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Por Darwin Franco  Migues

¿Cuál sería la verdadera misión cumplida en relación a la guerra contra el narcotráfico: detener nuevamente al capo que se había escapado en dos ocasiones de prisiones de “máxima seguridad” producto de la corrupción o terminar con las estructuras económico-financieras que hacen posible que narcotraficantes como El Chapo Guzmán sigan delinquiendo en total impunidad dentro y fuera de la prisión?

Si Usted, señor Presidente, siente que la misión está cumplida únicamente con la detención de los capos de la droga es claro que desconoce el trasfondo de aquello que dice combatir, ya que el verdadero combate al narcotráfico no se dará en tanto el dinero de la industria del trasiego de la droga esté impunemente intacto, tal y como lo ha estado desde que su antecesor, Felipe Calderón, decidió arrancar la guerra contra el narcotráfico que Usted ha continuado únicamente desde las armas y la violencia pero no a través de las labores de inteligencia que, aseguró, propiciaron la reaprehensión de quien hace seis meses se le escapó por un túnel y que aún desde El Altiplano siguió operando el poco o mucho poder que aún tenía (¿tiene?) dentro de la estructura del Cártel de Sinaloa.

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Si su misión está cumplida porque tuvo a bien escribir un mensaje en Twitter para avisarnos de la captura del Chapo Guzmán pero antes –oportunamente- olvidó dar la cara para explicarnos el porqué del desplome de la economía tras la caída del precio del petróleo y el crecimiento del dólar frente al peso, nos vuelve a quedar nuevamente claro que su gobierno no es el de las acciones políticas sino el de las apuestas mediáticas, pues si hay algo que le debemos reconocer es que Usted tiene un timing preciso al momento de soltar este tipo de “bombas” aunque hablando con franqueza, señor Presidente, ese mismo timing luego se le revierte cuando en su gobierno son incapaces de realizar las acciones políticas correctas que garanticen que la acción más relevante para su gobierno –como lo fue, la primera detención de El Chapo– no terminen evidenciando el gran nivel de corrupción que existe en su gobierno, ya que la segunda fuga del capo terminó por desdibujar su promesa del “Saving México”, la cual –incluso- era inexistente cuando se dejó desaparecer a 43 normalistas y, a por lo menos, 10 mil personas más bajo su administración. Aquí, señor Presidente, nadie está seguro si en sus poco más de tres años de gobierno se han cometido 60 mil asesinatos.

Por ello, de ninguna manera podremos aceptar que la misión se cumplió cuando lo único que realizaron las fuerzas federales fue subsanar el error que se cometió cuando se generaron todas las condiciones para que Joaquín Guzmán Loera escapara, en julio pasado, de  la prisión de El Altiplano, así como tampoco permitiremos que haga de la reaprehensión de El Chapo, el segundo logro más importante de su administración (el primero, aunque parece ya una broma, fue reaprehenderlo por segunda ocasión).

Sin embargo, sabemos que para hacer esto tiene a las televisoras que son de tan corta memoria y tienen tan escasa responsabilidad social. Ellas, como ya lo vimos en sus primeras coberturas, se encargarán de hacerle “el milagrito” aunque la reaprehensión sucedió, sépalo Usted, porque como máximo responsable de este gobierno no logró tener preso ni seis meses a El Chapo. Al cual, ahora, irónicamente, lo vuelve a mandar a la misma prisión de la que éste escapó. Seguramente, lo fallido de su mandato le ha hecho pensar que, quizá, lo necesite nuevamente libre para “taparle el ojo al Chapo, perdón, al macho”.

Así que no fue una misión cumplida sino una responsabilidad ejercida, ya que era su obligación detener a quien se le fugó, así de fácil. Misión cumplida será el ejercer cada una de las más de 70 averiguaciones previas en contra de Joaquín Guzmán Loera y hacer que todas ellas culminen en condena. Misión cumplida será cuando se impida que cualquier criminal prófugo pueda emprender acciones jurídicas para impedir su futura extradición. Misión cumplida será cuando se confisquen los bienes del narcotráfico de tal manera que sus capos se vean imposibilitados para operar como hasta ahora lo han hecho. Misión cumplida será cuando la guerra no nos siga golpeando con su violencia que sólo ha generado muerte, desapariciones, desplazamientos, inseguridad e incertidumbre.

Misión cumplida será cuando se acabe esta absurda guerra, ya que lo demás señor Presidente son sólo mensajes de Twitter y acciones mediáticas que tan lejanas están de las acciones políticas que este país, el mismo que Usted gobierna, necesita.

@darwinfranco

Los números de 2015

Publicado: enero 5, 2016 en Uncategorized

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 7.500 veces en 2015. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 6 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

La violencia no llegó a Jalisco el 1 de mayo del 2015, ese día se desbordó. En este estado que es tierra del mariachi y el tequila, la inseguridad y la violencia han crecido a borbotones generando que hoy Jalisco sea uno de los cuatro focos rojos del país.

Sin embargo, los hechos violentos que han sucedido en Jalisco ni iniciaron ni parecen terminar con lo sucedido el 1 de mayo, día en que el Cártel Jalisco Nueva Generación colapsó al estado con el derribo de un helicóptero de la Secretaría de la Defensa Nacional y la realización de 39 narco-bloqueos en 25 municipios de Jalisco.

He aquí el link para ver el proyecto realizado con el fotoperiodista Héctor Guerrero.

https://readymag.com/452150

Vídeo  —  Publicado: enero 5, 2016 en Operación Jalisco, Reportajes, Violencia y narcotráfico, Violencia y represión

Las fosas clandestinas del estado

Publicado: noviembre 12, 2015 en Uncategorized

Darwin Franco Migues

Ante las omisiones e inacciones de las autoridades en la búsqueda de los desaparecidos en el país han sido sus familias las que en las últimas semanas los han comenzado a buscar en campo, pero qué significa buscar de esta manera: significa que padres, madres, esposas, esposos, hermanos e hijos se arman de valor para buscarlos en una de las tantas fosas clandestinas que el crimen organizado generó.

Están buscando hoy en esas fosas porque han solicitado, una y otra vez, a las autoridades que éstas las abran e investiguen; sin embargo, ni el gobierno federal ni los estatales les han hecho caso y cuando sí lo hacen no les dan acceso a las fosas –como marca la Ley General de Víctimas- ni les dan información sobre los hallazgos que ahí se generaron. Las fosas en este país se abren pero sólo para cerrarse y ocultar todo lo que hay dentro de ellas.

Este tortuoso camino para saber quiénes están dentro de las fosas de este país ha generado que familias de desaparecidos de Nuevo León, Guerrero, Tamaulipas y Morelos tengan que localizar e inhumar por sus propios medios a quienes fueron colocados ahí no sólo por el crimen organizado sino también por la propia autoridad.

Así pasó el 4 de noviembre, en Tetelcingo, Morelos, cuando la familia Rodríguez Hernández interpuso un amparo por la inacción de su ministerio público. Esto generó un macabro hallazgo porque la fosa que se descubrió luego de su acción jurídica no fue realizada por el crimen organizado sino por la propia Fiscalía General de Morelos, instancia que fuera de toda legalidad decidió crear un par de fosas clandestinas para ahí depositar 150 cuerpos empalmados con tablas. Sí, leyó bien, 150 cuerpos correspondientes a 150 personas que poseían vidas e historias. 150 personas buscadas por 150 familias.

Las fosas de Tetelcingo fueron localizadas porque la familia de Oliver Wenceslao Rodríguez Hernández, quien fue secuestrado y luego asesinado en mayo de 2013, sabía que su hijo podría estar en el terreno que la Fiscalía de Morelos ilegalmente creó. Estos 150 cuerpos sólo poseían para ser identificados una botella de plástico que alguien amarró a sus cuerpos, al interior de la botella estaba un pequeño papel con un número de expediente. Eso fue lo único que la Fiscalía de Morelos hizo para que estos cuerpos fueran identificados; sin embargo, la fosa no poseía las condiciones para que estos cuerpos medianamente se preservaran.

Los colectivos de familias de desaparecidos del país rápidamente reaccionaron y a través de un comunicado conjunto expresaron: “El hecho de que la Fiscalía de Morelos posea fosas clandestinas y que en ellas se hayan encontrado 150 cuerpos, no sólo afrenta a la familia Navarrete Hernández que, además de sufrir, a causa de la inseguridad que vive el estado de Morelos, el secuestro y el asesinato de su hijo Oliver Wenceslao, ha tenido que padecer la incapacidad, la negligencia y la ausencia de procedimientos de la Fiscalía en la atención al crimen y al cuidado del cuerpo de Oliver que se encontraba bajo su cuidado. Afrenta también y preocupa a la sociedad morelense y a todos los mexicanos de buena voluntad”.

Los colectivos además denunciaron que mientras las familias contabilizaron 150 cuerpos, las autoridades de Morelos sólo reconocieron la existencia de 105. Por ello, preguntaron al gobierno lo siguiente: “¿Por qué la familia contabilizó 150 cuerpos, mientras que ustedes hablan de 105 y ahora de 103 porque afirman que ya fueron entregados dos cuerpos a sus familiares? ¿Por qué el cuerpo de Oliver Wenceslao fue arrojado a una fosa común a pesar de estar plenamente identificado por sus familiares y custodiado por la Fiscalía?”.

Ante esto, las preguntas surgen: ¿Cuántas fosas clandestinas generadas por las procuradurías y fiscalías estatales hay en el país? ¿Cuántos cuerpos sin identificar permanecen en las instalaciones del Servicio Médico Forense y cuántos de éstos se han incinerado o enterrado sin haberles realizado pruebas de ADN? ¿Cuántos cuerpos y fosas?

Las familias de los desaparecidos no detendrán su búsqueda, el gobierno federal parece que sí lo hará porque en el proyecto de presupuesto de egresos de la Federación 2016 sólo se asignaron 28 millones  pesos para las acciones de búsqueda de todos los desaparecidos del país. Este será el dinero con el que contará la recién creada Fiscalía Especializada de Búsqueda de Personas Desaparecidas que con “bombo y platillo” presentó el 9 de octubre de 2015,  la Procuradora General de la República Arely Gómez. Esta Fiscalía tendrá una disminución de 34% respecto del presupuesto que se otorgó para estas labores en 2014.

¿Será que con esta importancia podrán resolver qué pasó en Tetelcingo, en Ayotizinapa y cada una de las 26 mil desapariciones que hay en el país?

@darwinfranco

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Darwin Franco Migues

El ejercicio es simple y complejo a la vez. Cierre sus ojos e imagine que Usted, yo, Nosotros no somos quienes esquivan la mirada cuando vemos el rostro de un desaparecido sino que nosotros somos EL DE-SA-PA-RE-CI-DO.

Imagínese que la persona que aparece en la imagen es Usted, yo, Nosotros,  y quien le busca no es alguien ajeno sino nuestra propia familia. Sí es nuestra familia y ésta nos busca a través de los medios que Usted, yo, Nosotros esquivamos, ignoramos o rechazamos cuando la foto, imagen e historia de un desaparecido llega a nuestros ojos, NUESTRA VIDAS.

Piense, tan sólo por un momento, en las infinitas y dolorosas sensaciones que habitarán en el corazón cuando su familia no sepa dónde estamos Usted, yo, Nosotros. Piense también que sentiríamos Usted, yo, Nosotros cuando tomáramos consciencia de que estamos siendo desaparecidos y de que no tendremos medios u oportunidades para decirle a nuestra familia: “Aquí estoy, estoy bien, vengan por mí, ellos me llevaron, ellos me llevaron…”.

Abra sus ojos nuevamente y piense ahora en lo que siente tanto el desaparecido como su familia cuando Usted, yo, Nosotros sin fundamentos criminalizamos al desaparecido y justificamos su desaparición usando frases como: “seguro en algo andaba”.  Piense seriamente en esto y recuerde cuántas veces Usted se expresó así sobre alguno de los 26 mil desaparecidos que hay en México o cuando dijo esto en relación a la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. Porque hay que ser sinceros, ya que Usted, yo, Nosotros, lo hicimos alguna vez.

Abra sus ojos y su mente e imagine que cambiaría si Usted, yo, Nosotros comenzáramos  a reconstruir una nueva noción sobre cada uno de los 26 mil desaparecidos. Piense en qué pasaría si en lugar de denostarlos, ignorarlos o rechazarlos nos acercáramos a ellos y a sus familias. Imagine qué significaría para ellas y ellos que la expresión “no están solos” se reconfigurara en una “estamos juntos buscando”.

Piense en que si pasara esto Usted, yo, Nosotros encontraríamos una red horizontal que tejería solidaridad en lugar segregación.  Piense en que si a Usted, yo, Nosotros nos ganara la valentía de hacer esto no volveríamos a pensar que las desapariciones no son ajenas y que los desaparecidos, todos ellos, son lejanos; al contrario, ellos serían tan profundamente nuestros. Imagine la manera en que esto generaría espejos retrovisores donde el horizonte sería Iguala, Matamoros, Yurecuaro, Torreón, Guadalajara, Tijuana así como cada ciudad, pueblo o sitio donde hoy lamentablemente tenemos un desaparecido pero también una familia que, pese al miedo, lo busca, lo extraña y lo necesita.

Piense esto con el corazón y déjese invadir por el sentimiento de encontrarse con otro que es y deber ser para Usted un “yo posible”. Piense que en Usted, yo, Nosotros está la capacidad, la humanidad y la esperanza de hacer que cada uno de los 43 normalistas y cada uno de los 26 mil desaparecidos cuente porque cada uno de ellos nos falta y nos faltará hasta que éste vuelva a casa con nosotros. Hoy por 43, mañana por 26 mil. Hoy por todos.

@darwinfranco

Por Darwin Franco Migues

Gabriel de la Peña Díaz desapareció el 20 de agosto de 2015 en la colonia El Colli Urbano en Zapopan, Jalisco. Se dejó de saber de él cuando salió de su casa rumbo a su trabajo.

Al no saber nada de Gabo, como con cariño le llaman, su familia rápidamente se movilizó para saber su paradero. Realizaron todo aquello que muchas veces el personal de la Fiscalía General de Jalisco les recomienda no hacer a quienes presentan una denuncia por desaparición. Ellos, hicieron pública la desaparición de Gabo en todos los medios posibles.

Muchos nos enteramos de que Gabriel de la Peña Díaz, de 18 años, no estaba con su familia porque sus amigos colocaron su fotografía en cuanta red social les fue posible. Supimos también que es estudiante de la Universidad UNIVA y que los motivos de su desaparición nada tenían que ver (como ahora se asegura) con algún conflicto familiar. Su madre que de manera valerosa platicó con diversos medios siempre habló con claridad sobre este tema.

Durante poco más de 10 días, la fotografía del joven risueño que usa camisa a cuadros y lentes fue parte de nosotros. La compartimos, quizá, porque se parecía más a nosotros que el resto de fotografías de desaparecidos que a borbotones circulan por Internet. La miramos, y quizá, no sentimos la extrañeza o desconfianza que podrían darnos otros desaparecidos a los que rápidamente volvemos a desaparecer a través del uso de nuestro lenguaje, ya que ellos (otros diferentes a mí, muchos que no soy yo) son automáticamente sospechosos de su propia desaparición porque “seguro andaban en malos pasos”. Pero Gabo no, él no, porque alguien como yo no es reproductor de tales estereotipos.

Sin embargo, en eso no reparaban sus familiares y amigos porque para ellos lo relevante, lo vital y lo verdaderamente necesario era encontrarlo con vida; por ello, la pregunta ¿dónde está Gabo? se convirtió en una interrogante que los movilizó a tal punto que ellos (no necesariamente la Fiscalía General de Jalisco) se volvieron los artífices de su propia investigación y lo hicieron porque fueron capaces de superar las primeras palabras de una autoridad que al acudir a la Agencia del Ministerio Público 12/C, sólo atinó a decirles que: “Gabo ya aparecería porque andaba en Mazamitla”. Para la autoridad los jóvenes son así de irresponsables, ya que éstos no desaparecen simplemente se vuelven “no localizados”.

De este tipo de violaciones tuvieron que reponerse porque aquí en Jalisco (como pasa en todo México) son las familias las que buscan y la Fiscalía es la que pregunta qué saben de su desaparecido. Así fue como la familia (no la policía cibernética) logró obtener la geolocalización del celular de Gabriel de la Peña Díaz. Así fue como supieron que él (o quizá sólo el teléfono celular) estuvo en Tonalá (Jalisco), en San José de Gracia (Michoacán) y, finalmente, en algún punto del Estado de México, lugar desde donde la noche del 30 de agosto, Gabo marcó para decir “que estaba bien y para pedir que fueran por él”. Él marcó, no fue la Fiscalía la que llamó para decir a su familia: “lo localizamos”. Él marcó.

La mañana del 31 de agosto, día internacional de las víctimas de desaparición, y momentos antes de iniciar la marcha convocada por Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (FUNDEJ), el Fiscal General, Eduardo Almaguer, escribió en su cuenta de Twitter:

Esta noticia cambió el ánimo de los amigos y familiares de Gabriel de la Peña que acudieron a manifestarse por los desaparecidos, ya que ahora no estaban ahí para exigir su aparición sino para celebrar que ya había aparecido. Algo que, sin duda, contrastó con la realidad que viven muchas de las integrantes de FUNDEJ que en casi tres meses de tener “mesas de trabajo” con la Fiscalía tienen cero avances en sus investigaciones.

Un día después (31 agosto), contrario a lo que dictamina la Ley General de Víctimas, el Fiscal General Eduardo Almaguer citó a conferencia de prensa para ventilar (violentando los derechos de  Gabriel y su familia) los pormenores de los operativos (así en plural) que realizó la Fiscalía para localizar a Gabriel de la Peña, concluyendo que se trató de una “desaparición voluntaria” (no dijo, “no localización voluntaria”), ya que Gabo simplemente huyó porque tuvo miedo de la reacción que tendrían sus padres cuando se enteraran de que había reprobado tres materias. Reprobó, tuvo miedo, quiso darse un tiempo y huyó al Estado de México. Esa fue y es la versión oficial de una Fiscalía que puso “todo de sí” para localizarlo.

En esa conferencia de prensa, Eduardo Almaguer, no habló de si el operativo que fuerzas federales realizaron ese día y los posteriores en la colonia El Colli tuvo alguna relación con lo que pasó con Gabriel, tampoco adelantó nada de las implicaciones que tendría (y ya tiene) el trasladarles toda la responsabilidad de lo ocurrido a Gabriel y su familia y, mucho menos, trasparentó los recursos (técnicos, humanos y financieros) que dice que utilizó para supuestamente dar con él. Sólo precisó que fue una “desaparición voluntaria”.

Las consecuencias de este pésimo manejo informativo (que de ser cierto tuvo que haberse quedado entre la autoridad y la familia de la Peña) es que ahora todo mundo juzga, señala, crítica y ridiculiza a quien hasta hace unos días era uno de los 2 mil 969 desaparecidos de Jalisco. Hoy Gabriel de la Peña es el hazme reír para quienes al ser incapaces de mirar y entender el fondo del problema, no bajan a Gabo de irresponsable, berrinchudo, cobarde y estúpido, ya que para ellos (los que compartieron su foto o se enteraron de su desaparición), él sólo es un meme que concentra toda la incomprensión de lo que somos cuando sin reflexionar nos dedicamos a juzgar duramente la superficie dejando, así, intacto el trasfondo de una versión oficial que busca fortalecer la hipótesis de que en Jalisco: “Los desaparecidos se van por su propio pie y no a causa de la violencia que nos golpea”.

La desaparición de Gabriel de la Peña fue para la Fiscalía General de Jalisco un bálsamo porque justo cuando FUNDEJ criticó la falta de avance en sus demandas, el Fiscal Eduardo Almaguer salió a decir que en Jalisco: “Sí localizan desaparecidos y que éstos (como supuestamente pasó con Gabo) se van por conflictos familiares”, lo cual hace que la institución que encabeza deje de atender el resto de las desapariciones.

Mientras tanto, todos nos sentimos con la estatura moral para señalar a Gabriel y su familia, pues ellos son la causa de todos los males que ahora padecen. Son ellos, principalmente Gabo, quienes merecen, incluso, un castigo porque: “¡Qué es eso de andar desapareciendo por haber reprobado tres materias! ¡Qué es eso de hacerle perder el tiempo a la Fiscalía habiendo más desaparecidos! ¡Qué eso de marcar y no esperar a que la Fiscalía sea la que te localice! ¡Qué es eso de hacerme perder mi tiempo cuando compartí tu foto en Facebook y ni siquiera estabas desaparecido! ¡Qué es eso de hacerte el desaparecido!”.

Cuando aceptamos como ciertas las verdades que se dieron a conocer tras la localización con vida de Gabriel de la Peña y hacemos con ellas un escarnio público de los involucrados, estamos contribuyendo a que problemáticas sociales se vuelvan asuntos particulares (familiares), lo cual quita toda responsabilidad a quienes deberían de trabajar para que ninguna persona siga desapareciendo en Jalisco y en todo México.

Cuando juzgamos, criticamos, señalamos, etiquetamos y compartimos “nuestra verdad”, no estamos pensando en la manera en que esto aniquila la dignidad de una persona y su familia. Cuando creemos la verdad de la Fiscalía y la replicamos estamos más cerca de parecernos a ellos y, con esto, no sólo nos alejamos de nuestros pares sino que también imposibilitamos de facto todo acceso a la verdad y la justicia.

¿De verdad por esto desapareció Gabriel de la Peña? ¿Acaso Ustedes no dudan de esta versión oficial? ¿Qué pasa, entonces, con el resto de los desaparecidos? ¿A ellos, cómo los están buscando en la Fiscalía? ¿Qué ocurre con nosotros que, en lugar de celebrar que Gabriel esté de vuelta, estamos acabando con su dignidad? ¿Por qué no estamos adoptando a un nuevo desaparecido pero sí quejándonos de haber buscado a quien no lo merecía?  ¿Por qué aceptamos de pronto una versión tan llena de opacidades? ¿Por qué?

Gabriel de la Peña Díaz desapareció el 20 de agosto de 2015 y fue encontrado con vida 10 días después. Hoy todos debemos celebramos su aparición (independientemente de las causas que provocaron su ausencia) pero, a la par, debemos exigir que se nos diga toda la verdad porque la Fiscalía General de Jalisco al reducir un tema tan delicado a conflictos familiares no sólo evade su responsabilidad sino que también nos vuelve culpables de nuestras futuras y posibles desapariciones.

Ayer las justificaciones para desaparecer eran “los malos pasos, el irse con el novio o el andar de fiesta”, hoy lo es “el reprobar tres materias”. ¿Mañana qué será?

@darwinfranco

Por Darwin Franco Migues

Moisés Sánchez (Veracruz), Jazmín Martínez (Nayarit), Abel Martínez (Oaxaca), Armando Saldaña (Oaxaca), Adolfo Lucero (Baja California Sur), Ismael Díaz (Tabasco), Juan Mendoza (Veracruz), Jorge Cháirez (Chihuahua), Gerardo Nieto (Guanajuato), Rubén Espinosa (Veracruz) y Juan Heriberto Santos (Veracruz), todos ellos periodistas y todos ellos asesinados en este año 2015.

Las investigaciones sobre su muerte “sospechosamente” han acabado en lo mismo: en nada, ya que –al parecer- nada tuvo que ver en su muerte el trabajo que hacían como periodistas. La autoridad dice que “simplemente les tocó estar en el lugar y en el momento equivocado” o, en el peor de los casos, son ellos mismos los principales responsables de su muerte porque seguro (una seguridad que se da sin pruebas): “andaban en malos pasos o con malas compañías”. Criminalizar antes que investigar y suponer antes que comprobar.

Así ha operado la impunidad y la injusticia en torno al asesinato de periodistas en México, y así puede leerse y constatarse en el proyecto “Tú y yo coincidimos en la noche terrible” que desde Nuestra Aparente Rendición (www.nuestraaparenterendicion.com) hacemos desde el año 2012. En este proyecto una comunidad solidaria de periodistas, académicos, estudiantes y activistas han investigado y escrito las hojas de vida de los periodistas que han muerto o desaparecido en México desde junio del año 2000 a la fecha.

En dichas hojas de vida hemos decidido incorporar tres elementos centrales: 2) Vida e identidad de quienes nos fueron arrebatados por la violencia, 2) Circunstancias de su muerte o desaparición y cómo esto se relacionaba al tipo de trabajo o investigación periodística realizaban, y 3) estado que guardan las investigaciones judiciales sobre sus casos. Al momento tenemos 166 hojas de vida de 172 compañeros que han muerto o desaparecidos en este México impune donde se cree que “se mata la verdad asesinando o desapareciendo a los periodistas”.

En la lectura de cada una de estas hojas de vida puede verse que en este país no existe autoridad alguna que le interese resolver la muerte de los periodistas porque de manera casi automática sus muertes se vinculan a crímenes pasionales, a situaciones circunstanciales o a vínculos con el crimen organizado.

Estas tres hipótesis que sostienen las autoridades de diversos estados del país sirven como base para entrampar y no investigar los verdaderos móviles de la muerte/desaparición de quienes ejercían una profesión de alto riesgo. Para ellos, sin embargo, esto no tiene relación alguna porque nunca “existen elementos o pruebas” que vinculen su muerte/desaparición con la labor que ejercían como periodistas, aunque en la mayoría de los casos nuestros colegas hayan denunciado públicamente acosos o amenazas de parte de autoridades a las que les incomodaba mucho su trabajo. Así lo hizo Rubén Espinosa, por ejemplo.

En México, el 25 de junio de 2012 se promulgó la Ley de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, la cual se supone daría “garantías, protección y seguridad a quienes denunciaran amenazas, hostigamiento o acoso producto del ejercicio de su labor o de su defensa de los derechos humanos”; sin embargo, ni esta legislación ni su Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas han garantizado una real protección para los periodistas y activistas.

Tampoco ha sido garante de esto, la Fiscalía Especializada en la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle). Esta Fiscalía fue creada en el año 2010 por la Procuraduría General de Justicia y desde ese año ha iniciado 718 averiguaciones previas por abuso de autoridad, amenazas, daño en propiedad ajena, homicidio, privación ilegal de la libertad y robo. Ninguna de estas investigaciones, a la fecha, ha derivado en la detención y consignación de los autores intelectuales y/o materiales involucrados en la muerte/desaparición de un periodista.

En conclusión, ninguno de los mecanismos jurídicos y/o periciales que existen en el país para la protección de periodistas han sido determinantes o, al menos, útiles para que cada una de sus muertes encuentren justicia o para que se realice una adecuada búsqueda de los colegas que actualmente siguen desaparecidos. La ley y las instituciones que la hacen prevalecer están ahí pero son grandes e inútiles elefantes blancos.

¿Quién nos protege como periodistas? ¿El Estado, las empresas mediáticas, la sociedad o nosotros mismos con nuestros propios recursos y conocimientos? ¿Quién debiera protegernos: el Estado, las empresas mediáticas, la sociedad o nosotros mismos?

La teoría diría que todas estas instancias; sin embargo, en la práctica sabemos que al Estado no le interesa solucionarlo, a las empresas mediáticas el tema les incomoda demasiado, a la sociedad le duele pero no termina por arropar la muerte de los periodistas y a nosotros (como integrantes del gremio) esto nos pega de manera contundente pero no hemos sido capaces de cohesionarnos y actuar en consecuencia pues en nuestro interior hay para quienes las muertes de sus colegas son sólo notas breves.

Debemos romper esta inercia, urge, aunque ahora no sepamos muy bien cómo hacerlo.

@darwinfranco