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Por Darwin Franco Migues

¡Acuéstense, agáchense! Son las palabras que una mujer menciona dentro de una agencia automotriz cuando afuera un grupo de hombres con armas largas dispara de manera artera en contra del tercero al mando de la Comisaría de Seguridad Pública del municipio de San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, Francisco Javier Alejo Rodríguez y sus dos escoltas, Daniel Río Chávez y José de Jesús Hernández Centeno. Todo a plena luz del día y a un costado de la magna obra del actual gobernador del estado, Aristóteles Sandoval Díaz, la Línea 3 del Tren Ligero. Estos lamentables hechos que arrancaron la vida a los tres policías ocurrieron el 24 de febrero de 2016.

Un video de un minuto de duración, que se hace eterno porque el crujir de las balas parece extender el tiempo y la zozobra de quienes a plena luz del día lo presenciaron todo, vuelve a generar nosotros preguntas como: ¿Qué está pasando en Jalisco? ¿Qué se está dejando de hacer para que un grupo de hombres armados pueda asesinar a unos policías en una avenida muy transitada y luego pueda huir en total impunidad? ¿Por qué insisten en decirnos que todo está bien? ¿Por qué siguen afirmando que todo se trata de hechos aislados o de afrentas del crimen organizado contra las correctas acciones del gobierno? ¿Por qué no nos dicen la verdad?

Quizá la verdad no sea conveniente porque ya se podría seguir usando el eslogan gubernamental de “Bienestar, mereces estar bien” o porque, como mucho tino precisa la periodista Dalia Souza, el negar las cosas se ha convertido “en la excusa perfecta para enfrentar una realidad que han normalizado o en verdad temen”.

Si esto es así es posible entender, nunca justificar, que ante terribles hechos las autoridades de Jalisco respondan cosas como: “Todo está bien”, “esto forma parte de los ajustes de cuenta de lo grupos que operan en la zona”, “son reacciones ante el debilitamiento por las acciones que hemos emprendido contra el crimen”, “lo que sucede responde a la infiltración del narcotráfico en las policías municipales”, “no hay porque alarmarse es un hecho aislado”, “todo está bajo en orden”.

La normalización, el miedo e, incluso, la arrogancia pululan en estas frases que estamos cansados de escuchar porque en ninguna de ellas encontramos entendimiento y esto genera que la incertidumbre alrededor de lo que pasa crezca y se interiorice generando la misma sensación que seguramente tienen aquellos que las pronuncian para salir abantes de una situación en la que tienen una gran responsabilidad. La tarea del gobierno, ante la violencia, es hacer entender lo que está pasando no sólo informar lo que pasó.

La misma responsabilidad la tienen los medios de comunicación y la tenemos los periodistas que decidimos informar sobre la violencia que ocurre en Jalisco pues nosotros tampoco hemos hecho entender que la violencia y sus tercos hechos no son nuevos ni se reducen a un determinado suceso, como el ocurrido con los policías en Tlaquepaque, o se realizan en una sola región, como los múltiples enfrentamientos que hoy se viven en Lagos de Moreno, sino que forman parte de un mismo proceso histórico, el cual se ha venido alimentando y manifestando desde años atrás, así que nada de lo que nos está ahora pasando es un hecho aislado, ya que existen múltiples conexiones que no hemos visibilizado del todo, ya sea entre los principales delitos generados de manera directa e indirecta por el crimen organizado, específicamente por el Cártel Jalisco Nueva Generación, o través de las acciones de seguridad que no han dado los resultados esperados en materia de seguridad y procuración de justicia.

En Jalisco, por ejemplo, pasamos de una Procuraduría General de Justicia a una Fiscalía General, la cual a su vez incentivo la creación un grupo elite de policías que materializó en la Fuerza Única Jalisco y la Fuerza Única Regional; sin embargo, ni la violencia ni los principales delitos de alto impacto han disminuido como se anunció que pasaría. Hoy Jalisco está entre los cinco estados con mayor número de extorsiones, homicidios dolosos, fosas clandestinas y desapariciones en el país.

Estar ahí no es fortuito sino que responde a una situación que históricamente se ha tolerado o solapado porque al momento de hablar de lo que hoy nos pasa no existe, ni el gobierno ni en los medios, la correlación con el pasado, lo cual hace que todo se vuelva un presente donde lo que nos pasa parece no tener conexión porque todos resultan ser hechos infinitamente aislados de los que tenemos es una vasta información pero poco o nulo entendimiento.

Nuestra responsabilidad es hacer entender lo que pasa y en eso hemos fallado todos.

@darwinfranco

Por Darwin Franco Migues

Moisés Sánchez (Veracruz), Jazmín Martínez (Nayarit), Abel Martínez (Oaxaca), Armando Saldaña (Oaxaca), Adolfo Lucero (Baja California Sur), Ismael Díaz (Tabasco), Juan Mendoza (Veracruz), Jorge Cháirez (Chihuahua), Gerardo Nieto (Guanajuato), Rubén Espinosa (Veracruz) y Juan Heriberto Santos (Veracruz), todos ellos periodistas y todos ellos asesinados en este año 2015.

Las investigaciones sobre su muerte “sospechosamente” han acabado en lo mismo: en nada, ya que –al parecer- nada tuvo que ver en su muerte el trabajo que hacían como periodistas. La autoridad dice que “simplemente les tocó estar en el lugar y en el momento equivocado” o, en el peor de los casos, son ellos mismos los principales responsables de su muerte porque seguro (una seguridad que se da sin pruebas): “andaban en malos pasos o con malas compañías”. Criminalizar antes que investigar y suponer antes que comprobar.

Así ha operado la impunidad y la injusticia en torno al asesinato de periodistas en México, y así puede leerse y constatarse en el proyecto “Tú y yo coincidimos en la noche terrible” que desde Nuestra Aparente Rendición (www.nuestraaparenterendicion.com) hacemos desde el año 2012. En este proyecto una comunidad solidaria de periodistas, académicos, estudiantes y activistas han investigado y escrito las hojas de vida de los periodistas que han muerto o desaparecido en México desde junio del año 2000 a la fecha.

En dichas hojas de vida hemos decidido incorporar tres elementos centrales: 2) Vida e identidad de quienes nos fueron arrebatados por la violencia, 2) Circunstancias de su muerte o desaparición y cómo esto se relacionaba al tipo de trabajo o investigación periodística realizaban, y 3) estado que guardan las investigaciones judiciales sobre sus casos. Al momento tenemos 166 hojas de vida de 172 compañeros que han muerto o desaparecidos en este México impune donde se cree que “se mata la verdad asesinando o desapareciendo a los periodistas”.

En la lectura de cada una de estas hojas de vida puede verse que en este país no existe autoridad alguna que le interese resolver la muerte de los periodistas porque de manera casi automática sus muertes se vinculan a crímenes pasionales, a situaciones circunstanciales o a vínculos con el crimen organizado.

Estas tres hipótesis que sostienen las autoridades de diversos estados del país sirven como base para entrampar y no investigar los verdaderos móviles de la muerte/desaparición de quienes ejercían una profesión de alto riesgo. Para ellos, sin embargo, esto no tiene relación alguna porque nunca “existen elementos o pruebas” que vinculen su muerte/desaparición con la labor que ejercían como periodistas, aunque en la mayoría de los casos nuestros colegas hayan denunciado públicamente acosos o amenazas de parte de autoridades a las que les incomodaba mucho su trabajo. Así lo hizo Rubén Espinosa, por ejemplo.

En México, el 25 de junio de 2012 se promulgó la Ley de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, la cual se supone daría “garantías, protección y seguridad a quienes denunciaran amenazas, hostigamiento o acoso producto del ejercicio de su labor o de su defensa de los derechos humanos”; sin embargo, ni esta legislación ni su Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas han garantizado una real protección para los periodistas y activistas.

Tampoco ha sido garante de esto, la Fiscalía Especializada en la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle). Esta Fiscalía fue creada en el año 2010 por la Procuraduría General de Justicia y desde ese año ha iniciado 718 averiguaciones previas por abuso de autoridad, amenazas, daño en propiedad ajena, homicidio, privación ilegal de la libertad y robo. Ninguna de estas investigaciones, a la fecha, ha derivado en la detención y consignación de los autores intelectuales y/o materiales involucrados en la muerte/desaparición de un periodista.

En conclusión, ninguno de los mecanismos jurídicos y/o periciales que existen en el país para la protección de periodistas han sido determinantes o, al menos, útiles para que cada una de sus muertes encuentren justicia o para que se realice una adecuada búsqueda de los colegas que actualmente siguen desaparecidos. La ley y las instituciones que la hacen prevalecer están ahí pero son grandes e inútiles elefantes blancos.

¿Quién nos protege como periodistas? ¿El Estado, las empresas mediáticas, la sociedad o nosotros mismos con nuestros propios recursos y conocimientos? ¿Quién debiera protegernos: el Estado, las empresas mediáticas, la sociedad o nosotros mismos?

La teoría diría que todas estas instancias; sin embargo, en la práctica sabemos que al Estado no le interesa solucionarlo, a las empresas mediáticas el tema les incomoda demasiado, a la sociedad le duele pero no termina por arropar la muerte de los periodistas y a nosotros (como integrantes del gremio) esto nos pega de manera contundente pero no hemos sido capaces de cohesionarnos y actuar en consecuencia pues en nuestro interior hay para quienes las muertes de sus colegas son sólo notas breves.

Debemos romper esta inercia, urge, aunque ahora no sepamos muy bien cómo hacerlo.

@darwinfranco

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Fotografía a las afueras del departamento donde fueron asesinados Nadia Vera, Yesenia Quiroz, Olivia Negrete, Mile Virginia y Rubén Espinosa. Foto: El Universal

Nadia Vera, Yesenia Quiroz, Olivia Negrete, Mile Virginia y Rubén Espinosa representan muchas cosas para este país tan cargado de violencia e incomprensión. Los cinco fueron cruelmente asesinados el pasado 31 de julio del 2015 dentro de un departamento de la colonia Narvarte en el Distrito Federal.

Dice la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) que toda esa saña fue a causa de un robo y que el multihomicidio nada tiene que ver con las amenazas que previamente habían recibido tanto Nadia como Rubén por su postura crítica al gobierno de Veracruz. Eso es punto y aparte.

Su muerte no sólo nos muestra la indefensión y vulnerabilidad en la que vivimos sino que además viene a confirmarnos que en el país ya no hay páramos seguros. Ya no podemos salir de un lado para refugiarnos en otro porque en este país la violencia y su infalible impunidad es capaz de seguirnos para hacer que nuestra muerte o desaparición se conviertan en hechos aislados o en asaltos brutalmente casuales donde, desde luego, habrá  una nula relación con nuestros quehaceres como periodistas o activistas. Todo será una lamentable cadena de casualidades que incluirán la criminalización y la no investigación porque hechos así sólo podrán ser explicados a través de lo absurdo pero no de la justicia.

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Homenaje a Rubén Espinosa en la Plaza Regina Martínez en Xalapa, Veracruz. Sitio donde el propio Rubén participó en la colocación de una placa en homenaje a Regina Martínez, periodista asesinada el 28 se abril del 2012.

Nadia Vera, Yesenia Quiroz, Olivia Negrete, Mile Virginia y Rubén Espinosa murieron porque en este país la denuncias por acoso o amenazas sólo sirven para ponernos más en riesgo. Murieron porque un grupo de hombres es capaz de entrar al medio día a un departamento para cometer terribles delitos sin que nadie vea o diga nada. Murieron porque aunque oficialmente se niega que el Estado participe abiertamente en el espiral de violencia que vivimos, muchos sabemos que las principales agresiones a los ciudadanos, periodistas y activistas vienen, justamente, de agentes gubernamentales.

Cinco víctimas que se suman a muchas otras que, como ellos, poseían vida, planes y sueños. Cinco víctimas que tenían nombres, ideas, ilusiones y sueños. La suspensión de su plan de vida a manos de arteros asesinos tiene que despertarnos de manera definitiva, ya que –al parecer- no hemos tenido suficiente con Tlatlaya, Ayotzinapa, Apatzingán, Tanhuato, Villa Purificación, Ostula e innumerables tragedias que nos duelen pero no terminan por despertarnos. Necesitamos despertar porque eso fue lo que todo el tiempo buscaron hacer con su trabajo tanto Nadia como Rubén. Por ello, su muerte no debe callarse ni olvidarse.

Nosotros, todos, debemos nombrarlos y recordarlos. Así como debemos nombrar a todas las personas que han muerto y desaparecido en esta guerra en contra del narcotráfico. Nombrarlas para no olvidarlas y para no olvidar que todas ellas, tal como pasó con Nadia, Yesenia, Olivia, Mile y Rubén, tenían vidas, planes y sueños.

Nombrarlos para recordar que la justicia no llegará si callamos y olvidamos. Nombrarlos para decir con fuerza que los ciudadanos no queremos ser víctimas de la violencia y la impunidad. Nombrarlos para que no se olvide lo difícil que es investigar y decir la verdad en un país donde, desde el año 2000 a la fecha, han muerto 147 periodistas y 24 más están desaparecidos. Nombrarlos porque nosotros también somos víctimas.

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Protesta del gremio periodístico en el Ángel de la Independencia en el Distrito Federal. Foto: Germán Canseco.

Nombrarlos porque si no caminamos en pos de la paz, la memoria y la justicia, ellos (los violentos e impunes) ganarán. Nombrar a todas las víctimas para que esta parte de nuestra dolorosa de historia sea escrita a través de nuestra lucha y exigencia. Nombrarlos porque Nadia, Yesenia, Olivia, Mile y Rubén, no son una cifra más y nos harán falta.

Nombrarlos porque este país tiene que tejerse a través de la memoria, la dignidad y la justicia y nunca más de la indolencia, el olvido y la impunidad. Nosotros, los nombramos.

@darwinfranco

Exigimos respeto al periodismo crítico y comprometido en el estado

 Guadalajara, 4 de mayo 2015

¿Quién puede interesarse en la información que posee una reportera?

¿Para qué necesita esa información y por qué el acecho?

Es lo que nos preguntamos los abajo firmantes, frente a la nueva tanda de amenazas, hostigamientos y agresión de la que ha sido objeto Jade Ramírez Cuevas Villanueva, quien principalmente publica en los medios de la Universidad de Guadalajara y que, además de ejercer el periodismo, es una activa defensora de los derechos humanos en específico de la libertad de expresión a favor de otros colegas de Jalisco y del país, quienes han sidoigualmente amenazados, agredidos, desaparecidos, torturados y asesinados, lamentablemente.

Desde 2010 la reportera ha enfrentado diversas amenazas, agresiones y hostigamientos por coberturas informativas que afectan los intereses de dependencias gubernamentales como la Comisión Estatal del Agua, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el gobierno del estado, así como entes privados que desarrollan mega proyectos en los Altos de Jalisco, como quedó denunciado ante la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos en contra de la Libertad de Expresión (Feadle), la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco y la propia Comisión Nacional de Derechos Humanos, sin que los actos de agresión resultaran plenamente investigados para el acceso a la justicia o garantía de no repetición.

Desde finales del 2014 se reactivó el acecho en contra de Jade Ramírez a través de correos electrónicos, visitas a su domicilio particular, llamadas y mensajes anónimos amenazándola de hacerle daño si no facilitaba el acceso a la información que posee. La materialización de las amenazas al forzar la chapa de seguridad de su apartamento para intentar ingresar mientras ella estaba dentro una madrugada, son actos que a todas luces atentan contra su integridad física, su vida y buscan inhibir su trabajo periodístico.

Jade Ramírez además de reportera en los medios de la Universidad de Guadalajara, colabora en publicaciones digitales y otros medios de manera constante. Simultáneamente, tiene actividades como Consejera en el Mecanismo de Protección a Defensores de Derechos Humanos y Periodistas de la SEGOB. Fue elegida para representar a la sociedad civil ante esta instancia y su involucramiento en casos delicados, complejos políticamente, así como atención especial a casos de otros periodistas. Esta función la ha colocado en una situación vulnerable ante las autoridades federales, como la misma Secretaría de Gobernación, la Comisión Nacional de Seguridad y la Procuraduría General de la República, que continúan resistiéndose a asumir la obligación y sus competencias de protección a quienes promueven y ejercen derechos y derivado de ello, se encuentran en peligro.

En el siguiente link, el pronunciamiento completo.

Pronunciamiento Periodistas de Jalisco sobre agresiones a Jade Rcv 2015

Por Darwin Franco

¿Qué hubiese sido de Goyo, Regina, Moisés, Felicitas, Omar, Janet, “El Choco”, Luis Carlos, Teresa y de decenas de periodistas asesinados o desaparecidos en México, si hubieran tenido la misma cobertura política y mediática que la salida de Carmen Aristegui de MVS? ¿Los hubiésemos localizado? ¿Se habría hecho justicia en sus casos? ¿Conoceríamos la situación real que viven “los periodistas de a pie” de todo el país? ¿Estaríamos igual de encabronamos con las empresas mediáticas y la manera en que violan el derecho de las audiencias a saber? ¿Señalaríamos con la misma firmeza al gobierno por considerarlo el poder detrás de cada agresión a periodistas? ¿Qué hubiese sido de todos ellos que, como Aristegui, también pelearon la batalla por la libertad?

Tan lamentable es la partida de Carmen Aristegui de MVS Radio por la pérdida de pluralidad informativa que su espacio daba a la radio mexicana como la situación cotidiana de un reportero que no posee la estabilidad laboral ni la seguridad mínima para informar. Sin embargo, ambos son polos opuestos de un mismo atropello, palabras que utilizó la periodista para referirse a su despido en el streaming que realizó el 19 de marzo del 2014.

Los dos son atropellos y en ambos existen claras violaciones a los contratos laborales que los medios ofrecen hoy en día a los periodistas mexicanos. Uno, no obstante, ha mantenido todos los reflectores mediáticos y sociales porque no puede concebirse que Aristegui y su equipo, conformado por periodistas profesionales, quede fuera del aire ya sea por una cuestión empresarial (la mal utilización del logo de la empresa en el lanzamiento de la plataforma Mexicoleaks) o por un conflicto laboral entre dos particulares (el equipo de Aristegui y MVS), como aseguró enérgicamente la Secretaría de Gobernación, la cual apareció para evitar todas las sospechas que giran en torno a la presión que pudo generarse desde Presidencia para despedir a quienes hicieron público el caso de la Casa Blanca (ejemplo del nivel de corrupción y colusión en la administración de Peña Nieto).

El otro caso, el del periodista que labora con un salario muy bajo, sin prestaciones de ley, sin medidas de protección y en violación constante de sus derechos laborales parece calar muy poco en el debate público porque en este lado no todos somos estelares en nuestros espacios o no trabajamos en medios de alcance nacional e internacional. Esto también sucede porque hemos sido incapaces de alzar la voz como gremio y, por tanto, no generamos la cohesión necesaria para asumir como propias las carencias laborales de otros. Aquí han ganado las máximas: “Mientras yo esté bien y no tenga problemas, mejor calladito” y “Si ellos aceptan esas condiciones, ese es su problema”.

Desde el año 2012, a través del portal Nuestra Aparente Rendición, con el proyecto “Tú y yo coincidimos en la noche terrible” hemos venido registrando la muerte y desaparición de periodistas y trabajadores de los medios. En nuestro memorial tenemos 164 hojas de vida que forman una línea cronológica de agresiones a periodistas mexicanos desde junio del 2000 hasta el 2 de enero del 2015, fecha en que desapareció Moisés Sánchez Cerezo.

Estas muertes y desapariciones no han tenido tanta difusión como lo que hemos visto en torno a Carmen Aristegui y su extraordinario equipo. Es lamentable su despido porque su ausencia no pega a todos; sin embargo, qué sabemos de esos otros colegas que también pelearon la misma batalla que ella, por qué estos han sido sólo una nota breve en los medios, incluso en los que ellos mismos laboraban: ¿Qué hubiese sido de ellos con los mismos reflectores y apoyos sociales (#AristeguiSeQueda)? ¿Qué hubiese pasado si la sociedad hubiera manifestado el mismo enojo por su muerte y desaparición? ¿Qué hubiese pasado si el gremio periodístico hubiera dedicado el mismo tiempo para debatir acaloradamente sus casos, tal y como sí lo hicieron en torno a Aristegui?

El problema no es la relevancia social que la misma Aristegui, pues ésta se la ha ganado a pulso, sino esta miopía con la que hemos aprendido a fragmentar la realidad porque esta acción es la que nos ha impedido ver (como periodistas, medios y sociedad) que la pelea por la libertad (como llama Aristegui a la defensa de su espacio y equipo)  también la dieron Goyo, Regina, Moisés, Felicitas, Omar, Janet, “El Choco”, Luis Carlos, Teresa y los 155 periodistas que han sido asesinados o desaparecidos en México desde el año 2000.

¿Qué estamos dejando de ver en al ámbito periodístico cuando sólo vemos la figura de Aristegui? ¿Cómo podría usarse esta misma coyuntura para visibilizar nuestras condiciones laborales? ¿Qué tendría que pasar para que dejáramos de lado debates estériles (lo de Aristegui se veía venir, ella no es necesariamente periodista, gana demasiado…) y nos concentramos en alzar la voz por esta nuestra propia libertad? ¿Qué sería de nosotros si nos tomáramos más en serio?

@darwinfranco

“En tiempos de muerte la lucha contra el silencio es una lucha por la vida”.

Marcela Turati, periodista.

Por Darwin Franco Migues

¿Por qué tenemos que defender la libertad de expresión? ¿Por qué tenemos que alzar la voz cuando periodistas de MVS Radio son despedidos? ¿Por qué tenemos que reaccionar cuando decenas de periodistas, comunicadores son acosados, desaparecidos o asesinados por informar los atropellos y corrupciones de sus localidades? ¿Por qué no podemos mirar lo sucedido con el equipo de Carmen Aristegui más allá de su figura para, así, analizar cómo impacta esto a la libertad de expresión y al periodismo?

¿Por qué siempre debemos caer en posturas radicales que hacen parecer “común” lo que no es? ¿Por qué como periodistas nos escudamos en nuestra “objetividad” y no defendemos a la libertad de expresión que es la razón de ser de nuestro oficio? ¿Por qué pensamos que los problemas de otros colegas son SUS PROBLEMAS? ¿Por qué nos negamos a entender que si asesinan a un periodista en Veracruz, levantan a otro en Tamaulipas, amenazan a uno en Michoacán o corren a dos en el Distrito Federal, esto nos afecta a todos?

Defender la libertad de expresión es algo que va mucho más allá del periodismo y que, sin embargo, no puede hacerse sin los periodistas (defensores naturales de este derecho) porque emprender su defensa es parte de lo que nos toca hacer. Muchos dirán que eso nos vuelve “activistas” y que un “periodista”, en estricto apego a sus funciones, no tiene por qué andar defendiendo lo que les sucede a otros. Eso nos resta objetividad, dirán algunos.

Yo, en lo personal, creo que no existe en ello un conflicto de intereses y para precisarlo tomo prestadas las palabras que Marcela Turati, la cual expresa lo siguiente cuando algunos colegas le piden que defina si es activista o periodista: “Soy una periodista que defiende la libertad de expresión y el derecho de la gente a estar informada, ese rol no me mete en un conflicto de interés porque esos derechos nos toca defenderlos directamente a nosotros, son nuestra materia de trabajo, nuestra cancha, nuestro hábitat, lo que da razón de ser a nuestro oficio, que si permitimos que callen hoy a los de Veracruz o Coahuila o Michoacán pronto todos estaremos cercados por el silencio”.

Defender la libertad de expresión es la defensa de la verdad en contra de la opacidad y el silencio, es la defensa del derecho social de saber y estar informado. Por ello, creo que es nuestro deber defenderla porque como periodistas trabajamos para que ese derecho (que no sólo es nuestro sino de todos los ciudadano) se mantenga firme y no desfallezca ante los embates del poder.

Los ciudadanos confían en que hagamos valer este derecho y, por ello, no debe ser ajeno para nosotros lo que pasó con Moisés Sánchez, Gregorio Jiménez “Goyo”, Regina Martínez y muchos otros periodistas que han padecido por defender la libertad de expresión. No debe pasarnos de largo que Daniel Lizárraga -coordinador de la Unidad de Investigación de Noticias MVS Primera Emisión- e Irving Huerta, reportero de MVS Radio, fueron despedidos de dicha empresa por “ofensas y abuso de confianza”, ambos reporteros participaron en la investigación que develó los nexos de corrupción entre el presidente Enrique Peña Nieto y el Grupo Higa, dueños de la “Casa Blanca” en la que ahora vive (o vivía) el mandatario y su familia. No debemos olvidar que en México existen, desde el año 2000, 141 periodistas asesinados y 24 desaparecidos.

¿Acaso esto no merece que defendamos la libertad de expresión? ¿No merecen los colegas, la solidaridad del gremio? ¿Acaso podrá más nuestro escudo de objetividad que la lucha contra el silencio que amenaza con callarnos a todos? ¿Dejaremos que el silencio y la indiferencia nos roben la libertad de expresión y, con ella, el derecho saber? ¿Cuándo nos uniremos como gremio? ¿Cuándo sentiremos la necesidad de esa unión? ¿Hasta que seamos los próximos?

Los tiempos del autoritarismo están llenos de silencio. No formemos parte de éste.

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¿Qué ganan ellos con tu muerte Moisés? ¿Qué despreciable forma de soberbia se gestó cuando el presidente municipal de Medellín de Bravo, en Veracruz, ordenó tu desaparición y posterior muerte? ¿Bajo qué forma burocrática te estuvieron buscando sin hacerlo? ¿De qué manera se construyó la impunidad que propició que, desde tu desaparición, no se investigara seriamente las amenazas que recibiste del alcalde panista, Omar Cruz Reyes? ¿Por qué hoy que nos anuncian tu muerte nos dicen que ahora sí irán por él? Preguntas, rabias, difusas respuestas, preguntas…

Moisés Sánchez mucho de lo que intentamos ser, dentro del ejercicio periodístico, hoy nos fue arrebatado tras el anuncio que la Procuraduria General de Justicia (PGJE) del Estado de Veracruz hiciera esta noche (25/01/15). Ellos no dicen que fuiste asesinado, el mismo día de tu desaparición(02/01/15). Esto nos dicen ellos pero tenemos muchas dudas.

Pasaron 23 tortuosos días pero tu familia, tu siempre insistente y admirable familia, no dejo de declarar que habías sido amenazada por Omar Cruz Reyes, alcalde de Medellín de Bravo. Se lo dijeron a todos, se lo dijeron a las autoridades de Veracruz, pero seguro ya sabes el tamaño de sordera que ellos poseen. No lo tomaron muy en serio, hoy parece demasiado tarde porque en México se está haciendo tradición darle tiempo a los alcaldes para que puedan huir en paz.

A Omar Cruz Reyes, estimado Moisés, lo citaron a declarar ante la PGJE de Veracruz el 12 de enero. Dijo no deber nada y, en efecto, nada aportó para encontrarte. Hoy lo buscan cuando lo tuvieron. Así es esto de la procuración de justicia en un estado donde en los últimos años han sido asesinados once colegas y tres más están aún desaparecidos.

Moisés Sánchez hoy nos anunciaron lo que no queríamos escuchar pero aún dudamos porque eso es lo que debemos hacer hasta que las autoridades ofrezcan pruebas contundentes de aquello que declaran. Deben de decirnos toda la verdad, deben de castigar a todos los implicados porque no basta lo que hoy se precisó si nada de esto lleva a la justicia.

¿Qué ganan ellos? ¿Qué perdemos nosotros? ¿De qué manera tu muerte indignara a una sociedad que no grita como debiera la muerte de sus periodistas? ¿Cómo seguiremos nosotros sabiendo que no estás?