Archivos de la categoría ‘Redes Sociales’

Por Darwin Franco

En la renombrada obra 1984 de George Orwell existía una policía del pensamiento que utilizaba unas máquinas llamadas telepantallas, las cuales tenían un micrófono integrado, para escuchar las conversaciones realizadas entre las personas que estuvieran cercanas a ellas. La escucha de estas conversaciones les permitía detectar posibles amenazas.

Su objetivo, muy similar a lo propuesto por Peña Nieto en las leyes secundarias de la Reforma en Telecomunicaciones en cuanto al control de la información que circula en Internet, era vigilar todo pensamiento (información) para evitar toda reacción en contra del “gran hermano” por parte de los ciudadanos y, así, eliminar todo rastro de privacidad en la vida del individuo. La idea era inhabilitar cualquier acción y, para ello, se tenía que censurar cualquier pensamiento crítico o subversivo. Si alguien cometía alguna falta, “las telepantallas” lo detectaban y el sujeto era “secuestrado y torturado” para hacer confesar los crímenes de pensamiento.

Esta analogía entre lo propuesto en la Reforma en Telecomunicaciones para regular Internet y las acciones implementadas por el “gran hermano” en la obra de Orwell, no es fortuita porque lo que se pretende es crear una policía de pensamiento que revisará lo que hacemos, mandamos y recibidos a través de la web, pero no sólo eso plantea ir más allá al dar facultades al gobierno para rastrear nuestra ubicación geográfica en tiempo real a través de las redes de telecomunicaciones y para suspender las mismas señales en momentos en que éste considere un riesgo para la seguridad nacional.

Las marchas en contra de las acciones del gobierno, por ejemplo, podrían estar sujetas a esta regla y así el gobierno solicitaría a los concesionarios (los cuales no tendrían más que obedecer, pues estarían obligadas por ley) a suspender las señales de celular, internet e, incluso, de radiodifusión en la zona que se indique, lo cual imposibilitaría saber qué paso ahí y podría dar paso a acciones represivas por parte de la autoridad, además de que se negaría el derecho a la comunicación y a la producción de información por parte de los ciudadanos presentes en la marcha o la de aquellos que quieran referir sobre el hecho, pues antes de que cualquier contenido sea publicado éste será previamente revisado por los prestadores de los servicios, pues el gobierno de Peña Nieto pretende hacerlos responsables de la información que publiquen sus usuarios y máxime si esta “información” es considerada ilícita por parte del gobierno mexicano.

 La creación del gran hermano

Dentro de las leyes secundarias turnadas por el Poder Ejecutivo al Congreso de la Unión, existía un punto que quería pasar desapercibido en medio de escándalo alrededor del favoritismo abierto de Peña Nieto hacia Televisa y, en menor medida, a Telmex/Telcel; en lo que se consideró como la segunda temporada de la llamada Ley Televisa.

Sin embargo, colectivos como el #YoSoy132 identificaron la abierta censura que se quería realizar a Internet y están marchando y exigiendo un #InternetLibreMX, pues las modificaciones en las leyes secundarias, a decir del movimiento, buscan no sólo limitar la libertad de expresión sino concentrar “más poder en el poder” al darle la facultad al gobierno para vigilar en las redes y pantallas todo lo que hacemos.

En el Capítulo VI denominado “De la neutralidad de las redes”, de la iniciativa de Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, se establecen una serie de artículos donde el gobierno busca “vigilar, censurar y limitar” lo que de manera libre compartimos en Internet para después “castigar y señalar” todo aquel contenido y/o usuario que desde su percepción representa una amenaza para la seguridad y estabilidad del gobierno. Es decir, establece las bases para que el gobierno censure Internet e imponga sobre éste una policía cibernética que abiertamente violentará nuestro derecho a la privacidad y a la libertad de expresión.

En los Artículos 145 y 146 se establecen de manera vaga ciertos criterios con los cuales el gobierno rompe con el principio de neutralidad de la red que establece que todo aquello que circular por Internet (textos, fotos, videos, gráficos, etc.) serán tratados como iguales sin discriminar su contenido, fuente origen y/o fuente de destino, esto implica que quienes ofrecen el servicio de Internet no pueden dar prioridad a ningún contenido sobre otro, por lo tanto, están impedidos para bloquear o revisar nuestros contenidos.

Sin embargo, el Artículo 145 establece una censura previa porque da facultades a las empresas para “bloquear el acceso a determinados contenidos, aplicaciones o servicios a petición expresa del usuario, cuando medie orden de autoridad o sean contrarios a alguna normatividad”. Pero esto va más allá porque en las fracciones I y II del mismo artículo, erradican el principio de no responsabilidad de los intermediarios sobre los contenidos que publican sus usuarios en sus plataformas, esto quiere decir que espacios como Google, Facebook, Twitter o Youtube en México estarán obligados a revisar (y censurar) nuestros contenidos para no ser cómplices de cualquier acción considerada como ilícita desde el gobierno mexicano.

Si esto no le parece tan grave, el miedo crece cuando se revisan los Artículos 189, 190, 191, 192, 193, 195, 196 y 197 de la iniciativa mandada por el Presidente Peña Nieto.

En el Artículo 189 se establece que toda compañía de telecomunicaciones estará obligada a “proporcionar la localización geográfica en tiempo real de cualquier dispositivo de comunicación que esté relacionado con una investigación en materia de delincuencia organizada”, lo cual no parece estar mal, pero prosigue porque esta misma facultad se les concede a los titulares de las instancias de seguridad o a cualquier funcionario público que así lo soliciten, esto independientemente de la existencia o no una averiguación. Ahí es donde se pervierte la norma.

El Artículo 190 da facultades para que las autoridades tomen posesión e intervengan, sin previo aviso, las comunicaciones privadas de los usuarios de cualquier compañía, y para ello, las empresas están obligadas a poner a disposición de la autoridad el equipo técnico y humano que requieran para llevar a cabo su labor de control, ejecución y vigilancia de las telecomunicaciones. Este control se extiende al Artículo 192 donde las empresas deberán realizar un registro y un control de todas las actividades de sus usuarios, el cual podrá ser consultado o solicitado por la autoridad para que ésta ubique: nombre, dirección, tipo y hora de la comunicación, y ubicación geográfica del dispositivo de comunicación.

En el Artículo 193 obligan a las compañías a crear un sistema para el resguardo de toda esta información y establece penalidades por alteración o destrucción de información, y en el Artículo 195 obligan a los concesionarios a que el área y personal donde se almacenará esta información esté disponible las 24 horas del día y los 365 días del año, pues no se sabe en qué momento la autoridad requiera el acceso a las comunicaciones de sus usuarios. En el Artículo 196 se establece que esto debe hacerse de manera inmediata cuando la petición esté relacionada con posibles amenazas a la seguridad nacional.

La cereza del pastel es el Artículo 197 donde se propone “bloquear, inhibir y anular” de manera permanente o temporal las telecomunicaciones, a solicitud expresa de las autoridades, en eventos y lugares críticos para la seguridad nacional. Este artículo no indica qué se entiende por “eventos y lugares críticos para la seguridad nacional”, los cuales podrían ser desde una marcha en contra de un medida gubernamental, un falso operativo de alguna instancia policiaca hasta una acción de revuelta social o la toma de armas por parte de ciudadanos como pasa ahora en Michoacán.

 Si pensamos en todas estas posibilidades, el gobierno podría cancelar toda señal para que nadie sepa qué pasó en realidad y, con ello, violentar los derechos humanos de los manifestantes, de los pobladores y de los ciudadanos. Esto sería una acción restrictiva sumamente terrible y violatoria de los derechos humanos y, específicamente, aquellos vinculados a la libertad de expresión y comunicación.

Si la tendencia se mantiene en el Congreso de la Unión y la iniciativa propuesta por el llamado Gobierno de la República se aprueba, no sólo tendremos medios masivos coludidos con el gobierno sino también una gran vigilancia en medios que, como Internet, consideramos libres y en los cuales se pretende instalar una policía del pensamiento.

“The Big Brother is watching you”.

#MarchaContraElSilencioMX

@darwinfranco

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Por Darwin Franco

Ubicados detrás de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que esperaban la entrada de Policía Federal en el Zócalo; localizados en las calles aledañas al centro histórico de la Ciudad de México; concentrados en las múltiples marchas que se perfilaron al Zócalo en apoyo de los maestros e, involuntariamente, presentes en los vagones del metro –hasta donde fue la policía tras los manifestantes– pero potencialmente distribuidos y conectados a través de Internet, fueron ellos: los ciudadanos y los periodistas independientes, los que dieron un sopeso al “encapsulamiento informativo” que reinó (y aún reina) la cobertura del desalojo de los maestros del CNTE del Zócalo, la triste tarde del 13 de septiembre.

Con celulares en mano y aún con el riesgo de ser arrestados o golpeados por la autoridad, éstos sacaron sus celulares y empezaron a compartir todo lo que veían a través de sitios como: Facebook, Twitter, Youtube, Instagram, Google +, LiveStream o UStream; comentarios, videos, fotografías y trasmisiones “en vivo” comenzaron a circular desde poco antes de las dos de la tarde y mucho tiempo después de que terminará el operativo de recuperación y limpieza que el Gobierno Federal, a través de la Policía Federal, ideó para tener el Zócalo disponible para el Grito de Independencia.

Estas acciones comunicativas que multiplicaron la potencialidad, de lo que teóricos como Manuel Castells llaman: auto-comunicación masiva, y que no es más que la posibilidad de que a través de diversos dispositivos conectados a Internet, los ciudadanos (usuarios) puedan conformar nodos de comunicación mediantes los cuales son capaces de generar, producir y distribuir información de todo tipo que va de muchos-a-muchos de manera interactiva y por múltiples plataformas, y no sólo de uno-a-muchos (característica principal de la comunicación masiva), ocasionaron que al menos los ciudadanos que estaban conectados a Internet en el trascurso del desalojo pudieran tener acceso a otro tipo de información que tuvo una mirada totalmente distinta a la que se generó en los medios masivos pero también en los sitios web que estás empresas tienen en Internet.

cntesequeda

A través de hashtag como #CNTEsequeda, #CNTE, #FuerzaCNTE, #13smx, #Desalojo, #DesalojoZócalo ó #Zócalo, tan sólo entre 13 y 14 de septiembre se generaron en Twitter y Facebook aproximadamente de 8 millones de post o tuits donde se hizo alusión al tema y/o por donde se distribuyeron múltiples contenidos, principalmente videos y fotografías (información generada por el cruce estadístico a través de las plataformas: TweetBinder, Hashtracking, Hashtagify.me y Whatthetrend).  Cabe aclarar que gran parte de este material también fue distribuido por aquello que colgaban en redes sociales los propios medios de comunicación; por ejemplo, en aplicaciones como TweetBinder o Hashtagify.me precisan que Milenio, Sin embargo.com, La Jornada y Revolución 3.0 fueron los medios más compartidos o retuiteados por los usuarios al momento del desalojo, pero también posterior a éste.

Sin embargo, el grueso de las interacciones se concentraron en aquellos contenidos generados o distribuidos por quienes –pese al corte de la señal de Internet en el Zócalo- desde sus celulares realizaron streaming para canales de video (Livestream, Ustream o Youtube) o para estaciones de radio en línea, o fueron subiendo en tiempo real videos y fotografías en todas las redes sociales.

Esta comunicación permitió, por ejemplo, desmentir el uso moderado de la fuerza pública anunciado por las autoridades; también evidenció las arbitrariedades en las detenciones forzosas que policías realizaron dentro y fuera del perímetro que rodea al Zócalo capitalino y en la ciudad de Xalapa, Veracruz, donde también hubo represión; evidenció que los grupos de choque (llamados por las autoridades del Distrito Federal, como anarquistas) no sólo fueron identificados por las autoridades sino que, incluso, algunos de estos grupos entraron al Zócalo escoltados por policías.

capturada1Esta información, desde luego, no salió en la mayoría de los medios, pero sí se viralizó rápidamente en las redes sociales donde esa comunicación muchos-a-muchos puso en evidencia el discurso mediático dominante que hablaba de un “operativo limpio y sin violencia”; sin embargo, esta contra-información debe extenderse fuera de Internet, ya que sólo así esta posibilidad informativa de romper el encapsulamiento informativo que vivimos se hará realidad, pues no debemos olvidar que el resto de la población sólo tuvo acceso a los discursos de “recuperación y limpieza” que manejaron Televisa y Tv Azteca y que al otro día replicaron en la mayoría de los periódicos nacionales.

Si no llevamos esta información fuera de la red sino la compartimos podríamos encapsularnos en esa misma libertad que nos hace creer que en Internet está todo el mundo y que aquello que produzco les llega a todos. La ida y vuelta –dentro y fuera de Internet- es lo que nos hará realmente medios de auto-comunicación de masas.

Por Darwin Franco

La información sobre los múltiples narco-bloqueos que sufrió ayer la ciudad de Guadalajara (09/03/12) nos sorprendió en plena clase de ética periodística, los alumnos más atentos a sus celulares y a la vorágine de información que se generaba a borbotones en las redes sociales no podían ocultar el desconcierto en sus rostros, su aflicción se incrementaba tras mirar las múltiples versiones (las periodísticas y las ciudadanas) que más que certezas –en ese momento- les generaban mucha confusión.

¿Qué está pasando? Me preguntaban y se preguntaban entre sí, a decir verdad yo tampoco sabía bien lo que ocurría, pues había salido de Guadalajara rumbo a Ocotlán, donde se ubica el Centro Universitario de la Ciénega al cual pertenece la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de Guadalajara, momentos después de que sucediera el operativo donde las fuerzas federales detuvieron a Erick Valencia Salazar, “El 85”, uno de los líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Ninguno de nosotros imaginaba que cuando hablábamos sobre la responsabilidad social del periodista y las implicaciones éticas que se derivan de ello, en Guadalajara y en las carreteras que justamente conectan a Ocotlán con la capital estaban generándose diversos hechos violentos provocados por el crimen organizado como reacción a la  detención de uno de sus capos.

Mientras ahondábamos en la ética periodística como un recurso práctico y no como un código de referencia, la realidad se desbordaba y exigía a todos esa capacidad de actuar y de ser mesurados y responsables con lo que uno informa al respecto ¿pero cómo interpretar la violencia y sus múltiples manifestaciones cuando la información básica se desconocía y lo que teníamos al alcance eran fotos de carros incendiándose o tweet/post señalando más ataques?

La sugerencia fue dejar todo lo que estamos haciendo para pensar en la manera en que periodísticamente tendríamos que actuar en esta situación ¿qué se puede hacer cuando sobre abundan las versiones de los hechos? ¿cómo ser mesurado cuando el ritmo de la información adquiere la categoría de Trending topic? ¿de qué manera retomar la información ciudadana de las redes sociales para afrontar la labor periodística?

Preguntas nada fáciles en tiempos donde el periodismo también parece estar siendo desbordado por la velocidad de la información y por su incapacidad de conectar la construcción informativa ciudadana con su quehacer cotidiano.

A la distancia y con la aparente tranquilidad del salón de clases, los alumnos se cuestionaban lo que debían que hacer y ponían en tela de juicio que tanta objetividad tenía la información que en esos momentos se generaba y cómo es que ésta incentivaba más el pánico que la reflexión. Mis cuestionamientos se centraron en preguntarles “qué harían ellos”, la pregunta los llevó a generarse diversos cuestionamientos porque para todos era difícil pensar cuando su preocupación giraba en torno a cómo llegarían a Guadalajara y a contestar las cada vez más recurrentes llamadas de sus familiares que les pedían que se quedarán en Ocotlán, pues la ciudad había colapsado.

¿Es posible hallar la mesura ante situaciones inéditas para esta ciudad? ¿Cómo informar sobre la violencia y cómo analizarla sin caer también preso del propio miedo?

Con las incertidumbres como eje de su reflexión, los alumnos precisaron que el principal deber del periodismo ante una situación tan violenta es ser responsable de lo se dice e informa, es ser honesto y presentar hechos contextualizados para evitar –en la medida de lo posible- caer en interpretaciones básicas e imprecisas como las que vimos en las redes sociales, pero también acordaron que es vital trabajar con la ciudadanía y constatar con ellos y a través de ellos la veracidad de sus miedos. La responsabilidad es compartida porque en el periodismo no debemos asumir el rol de héroes o salvadores sino personas comprometidas con los otros. Ahí está el valor ético de lo debemos hacer.

Sin embargo, nuestras conclusiones contrastaban demasiado con la manera en que se condujo la información sobre los ataques, ya que la mayoría de los medios (locales y nacionales) dejaron de lado la mesura y se enfocaron en hacer de la violencia un nexo comercial al volverla un excelente pretexto para convertirse ellos en la noticia y, entonces, si presumir que “fueron los primeros, que informaron antes que nadie, que tuvieron la mayor cobertura, etc.”. Es decir, realizaron un periodismo donde el centro de la información era su labor y no los hechos, lo cual –creo yo- contribuye enormemente a la generación del pánico porque en ese afán de protagonismo se magnifican los hechos (que de por si tenían esa característica) provocando más alarma y pánico en una población que si algo tenía sobre los ataques era demasiada información pero pocas explicaciones.

Aunque también hay que destacar la labor y arrojo de diversos medios (Notisistema, Medios UdeG, Milenio Jalisco, El Informador, entre otros…) que detectaron rápidamente que lo importante era el servicio y la labor pública/social que se tenía que realizar al momento, pero aunado a ello acompañaron a la nota de información precisa que contribuyó en mucho a entender lo que pasaba.

También nosotros, como ciudadanos/usuarios, tenemos mucho que aprender porque la posibilidad de ser medios de auto-comunicación masiva –como llama Manuel Castells a la manera en que en nuestro rol de usuario adquirimos la posibilidad de ser gestores y productores de una información que técnicamente llega a muchas personas- conlleva igualmente una alta dosis de responsabilidad, y con esto no estoy oponiéndome a la información ciudadana, ya que ésta fue vital para que muchos de nosotros evitáramos las zonas de conflicto. Lo que quiero destacar en que al igual que en el periodismo y los medios, nosotros como usuarios podemos caer en esa misma dinámica y realizar interpretaciones equivocas o apresuradas. Es decir, debemos ser responsables no sólo de lo que ponemos en Facebook o Twitter sino también de aquello que linkeamos o retwitteamos. También el pánico lo podemos generar nosotros.

Son muchos los retos que tenemos en un estado actual de las cosas donde la institucionalización de la violencia y las ciudadanía del miedo (como se ha dicho en este blog) parecen tornarse estados naturales de nuestra realidad. La violencia nos ha alcanzado a todos y eso nos exige un ejercicio más fuerte de nuestras ciudadanías porque la estabilidad no se conseguirá refugiándose en casa sino saliendo de ella, tomando las calles que siempre han sido nuestras para decirles a aquellos que las bloquearon que estamos aquí y no nos iremos.

Por Darwin Franco

Cuando una persona es incapaz de citar “tres libros” que le han marcado en la vida queda absolutamente comprobada su incapacidad no sólo lectora sino también cultural, pero eso poco importa si a la entrada y salida de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) te esperan un cúmulo de personas que al ritmo de mariachi y música de banda están convencidas de que el rumbo que merece el país está en la apariencia física y no en la capacidad político-intelectual. Ambos hechos comprueban que algo anda muy mal.

El show político de Enrique Peña Nieto, pobremente devenido en reality show, tuvo un punto álgido en su Conferencia Magistral titulada: “Por un acuerdo nacional para impulsar el desarrollo”, que ciertamente lo único que desarrolló plenamente fue el hashtag: #LibreriaPeñaNieto, pues el candidato del PRI a la presidencia atribuyó al historiador Enrique Krauze la novela “La Silla del águila” perteneciente a Carlos Fuentes.  Novela que, por cierto, mucho tiene de similitud con sus aspiraciones presidenciales, salvo que ésta es literatura y no un show televisivo.

Tal es el show alrededor de la equivocación de Peña Nieto que las redes sociales, pese a la censura del hashtag, han hecho lo que han querido con esta equivocación y con la defensa “inocente” que la hija y el yerno de Peña Nieto hicieron de éste en el Twitter al llamar a sus detractores: “pendejos y proles”. ¡Qué bonita familia!

Sin embargo, más allá del error político y de sentido común de Enrique Peña Nieto, lo verdaderamente grave es la manera en que los ciudadanos construimos la opinión pública y política en torno a éste, pues por centrarnos en el error se nos olvidó las graves y peligrosas respuestas que el aspirante presidencial dio en materia de seguridad; ahí, frente a un público “intelectual”, dijo que no piensa detener la lucha contra el crimen organizado e, incluso, precisó que de ganar mantendría al ejército en las calles, pues su plan es tener una policía confiable y una vez que esto se vuelva una realidad, entonces sí, los militares regresarían a sus cuarteles. Continuidad a la guerra, en pocas palabras.  

¿Por qué obviamos tan cruciales respuestas y nos concentramos en su error? ¿Será que el análisis político del público presente, de la prensa y de los usuarios de las redes sociales se acaba en la tercera pregunta referida a los libros que marcaron la vida de Peña Nieto?

Siendo la seguridad un tema tan vital de cara a la agenda político-electoral, estas respuestas se quedaron en el tintero, nadie protestó en la sala ni nadie se quejó en las redes sociales de tan descarada insensibilidad política. Al contrario, nosotros preferimos reparar en su falta de cultura lectora antes que juzgar y criticar con el mismo entusiasmo e ingenio su propuestas de seguridad pública ¿Será que nuestra cultura política está al mismo nivel que la capacidad de Peña Nieto para recordar libros? ¿Dónde queda la memoria ciudadana?

Este Homo PRIdens, en alusión al polémico concepto de Homo videns acuñado por el politólogo Giovanni Sartori para nombrar el sujeto que ha perdido su capacidad analítica por la supremacía de la imagen sobre la lecto-escritura, dejó en claro que lo suyo es la cultura televisiva y no eso de los libros porque al final de cuentas y como buen mexicano, nuestro imaginario de nación no descansa en la lectura, sino en la recepción televisiva y, peor aún, en la que ofrecen Televisa y Tv Azteca. Ahí él sí se mueve como candidato en la urna.

Esto, sin duda, no implica que estemos indefensos ante los mensajes televisivos, no. Lo que pasa es que históricamente hemos estados condicionados a la construcción de la realidad que pasa por sus pantallas; por ello, Peña Nieto ha aprendido muy bien su guión, sino cómo se explica que por la mañana sin tanta “tele” éste evidenciará su ausencia de cultura y por la tarde su emotividad discursiva le generara tantos insumos políticos al seguir el guión que se le dio para participar en el cuestionado Teletón. 

Y mientras tanto muchos de nosotros perdimos nuestro tiempo twitteando y posteando lo sucedido con Peña Nieto cuando lo que deberíamos de haber cuestionado es nuestra propia capacidad de análisis político y el poco nivel de contextualización sobre aquello que opinamos, pues muchos sólo han visto el video donde se hace evidente el error del candidato tricolor, pero pocos han visto aquel donde Peña Nieto, en la misma FIL, se muestra insensible ante las múltiples tragedias que ha generado la guerra contra el narco. ¿No será que también somos tenemos algún rastro de aquel Homo Videns, solo que en lugar de una pantalla tenemos muchas?

Como twett ciudadanos pareciera que nuestros argumentos políticos se desvanecen a la misma velocidad que surgen nuevos hashtags, pues la vertiginosidad lleva a la gran mayoría a opinar sin reflexión; si en la relación con las tecnologías “el soporte es el destino”, como asegura Alejandro Piscitelli, queda claro con este caso que la propia interfaz de las redes sociales están siendo nuestra prisión y nuestra libertad, pues por un lado nos permite aliarnos con los otros usuarios que comparten nuestro sentir social y desde este filtrado colaborativo actuar y, por otro, nos hace partícipes de un tsunami de opinión que eleva a temas de relevancia nacional cuestiones simplemente absurdas. Es decir, estamos frente a un nuevo sistema político-comunicativo que con las mismas herramientas nos ata y confunde, pero también nos da libertad e independencia.

¿Qué estamos haciendo de nuestra cultura política al hablar aún del error de Peña Nieto? ¿Cómo estamos construyendo la opinión pública en temas como éste habiendo otras cuestiones muchísimo más urgentes? ¿Ahí se acaban nuestros argumentos políticos?

¡Qué tire el primer twett aquel que esté libre de pecado! @darwinfranco

Por Darwin Franco

“Crear y explorar un archivo visual de tu vida social”  Esa es la invitación que hace la empresa Intel a los millones de usuarios de Facebook a través de la aplicación “The Museum of me” (http://www.intel.com/museumofme/r/index.htm). Esta  peculiar aplicación virtualmente materializa lo que día a día hacemos en las redes sociales porque coloca en un museo ese vaciamiento del yo que queda plasmado en diversas salas que se nutren no de lo que uno (como persona) verdaderamente es sino, particularmente, de lo que uno  muestra, de lo que uno deja de sí mismo en el “Feis” cuando se escribe, linkea, postea, sube, comenta o aprueba.

Ese “sí mismo”, como dijera mi colega Víctor Hugo Ábrego, queda plasmado en las salas de un museo virtual donde uno no sólo es la pieza artística sino también es el curador, el crítico, el asitente, el espectador…  “Una obra” que no se construyó por la iniciativa ajena sino que se fue finamente tejiendo a través de las acciones conscientes ó inconscientes, individuales ó colectivas que tanto uno como los otros fueron decidiendo. A veces, en el feis, para estar sin estarlo basta con que lo etiqueten, y eso ya forma parte del historial, del “me gusta”.

The museum of me es un recorrido visual donde uno se mira a sí mismo en salas que van destacando lo que uno construyó de sí en el Facebook:

Primero, la  sala de los amigos, pero no cualquier amigo sino aquellos con lo que más nos vemos y leemos “la feis”.

Después las fotos que hemos trepado  a la red social para decir visualmente “cómo soy” y con quienes más y en qué situaciones “soy en el mundo”.

La tercera sala da constancia de nuestras palabras en el muro… esas que a veces son efímeras y otras veces constantes. Lo cierto es que esta sala  te dice cuál es la palabra que más reiteradamente te define. Yo fui una gran “qué”.

La cuarta sala es la de “Me gusta”, esta es la de las complacencias. La que dice a través de un pulgar “quién y cómo eres” a través de lo que que te gusta. Por eso ahí aparecen  los links o videos que aprobamos, lo que consumimos junto con otros. Como diría Néstor García-Canclini, “consumos que sirven también para pensar” (“Me Gusta”). 

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Y finalmente la exposición acaba con una representación de nuestra red social que se desdibuja en miles de nodos que nos conectan con uno mismo, pero también con lo otro y los otros.

Una galería del ego, diría mi amiga Tere Moreno, un recorrido por el “yo virtual”, un paseo por lo que uno es… lo cierto es que esta apliación inminentemente narcisiana es tan facinante como inquietante porque nos deja ver nuestro recorrido, nuestro paso por una biografía que diariamente reinventamos u omitimos.

!También, a veces, uno puede ser eso que vale la pena admirar”