Nieto).

El otro caso, el del periodista que labora con un salario muy bajo, sin prestaciones de ley, sin medidas de protección y en violación constante de sus derechos laborales parece calar muy poco en el debate público porque en este lado no todos somos estelares en nuestros espacios o no trabajamos en medios de alcance nacional e internacional. Esto también sucede porque hemos sido incapaces de alzar la voz como gremio y, por tanto, no generamos la cohesión necesaria para asumir como propias las carencias laborales de otros. Aquí han ganado las máximas: “Mientras yo esté bien y no tenga problemas, mejor calladito” y “Si ellos aceptan esas condiciones, ese es su problema”.

Desde el año 2012, a través del portal Nuestra Aparente Rendición, con el proyecto “Tú y yo coincidimos en la noche terrible” hemos venido registrando la muerte y desaparición de periodistas y trabajadores de los medios. En nuestro memorial tenemos 164 hojas de vida que forman una línea cronológica de agresiones a periodistas mexicanos desde junio del 2000 hasta el 2 de enero del 2015, fecha en que desapareció Moisés Sánchez Cerezo.

Estas muertes y desapariciones no han tenido tanta difusión como lo que hemos visto en torno a Carmen Aristegui y su extraordinario equipo. Es lamentable su despido porque su ausencia no pega a todos; sin embargo, qué sabemos de esos otros colegas que también pelearon la misma batalla que ella, por qué estos han sido sólo una nota breve en los medios, incluso en los que ellos mismos laboraban: ¿Qué hubiese sido de ellos con los mismos reflectores y apoyos sociales (#AristeguiSeQueda)? ¿Qué hubiese pasado si la sociedad hubiera manifestado el mismo enojo por su muerte y desaparición? ¿Qué hubiese pasado si el gremio periodístico hubiera dedicado el mismo tiempo para debatir acaloradamente sus casos, tal y como sí lo hicieron en torno a Aristegui?

El problema no es la relevancia social que la misma Aristegui, pues ésta se la ha ganado a pulso, sino esta miopía con la que hemos aprendido a fragmentar la realidad porque esta acción es la que nos ha impedido ver (como periodistas, medios y sociedad) que la pelea por la libertad (como llama Aristegui a la defensa de su espacio y equipo)  también la dieron Goyo, Regina, Moisés, Felicitas, Omar, Janet, “El Choco”, Luis Carlos, Teresa y los 155 periodistas que han sido asesinados o desaparecidos en México desde el año 2000.

¿Qué estamos dejando de ver en al ámbito periodístico cuando sólo vemos la figura de Aristegui? ¿Cómo podría usarse esta misma coyuntura para visibilizar nuestras condiciones laborales? ¿Qué tendría que pasar para que dejáramos de lado debates estériles (lo de Aristegui se veía venir, ella no es necesariamente periodista, gana demasiado…) y nos concentramos en alzar la voz por esta nuestra propia libertad? ¿Qué sería de nosotros si nos tomáramos más en serio?

@darwinfranco

“En tiempos de muerte la lucha contra el silencio es una lucha por la vida”.

Marcela Turati, periodista.

Por Darwin Franco Migues

¿Por qué tenemos que defender la libertad de expresión? ¿Por qué tenemos que alzar la voz cuando periodistas de MVS Radio son despedidos? ¿Por qué tenemos que reaccionar cuando decenas de periodistas, comunicadores son acosados, desaparecidos o asesinados por informar los atropellos y corrupciones de sus localidades? ¿Por qué no podemos mirar lo sucedido con el equipo de Carmen Aristegui más allá de su figura para, así, analizar cómo impacta esto a la libertad de expresión y al periodismo?

¿Por qué siempre debemos caer en posturas radicales que hacen parecer “común” lo que no es? ¿Por qué como periodistas nos escudamos en nuestra “objetividad” y no defendemos a la libertad de expresión que es la razón de ser de nuestro oficio? ¿Por qué pensamos que los problemas de otros colegas son SUS PROBLEMAS? ¿Por qué nos negamos a entender que si asesinan a un periodista en Veracruz, levantan a otro en Tamaulipas, amenazan a uno en Michoacán o corren a dos en el Distrito Federal, esto nos afecta a todos?

Defender la libertad de expresión es algo que va mucho más allá del periodismo y que, sin embargo, no puede hacerse sin los periodistas (defensores naturales de este derecho) porque emprender su defensa es parte de lo que nos toca hacer. Muchos dirán que eso nos vuelve “activistas” y que un “periodista”, en estricto apego a sus funciones, no tiene por qué andar defendiendo lo que les sucede a otros. Eso nos resta objetividad, dirán algunos.

Yo, en lo personal, creo que no existe en ello un conflicto de intereses y para precisarlo tomo prestadas las palabras que Marcela Turati, la cual expresa lo siguiente cuando algunos colegas le piden que defina si es activista o periodista: “Soy una periodista que defiende la libertad de expresión y el derecho de la gente a estar informada, ese rol no me mete en un conflicto de interés porque esos derechos nos toca defenderlos directamente a nosotros, son nuestra materia de trabajo, nuestra cancha, nuestro hábitat, lo que da razón de ser a nuestro oficio, que si permitimos que callen hoy a los de Veracruz o Coahuila o Michoacán pronto todos estaremos cercados por el silencio”.

Defender la libertad de expresión es la defensa de la verdad en contra de la opacidad y el silencio, es la defensa del derecho social de saber y estar informado. Por ello, creo que es nuestro deber defenderla porque como periodistas trabajamos para que ese derecho (que no sólo es nuestro sino de todos los ciudadano) se mantenga firme y no desfallezca ante los embates del poder.

Los ciudadanos confían en que hagamos valer este derecho y, por ello, no debe ser ajeno para nosotros lo que pasó con Moisés Sánchez, Gregorio Jiménez “Goyo”, Regina Martínez y muchos otros periodistas que han padecido por defender la libertad de expresión. No debe pasarnos de largo que Daniel Lizárraga -coordinador de la Unidad de Investigación de Noticias MVS Primera Emisión- e Irving Huerta, reportero de MVS Radio, fueron despedidos de dicha empresa por “ofensas y abuso de confianza”, ambos reporteros participaron en la investigación que develó los nexos de corrupción entre el presidente Enrique Peña Nieto y el Grupo Higa, dueños de la “Casa Blanca” en la que ahora vive (o vivía) el mandatario y su familia. No debemos olvidar que en México existen, desde el año 2000, 141 periodistas asesinados y 24 desaparecidos.

¿Acaso esto no merece que defendamos la libertad de expresión? ¿No merecen los colegas, la solidaridad del gremio? ¿Acaso podrá más nuestro escudo de objetividad que la lucha contra el silencio que amenaza con callarnos a todos? ¿Dejaremos que el silencio y la indiferencia nos roben la libertad de expresión y, con ella, el derecho saber? ¿Cuándo nos uniremos como gremio? ¿Cuándo sentiremos la necesidad de esa unión? ¿Hasta que seamos los próximos?

Los tiempos del autoritarismo están llenos de silencio. No formemos parte de éste.

Por Darwin Franco

Andrea Carolina es mujer de género, es su decisión. No viste como mujer ni es un travesti es: MUJER DE GÉNERO y se desempeña como docente en la Escuela Secundaria Mixta No. 4, ubicada en la colonia Estancia del municipio de Zapopan.

Andrea Carolina tuvo que esperar seis años para reintegrarse a sus labores de enseñanza porque en 2009 fue separada de su cargo por el procedimiento de responsabilidad administrativa PRA159/2009-E que la Secretaría de Educación de Jalisco (SEJ) realizó porque ella se presentó a laborar en ropa femenina. En su momento, el procedimiento resultó en amonestación y reubicación definitiva de su empleo. Ella defendió su derecho a decidir.

En noviembre del 2014, dicho procedimiento se anuló porque se incurrió en abuso de autoridad, pues no se le respetó a Andrea Carolina el debido proceso porque se violó su garantía de audiencia y defensa. Así que se hizo improcedente la amonestación y se restituyó como maestro frente a grupo a Sergio Alberto Márquez González, hoy Andrea Carolina. Ella tenía todo el derecho de regresar como profesora en enero del 2015.

Desde noviembre del 2014 hasta esa fecha ni la SEJ ni la Escuela Secundaria Mixta No. 4 implementaron alguna estrategia educativa o formativa en materia de derechos humanos que propiciara un escenario de no discriminación. No hicieron nada, razón que generó el espacio para que algunos de los padres se manifestaran en las instalaciones de la secundaria para exigir que Andrea Carolina se presentara a dar clases como el maestro Sergio: “En una primera petición se hizo que viniera vestido como está adscrito en la Secretaría, que es como el maestro Sergio y no como Andrea Carolina, que les hizo saber a los niños que será su nombre, ahorita ya no estamos en esa postura; queremos que nos den resultados óptimos y resultados que vayan en pro de nuestros niños, de nuestros hijos, y en pro de la calidad y de los principios que nosotros les hemos inculcado”, declaró Angélica Medina, presidenta de la Sociedad de Padres de Familia de la Secundaria Mixta No. 4.

Las quejas de estos padres ocasionaron que Andrea Carolina tuviera que suspender sus labores docentes en tanto se resolvían las audiencias que éstos solicitaron ante la SEJ. En la primera reunión, celebrada el 23 de enero, Andrea Carolina pidió se respetara su derecho al silencio y fue ella misma quien expresó, a través de perfil de Facebook, su sentir: “Resulta difícil ser imparcial en la propia descripción de la persona. Sería mucho más acertado que me conocieran por la opinión que tienen las demás personas de mí, tanto de las amistades como de quienes discrepan, de manera que usted(es) pudiese formarse un criterio. Ser mujer es mi convicción, pero en realidad soy una mezcla del hombre como imposición familiar y de la sociedad como de la mujer que fui gestando paralelamente”.

Andrea Carolina, como precisa Guadalupe Ramos – integrante del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem)-: “es una mujer de género y no alguien que sólo se viste de mujer para dar clases. Ella vive una vida como mujer y así lo ha hecho en los últimos años; por ello, resulta, discriminatorio que la Secretaría de Educación de Jalisco estableciera como solución la creación de un aula espejo para que los alumnos tengan derecho a decidir tomar o no la clase con la profesora Andrea Carolina”.

El 27 de enero, el Secretario de Educación de Jalisco, Francisco Ayón, sin ningún sustento jurídico, normativo o pedagógico anunció que la solución a las demandas de los padres (no a la discriminación de la que es víctima Andrea Carolina) es crear un aula espejo: “Vamos a cumplimentar la parte de no discriminación y también estaremos revisando el tema del derecho de los padres y los alumnos a tomar clases con quien ellos decidan pertinente”.

Para Guadalupe Ramos esta “distinción” para la generación de un aula espejo es un acto discriminatorio porque no se genera esa aula por criterios educativos o pedagógicos sino únicamente por la condición de género que decidió adoptar Andrea Carolina: “La medida es violatoria porque la Corte Interamericana de Derechos Humanos en una opinión consultiva ya estableció que para que una distinción no se convierta en discriminación debe cumplir con las siguientes exigencias: perseguir un fin legítimo y tener carácter objetivo, esto implica la existencia de una diferencia sustancial y no meramente formal, además de que esa diferencia debe ser relevante y poseer una importancia suficiente para justificar un trato distinto, pues no basta con que sea útil o conveniente”.

En ese sentido, como explica la integrante de Cladem, “no hay en la solución de la SEJ proporcionalidad entre la diferencia fáctica y la jurídica, entre los medios escogidos y los fines, ya que la medida no tiene sustento jurídico y, por ende, la desproporción entre el contenido del trato diferente y la finalidad propuesta lleva a la discriminación”.

Con aula espejo o sin ella, Andrea Carolina seguirá con sus clases: “Yo disfruto mucho la docencia y la razón que más se me ocurre de ello es que me encanta aprender, todos los días, lo que mejore la vida mía y de mis semejantes”.

 

La Gran Familia” de Zamora, México – Héctor Guerrero/AFP, publicada en http://www.republicagt.com

 

Por Darwin Franco

¿A quién le tocaba juzgar a Rosa Verduzco, mejor conocida como Mamá Rosa: a los medios o las autoridades? ¿Cómo se debió haber informado sobre el hecho? ¿Qué elementos periodísticos debieron preponderarse: la figura de Mamá Rosa, los testimonios de las víctimas, las situaciones del albergue La Gran Familia, la responsabilidad del Estado o el abandono de los padres?

La cobertura informativa alrededor de la detención de Mamá Rosa, al igual que el espectacular operativo montado por el Gobierno de la República (15/07/14), estuvo cargada de una espectacularidad que sirve de poco para entender cómo, por qué y bajo qué circunstancias esos niños y niñas fueron llevados a ese albergue cuando se supone que el Estado debió haber sido garante de su seguridad y protección. Hoy sabemos que lo que reinó fue la omisión de diversas autoridades que aseguran entregaron a los niños de buena fe, pues confiaron en la intachable reputación de Rosa Verduzco.

El centrar la cobertura mediática en la figura de Mamá Rosa generó mucho morbo y centralizó en su persona una responsabilidad que es aún más grande; con ello, y pese al criterio de inimputable determinado por la Procuraduría General de Justicia, no se quiere decir que ella sea inocente, no. Lo que se busca decir es que la información oficial y el trabajo periodístico debieron centrarse más en la trama de esta trágica historia y no únicamente en su personaje central y su desenlace.

Cuando una tragedia, como la vivida en el albergue La Gran Familia, se construye únicamente alrededor de un personaje lo que mediáticamente se pretende es hacer creer que “el todo” puede entenderse sólo a través de “una de sus partes”. Esta mal lograda sinécdoque que vimos en la mayoría de los medios, logró posicionar a Mamá Rosa como un personaje mediático que concentró versiones encontradas en la opinión pública, versiones que se centraban en ella pero no en el problema real que era el confinamiento de los menores que vivían en condiciones infrahumanas.

O en el esclarecimiento de los hechos que llevaron a un Juez de Jalisco a dictaminar “auto de formal prisión” contra cinco hombres y una mujer que trabajaban en el albergue La Gran Familia. A estos presuntos responsables se les acusa de delitos de delincuencia organizada, entre ellos 48 supuestos casos de secuestro, así como de trata de personas “con fines de mendicidad forzosa”. En la determinación de los delitos presuntamente cometidos han quedado fuera las diversas agresiones sexuales que han testificado diversos habitantes del albergue.

Hizo y aún hace falta más investigación de la autoridad y de los medios para ayudar a entender lo que hay detrás de La Gran Familia y de la exoneración legal (por motivos de senectud) de Rosa Verduzco, pues ella y los seis detenidos no son los únicos culpables porque para que en dicho albergue tuviera la sobrepoblación que presentaba hace falta saber qué funcionarios del Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF), en diversos estados, autorizaron el traslado de los menores; qué autoridades omitieron la revisión continua de las instalaciones; qué jueces y juzgados de lo familiar aprobaron las adopciones de los menores y cuáles fueron sus resolutivos; quiénes verificaron que los recursos dados por diversos organismos públicos (como la Secretaría de Desarrollo Social) a La Gran Familia que en muchos de los casos se destinaron para mantenimiento del albergue y para el sostenimiento de sus planes educativos; qué autoridades de la Secretaría de Educación Pública dejaron que este escuela-albergue siguiera operando  a pesar de sus pésimas condiciones y qué autoridades municipales y estatales de Michoacán se hicieron de la vista gorda ante las múltiple denuncias que existían desde hace años sobre las violaciones que se cometían en este lugar. Seis detenidos y una mujer inimputable son pocos ante tal tragedia.

La personificación mediática de lo sucedido en el albergue La Gran Familia, como en otros tantos casos, acaba por focalizar la opinión pública en un personaje dejando de lado el verdadero problema que es un Estado incapaz de ofrecer seguridad social a sus ciudadanos. El Estado dirá que es culpa de Mamá Rosa, que es responsabilidad de los padres que irresponsablemente abandonaron a sus hijos, dirá que él actúa de buena fe y son los ciudadanos los que fallan en una tarea que debiera ser estatal y no privada. Dirá que es culpa de todos cuando bien sabemos que la maleza crece en nuestro país por el grado de impunidad con el que se puede vivir y operar, ya sea desde un albergue, una cárcel, un curul en el congreso, una silla en Los Pinos, una noticiero en Televisa o un rancho en el Triángulo Dorado.

La impunidad, en este país, es también inimputable.

@darwinfranco

 

PORTADAS

Por Darwin Franco

“¿A quién le gustaría tener a un maestro de éstos (violentos) dando clase a sus hijos y además sin valores?”, precisa un reportero de Excélsior cuando trasmite “en vivo” el desalojo de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) de la plancha del Zócalo por parte de la Policía Federal, el pasado 13 de septiembre.

En cabina, las periodistas que conducen en Internet los diversos enlaces de este diario afirmaron lo siguiente: “Tienes razón la autoridad ya había tolerado mucho”, “Es legítimo el uso de la fuerza pública y además es necesario porque se requiere limpiar y recuperar el Zócalo para la celebración del Grito de la Independencia”; en otro streaming de Milenio Tv se escuchó algo similar: “Fundamental es la celebración del grito por lo que la acción de la autoridad es legítima, además los policías no vienen armados porque su objetivo es encapsular a los manifestantes para retirarlos del Zócalo”, a lo que agregó: “Ya se les había dado dos horas para retirarse, pero ahí se quedaron así que deben afrontar las consecuencias de sus acciones”.

En medios internacionales como CNN México, la línea editorial no parecía tener una apreciación distinta: “Los maestros se están preparando para atacar a la autoridad, la cual responderá con contundencia las agresiones… aunque se anunció que sólo usarán fuerza moderada. El objetivo es encapsular a los manifestantes”, más tarde cuando la Policía Federal había entrado al Zócalo, el reportero Rey Rodríguez, en un nuevo enlace, informó: “La policía está limpiando el Zócalo (…) ha logrado recuperar el lugar para celebrar el Grito de la Independencia”.

Si uno se pliega a la información generada por estos medios y al lenguaje desplegado por sus reporteros para precisarla es contundente el mensaje que nos mandan para minimizar –desde el lenguaje- el despliegue de la fuerza pública (el cual podrá ser legal, pero no necesariamente legítimo), pero también para precisar desde este uso lingüístico el carácter criminalizador y despectivo con el cual se construye (y ha construido) la representación social y mediática del maestro del CNTE.

Cuando al maestro se le nombra vándalo o persona sin valores se están diciendo muchos cosas más que esto; cuando la tolerancia se usa como un motivo que justifica la violencia se está siendo copartícipe de dicha acción; cuando se utilizan como sinónimos lo legal y la legalidad el mensaje que se envía hace parecer que todo uso de la fuerza pública es siempre justificable; cuando se opta por decir que a los manifestantes se les “está encapsulando” se resta peso a la fuerza de las acciones que derivaron en el acorralamiento, arresto y agresión de los mismos.

El peso y poder de las palabras en el ejercicio periodístico no es cosa menor y la cobertura que aconteció alrededor del desalojo del Zócalo ejemplifica –vía el lenguaje- parte fundamental de la línea editorial de los medios que se avocaron a su cobertura.

Si uno revisa las portadas de los principales diarios nacionales un día después del desalojo (14 de septiembre) verbos como: “limpiar y recuperar” dominaron la expresión de las acciones orquestadas por la Policía Federal, lo cual es muy grave en términos informativos porque si usamos “limpiar” para expresar lo sucedido se está diciendo que la autoridad (que llamó al diálogo) únicamente buscaba arrancar del lugar (el Zócalo) la suciedad que ahí imperaba y que, por tanto, la única acción posible era la “recuperación” del espacio (plenamente público) que “otros” (los indeseables, quienes lo ensuciaban) habían acaparado de mala manera. “Recuperar”, entonces, es una acción que precisa el triunfo de aquellos que (sin importar los medios) tienen nuevamente el control del espacio que hoy está limpio de manifestantes (¿Se puede liberar un espacio que no fue tomado a la fuerza, pregunto?).

La siguiente tabla expone la manera en que diversos diarios -de circulación nacional y de la Zona Metropolitana del Distrito Federal- titularon la noticia del desalojo del CNTE, aquí se  incluye tanto el bullet  como el titular de la  nota.

Diario

Titular y bullet de la nota del desalojo de la CNTE

Excélsior

Con operativo limpio terminan 26 días de ocupación

RECUPERAN EL ZÓCALO

La Jornada

Consuma la PF el desalojo de los maestros del Zócalo

EXPULSADOS

La Prensa

Tras ultimátum mayoría de maestros abandonaron el Zócalo; anarquistas atacaron a federales en varios puntos; 31 detenidos y 15 policías agredidos.

¡RECUPERADO¡

Milenio

La CNTE se retira por el ingreso de la Policía Federal; 11 agentes heridos y 31 personas detenidas

ZÓCALO RECUPERADO… Y “NO HAY MARCHA ATRÁS”

La Razón

LIBERAL AL ZÓCALO EN 10 MINUTOS

Reforma

Desaloja Policía Federal a maestros De la CNTE

RESCATAN EL ZÓCALO

Rumbo de México

La CNTE se traslada a Monumento a la Revolución

DESALOJAN EL ZÓCALO EN 10 MINUTOS

El Sol de México

Elementos de la Policía Federal obligaron a retirarse a los maestros

EN LIMPIO OPERATIVO LIBERAN AL ZÓCALO

El Universal

Maestros disidentes salen de la plaza ante el ultimátum de Gobernación

LIBERAN EL ZÓCALO; CNTE SIGUE EN EL DF

Uno más Uno

Policía Federal desalojó el Zócalo a pesar de las barricadas de la CNTE

¡LOS SACARON!

La reiteración de los verbos recuperar, liberar, limpiar y sacar precisan la estructura de enunciación que los diarios siguieron en la cobertura informativa y donde “la recuperación de la plaza” se enmarca como un triunfo del gobierno, el cual como precisó La Jornada expulsó a los manifestantes.

Este manejo informativo, precisado en las palabras para nombrar el hecho, hace explícita no sólo la agenda del medio sino también el enmarcamiento (framing) de su posición editorial frente éste, lo que llama la atención es la similitud de todos estos diarios en relación al cómo reportaron el hecho, pero aún más en las palabras que utilizaron para nombrarlo.

¿En dónde y por qué se generaron estas expresiones con las que los medios y los periodistas informaron (nombraron) el desalojo de los maestros del CNTE del Zócalo?

¿Por qué los streaming ciudadanos y de periodistas independientes que también informaron del hecho (en redes sociales como Facebook, Twitter, Youtube, Instagram, Google+, LiveStream o UStream) no nombraron así la realidad, que era la misma para todos?

¿Hubo línea detrás de esta cobertura o, simplemente, a los medios y sus periodistas se les ocurrieron las mismas palabras para nombrar a la violencia que con sus propios ojos y a través de los lentes de sus cámaras “encapsularon” aquel 13 de septiembre en el Zócalo?

Por Darwin Franco

La ética periodística cobra y tiene sentido cuando “el otro” (nuestro entrevistado, nuestro público, nuestra sociedad) se hace presente en las palabras que elegimos para nombrarlo y contar su historia. En cada una de las decisiones que tomamos y en cada recorte de la realidad que hacemos para informarle lo que ocurre a su alrededor.

Cuando pensamos en ese “otro” surgen los dilemas éticos y se hace necesaria toda reflexión, pese a que hoy la premura de la nota condiciona la búsqueda de la verdad por la primicia.  El tener consciencia del “otro”, en el trabajo periodístico, permite cobrar distancia para entender las implicaciones que tiene y tendrá la manera en que se informe sobre tal hecho o sobre determinada comunidad o persona.

Uno no puede escribir sin reconocer que aquello que será publicado o trasmitido tendrá implicaciones en los otros, ya sea porque afecte directamente la vida e imagen de los implicados o porque es mediante esta información que muchos terminarán por edificar la representación que tienen sobre determinada problemática. Si al ejercer el periodismo olvidamos al “otro” estaremos no sólo obviando el sentido de la ética sino desestimando la responsabilidad que tenemos al informar.

Escribir, entonces, puede ser fácil pero hacerse responsable de lo que se dice y de las implicaciones que esto tiene, no lo es. Es ahí donde los cínicos se hacen evidentes porque atrincherados en un anti-periodismo utilizan los medios para desentrañar “verdades” que, contrarias a toda ética, violentan el respeto que debemos de tenerles a los protagonistas de nuestra información, a sus familias, al público y a la sociedad.

Hace unos días en La Jornada Jalisco (10/07/13) se publicó la columna Bocajarro de Salvador Cosío Gaona, quien no es periodista pero tiene un espacio dentro del medio. En su texto titulado: “Hay evidencias que sugieren que Luis Antonio Ortiz y Andrés Barba no fueron ultimados el día de su secuestro”, hace alusión a un caso donde dos jóvenes fueron secuestrados y asesinados por las presuntas burlas que ambos realizaron contra un compañero de la escuela que resultó ser hijo del narcotraficante José Ángel Carrasco Coronel, alias “El Chagel”.

Sin más fundamentos que los “elementos gráficos claros e impactantes” a los que éste tuvo acceso a través de “fuentes certeras y confiables”, Cosío Gaona a través de una indolente narrativa violenta la privacidad de las víctimas y sus familias porque falto de toda ética describe una serie de especulaciones sobre la muerte de los menores.

No conforme con su indolencia gráfica, expresada en un texto que en nada ayuda a la comprensión del hecho, éste esgrime “argumentos” que sugieren (como si él fuese el Fiscal o un agente del ministerio público) que los chicos hicieron algo más que un simple bullying: “¿qué habrían hecho los jóvenes para que los torturaran tan sádicamente hasta que les causaran la muerte?, se pregunta Cosío Gaona, pero  en ningún momento otorga elementos de prueba, sólo tiene sus claros “elementos gráficos” que nadie sabe de dónde sacó y de qué manera los obtuvo.

Sin pensar en los menores, y mucho menos en sus familias, este columnista utilizó el espacio de un “medio crítico (de izquierda)” para criminalizarlos y arrojar una serie de hipótesis e imágenes que hieren a las familias de Luis Antonio y Andrés, las cuales habían solicitado a los medios que respetaran sus derechos, su privacidad.

¿Dónde queda el derecho de las víctimas y quién debiera preservar esto? ¿Por qué esa necesidad de criminalizar, sin pruebas, a los jóvenes? ¿Por qué tanta indolencia?

Aquí sumo una de las preguntas que la catedrática, Rossana Reguillo, le hiciera al columnista a través de su blog: “¿Pensó en el impacto que estas descripciones e hipótesis tendrán en las familias?”.

Si eso lo hubiera pensado Salvador Cosío Gaona, entonces, habría tenido un dilema ético y quizá hubiese reconsiderado las implicaciones de su texto y, en una de esas, habría recordado que la ética cobra y tiene sentido cuando uno es consciente del “otro y los otros”. Si lo hubiese pensado no habría criminalizado sino investigado, no habría sido tan indolente sino consciente del derecho de las víctimas de este absurdo crimen.

Escribir, entonces, puede ser fácil pero hacerse responsable de lo que se dice y de las implicaciones que esto tiene, no lo es. Ahí es donde los cínicos que juegan a realizar periodismo se hacen evidentes.